El Granada cierra otro partido sin mostrar juego ni voluntad de luchar por tres puntos que quizás ya sólo sirvan para maquillar un casillero tan pobre como el fútbol desplegado sobre el césped

Una vez más, jugarse el devenir de todo el club no es suficiente para motivar al equipo. Ni siquiera la aparición de Tony Adams en el banquillo lavó la cara a unos jugadores que volvieron a mostrar su peor cara y desesperaron a la grada, unos jugadores que volvieron a caer en el hábito de perder.

Variar el esquema no sirvió, dar oportunidades a futbolistas secundarios hasta ahora como Krhin o Ponce tampoco. El Granada, pese a la promesa de Adams de buscar un juego ofensivo, se vio relegado al papel de defender y buscar un contraataque con juego directo, un estilo más propio de Segunda que de Primera División, el preludio perfecto.

Apenas consiguió aguantar 22 minutos el conjunto local antes de volver a mostrar su fragilidad a la hora de sacar el balón de zonas comprometidas. El esférico terminó por llegar a Jozabed, pretendido por Piru este verano, que sólo tuvo que internarse en el área y picar el balón sobre la salida de Ochoa.

Desde entonces, el Celta no quiso proponer más juego y el Granada se sumó a la proposición de matar el partido, pero con la diferencia añadida de que, además de no querer, tampoco pudo en ningún momento. Los Cármenes no recordará el partido como el más brillante que haya contemplado su parroquia.

El descanso llegó y se fue con la misma intensidad que el partido, y la reanudación no supuso ningún cambio para un Granada que parece estar ya en pretemporada de cara a la campaña que viene, casi a ciencia cierta en Segunda División. Nuevamente, los de Adams se dejaron dominar por un equipo cuyos suplentes ni siquiera se esforzaron en proponer juego.

Llegados a los últimos veinte minutos del castigo, el Granada pareció darse cuenta de que esperando a que el Celta le diese la puntilla no lograría sumar puntos, y vieron por fin de qué color vestía Sergio, guardameta del conjunto celeste. Sin embargo, algún tipo de ley no escrita parece indicar que este año, en los mejores momentos de los rojiblancos, su sino siempre es encajar un gol, y así fue. Tras una posible mano no señalada en el área del Celta, los locales hicieron una falta en la frontal que supo poner en la escuadra Marcelo Díaz, ajusticiando definitivamente al conjunto nazarí

Ni tiempo de respirar dio el equipo visitante, que marcó el tercero a los tres minutos. Beauve sólo tuvo que empujar al fondo de las mallas un disparo de Bongonda que se topó con el poste, anotando el tercero y cerrando un partido para olvidar, por resultado y por juego. Un 0-3 justo, pues es el resultado que estipula el reglamento como sanción por incomparecencia, aunque al menos eso no habría dañado tanto la imagen del club como ver al equipo dejar ir el partido y posiblemente la categoría.

La patada en el culo finalmente la dio el Celta, una patada que podría mandar al club a Segunda. Ni Adams, ni la necesidad de ganar, ni la promesa de fútbol ofensivo sirvieron para hacer reaccionar a un Granada que no mostró orgullo ni dolor, un Granada que ni siente ni padece, que está más vivo que muerto y no lucha por levantarse.

Ficha técnica:

Granada: Ochoa; Vezo, Saunier, Ingason, Gastón Silva; Krhin (Boga 73′), Uche, Wakaso, Pereira (Héctor 73′); Kravets (Carcela 45′) y Ponce.

Celta: Sergio; Lemos, Sergi Gómez, Roncaglia, Planas; Marcelo Díaz, Pape Diop, Hjulsager (Radoja 68′); Jozabed (Señe 79′), Bongonda y Beauve (Sisto 83′).

Goles: 0-1 Jozabed (22′); 0-2 Marcelo Díaz (72′); 0-3 Beauve (75′)

Árbitro: José María Sánchez Martín. Amonestó a Ingason (36′), Wakaso (37′), Kravets (40′), Gastón Silva (80′) y Ponce (87′) en el Granada y Lemos (57′) por parte del Celta de Vigo

Incidencias: partido correspondiente a la 32ª jornada de Liga, que enfrentó al Granada y al Celta de Vigo ante 13.442 aficionados.

Foto: Helena Callejón