LaOpinión Fran

Malos tiempos en Granada. No me refiero al frío que se ha apoderado, de la noche a la mañana, de esta ciudad. El tiempo, el aquí y ahora que nos atañe y preocupa nos lleva a hablar de cierto club rojiblanco que no pasa por su mejor época. El epicentro, Los Cármenes. La solución, la condena; el fútbol. Admito que no es sencillo contemplar cómo, a pesar de los brotes verdes que aparecieron furtivos en Barcelona, el Granada CF no consigue despegar. No suma de tres en tres. Sin acierto cuando en él va la vida. Admito que no es fácil ser del Granada ahora. Pero se es desde que torna en algo más que una institución deportiva y se anda de la mano un camino que, hace no mucho, cruzaba la Tercera División. No se puede elegir. Ineludible como el frío en la cara esta mañana. Y si es complicado creer en el futuro más próximo del club, más difícil ha de ser jugar cada domingo con la soga al cuello. Menos esquivas son las circunstancias para el guardameta del actual Granada.

Francisco Guillermo Ochoa Magaña había perdido la batalla con parte de la afición. Alguna de sus acciones en este inicio de temporada son las propias de un portero sin autoestima, sin la confianza de su afición. Hablo de aquello que ocurre cuando comienza el partido, desde el primer pitido del árbitro hasta el último. La afición, dolida por la actual situación deportiva, se mostró significativamente crítica con un portero que no ha exhibido su mejor nivel. Ese que dejó ver en su país, enrolado en las filas del América o en la Copa Mundial de Brasil 2014. Ochoa es un gran portero. Posiblemente, por bagaje y trayectoria, uno de los más carismáticos y preparados que haya pisado el césped de Los Cármenes. Pero carga con una losa demasiado pesada. Para él y para cualquier arquero del mundo.

Los fallos están ahí. Los ha cometido, negarlo sería estúpido por mi parte. Pero, ¿acaso se mide igual un acierto del mexicano que una “cantada”? ¿No se mira con lupa cada error que ha cometido, mientras que sus intervenciones -alguna magnífica- han pasado desapercibidas por lo desolador de la actuación conjunta del plantel?

En mi opinión, no se es justo con Ochoa. No se ha sido, y elogiarlo por las dos paradas postreras ante el Dépor no va a tapar los meses de runrún que el mexicano ha aguantado con profesionalidad. En el inicio de campaña, muchos se han ensañado con él por sus errores ante el Éibar o Las Palmas. Lo que yo no alcanzo a saber es si esos errores fueron definitivos y se le puede achacar al mexicano el total de esas derrotas. Bajo mi punto de vista, no. Ochoa es un portero internacional con México, uno de los guardametas más destacados del último Campeonato del Mundo, idolatrado por muchos en su país de origen. Quizá la sombra de Roberto, último gran inquilino de la portería local del Granada CF, sea demasiado alargada.

Dudar de un portero con un currículo como el del mexicano es, perdonen el agravio, de memo. Se puede reprochar alguna acción aislada o reconocer un mal partido en cualquiera de los jugadores. Están expuestos a la crítica del aficionado al balompié y, lógicamente, a la del hincha del club en cuestión. Pero dudar… dudar está de más. No es sano para el jugador, ni para el propio aficionado. Flaco favor se hace al señalar a un jugador tras una dolorosa derrota, más aún si ese tropiezo desemboca en una final temprana. Ese runrún, esa espera del fallo como un automatismo, ese “estar a la que salta” es más peligroso para el portero que el mano a mano con el delantero rival. La portería es un lugar difícil de habitar. La responsabilidad de ser el último, el vértigo a la espalda, la red casi como capa,… Dudar es el primer gol del contrario. Y lo peor. Dudar de Ochoa es de “Memo”, porque en los últimos encuentros es el propio portero el que cree jugar al filo de la navaja. El mismo que duda de sus acciones, de si con su intervención irá al traste el plan del equipo. Prueba de ello es la diferencia abismal entre el Ochoa que disputó el Trofero Ciudad de Granada (ante el Sevilla) y el que se pone los guantes ahora. La sempiterna duda acerca de cada acción que realiza lo ha llevado a optar por no complicarse. No atajar balones fáciles, rifar balones ante la tímida presión con la mirada de un ariete rival, o despejes de puños que regalan al rival segundas y terceras oportunidades. El murmullo, la duda y la desconfianza -ojo, no por parte de todos los aficionados- no hacen bien alguno a “Memo” Ochoa, uno de los mejores porteros que podía defender la meta del Granada CF. Y, quizá ese sea uno de los primeros y únicos goles que pueda meter la afición. Apoyar, alentar y sostener a un equipo que no está en su mejor momento. Corren malos tiempos en Los Cármenes, y nos toca arropar.

Fotografía: Granada Cf Web || Antonio Ropero