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Central de raza, ha visto frustrado su sueño de triunfar en Nervión

Desde el primer día en que, con once años, Juan Torres Ruiz (Lebrija, 1989) se sintió futbolista del Sevilla CF, siempre tuvo claro cuál iba a ser su sueño y su meta: ser el capitán del que ya era el equipo de su vida. No dejó de intentarlo en ningún momento, pero hay fantasías que a veces es mejor no cumplir. Cala miró por su futuro.

Sobrino de “El Lebrijano”, este zaguero alberga en su corazón un hueco para el Antoniano, su club de origen. Aún recuerda con añoranza las primeras veces en que debió recorrer la carretera de Utrera para entrenar con su Sevilla. De delantero goleador, Cala –heredado de su padre, así conocido en el fútbol al tratarse de su segundo apellido- pasó a mediapunta de la mano de Antonio Pérez Leiva en categoría infantil. Finalmente, sería Mariano Pulido, recientemente fallecido, quien le iba a descubrir la posición que terminaría siendo la suya. Un pasado que explica su facilidad goleadora e instinto en el área rival. Con 18 años, Fermín Galeote lo convertía en jugador del Sevilla Atlético de Segunda B. Acostumbrado desde pequeño a jugar con los mayores, su debut con el primer equipo se antojaba próximo.

En enero de 2008, Cala recibía la llamada de la selección española sub-19. Dos años más tarde, sería llamado también con la sub-21. El defensor convertía en oro todo lo que tocaba, proclamándose campeón de la Copa del Rey juvenil de 2008. Sin embargo, en octubre todo acababa frustrándose: en un lance de partido ante el Hércules, Cala sufría la temida “triada”. Rotura del menisco interno, esguince del ligamento colateral interno y rotura proximal del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. El lebrijano acaba de destrozarse la rodilla.

Pero ni por esas iba a cejar en su empeño. Diez meses más tarde, Juan Cala volvía al fútbol con más fuerza que nunca. Manolo Jiménez, técnico del primer equipo, no lo pasó desapercibido. El 9 de diciembre de 2009 debutaba como titular en Champions ante el Glasgow Rangers. Destituido Jiménez, Antonio Álvarez siguió apostando por él en el tramo final de la temporada como lateral izquierdo, respondiendo con creces. Incluso haciendo historia: Cala puede presumir de ser el primer defensa en la historia sevillista en marcar en tres partidos consecutivos.

A pesar de ser parte importante en el equipo que terminaría conquistando la Copa del Rey ante el Atlético de Madrid en el Camp Nou, Juan Cala terminaría saliendo cedido –no sin lágrimas- al Cartagena de Segunda División. Una salida extraña, efectuada el último día de un mercado de verano en el que el propio FC Barcelona sondeó su situación contractual. Los fichajes de Cáceres y Alexis le cerraron las puertas, deslizándose el rumor de su negativa a regresar al Sevilla Atlético, algo que desmintió tanto el propio futbolista como el técnico Ramón Tejada.

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Cala se hizo una promesa: “Tenía que volver al Sevilla y demostrar que se habían equivocado”. Tras 25 partidos a las órdenes de Juan Ignacio Martínez, Cala volvía al Sevilla, con Marcelino como técnico, con la intención de ganarse un puesto. El asturiano no contó con él y, además, volvió a recibir la llamada de Manolo Jiménez. Entrenador del AEK de Atenas desde octubre de 2010, el exjugador sevillista insistió en su fichaje a pesar del poco convencimiento de la directiva helena. Junto a él llegaba José Carlos. Tras aparecer en ocho ocasiones en el once de la jornada, el Sevilla decidía repescarlo en enero a cambio de 60.000 euros.

Nada más incorporarse, Míchel reemplazaba a Marcelino en la dirección del equipo. Su regreso era en vano pues apenas tiene minutos. A Míchel le seguiría Unai Emery, el pacificador en el volcán que fue el Sánchez Pizjuán en aquellos años. El principio de su relación no fue bueno. Le perjudicaron unas palabras pronunciadas en abril de 2013: “Me gustaría ver a Cala tres partidos seguidos en su posición natural”.

Las cosas no pintaban mejor de cara a la 2013/14 pero las lesiones de Fazio y Carriço le abrieron un hueco que aprovechó con buenas actuaciones. El lebrijano rozaba la felicidad y en el mes de octubre le pedía la mano a su mujer en Jerez de la Frontera durante un concierto del grupo “Siempre Así”. De la mano de Emery obtenía por fin la titularidad y un papel protagonista.

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A pesar de su buen momento, Cala tenía un frente abierto: su contrato expiraba el 30 de junio de 2014. El jugador rechazó la oferta de renovación del Sevilla, inmerso en el que sin duda era su mejor momento como futbolista en el club de sus amores, y comenzó a buscarse la vida. Entre rumores de Turquía y Alemania, Cala firmaba en enero un precontrato con el Getafe, según adelantó Diario de Sevilla.

Entonces surgió la oferta del Cardiff. La tentativa galesa fue “irrechazable deportiva y económicamente”. 1.2 millones de euros de los que el Getafe también sacaba una tajada. En diez partidos –con dos goles- no lograba evitar un descenso a Championship que acababa con Ole Gunnar Solskjær. Su relevo, Russell Slade, apenas le permitió jugar un encuentro. Un rechazo que también abarcó a Javi Guerra, ahora en Málaga. Forzado a entrenar con los juveniles de la Academia, Cala expresaba en Twitter su frustración, acelerando su marcha.

Tras un tiempo entrenando con el Cádiz, todo parecía destinado a su fichaje por el Getafe, llegando incluso a ponerse bajo las órdenes de Quique Sánchez Flores. No obstante, las restricciones impuestas por la LFP al club azulón imposibilitó el fichaje. Ahí apareció el Granada, con el que ha firmado hasta final de temporada. Tiene 19 partidos para demostrar en Los Cármenes todo aquello que en el Pizjuán no le permitieron exhibir.