El Granada parece abocado a lo peor que podía pasar deportivamente hablando. Es un equipo con pie y medio en Segunda División, tras varios años jugando sobre el alambre. La planificación y el no haber encontrado un rumbo fijo durante el transcurrir de la temporada parecen los principales culpables de esta magna derrota. La plantilla no funcionó con el fugaz Jémez, no remontó demasiado a los mandos de Lucas Alcaraz y no lo hará con Tony Adams en el banquillo. No lo va a hacer por falta de tiempo, con la consiguiente falta de oportunidades, pero sobretodo no mejorará por la angustiante falta de talento en el vestidor rojiblanco. Son muchos los esquemas, las variantes probadas sobre el verde, los cambios de posición de diversos jugadores,… pero el aire fresco nunca llegó.

¿Se puede seguir creyendo en el proyecto asiático? Sí, se puede creer, pero hay que volcar la vista hacia LaLiga 1|2|3, el nuevo punto de partida. ¿Ha sido un despropósito el primer año de Lizhang y compaña en Granada? Absolutamente. No hay miedo al ser rotundo. La llegada de jugadores como Bueno, Carcela, Ochoa, Samper o Pereira despertaron altas expectativas en sólo el primer año de este nuevo Granada post Pina. A pesar de la imposibilidad de aumentar de forma instantánea el capital económico y el límite salarial, el Granada CF tenía la misión de conservar la categoría para poder gastar una suma indecente, a priori, de dinero en el siguiente mercado veraniego. Algo así como le ha pasado al RCD Espanyol, que no cuajó una buena temporada en el desembarco asiático, pero ahora lucha por alcanzar las competiciones europeas con una plantilla plagada de nombres y, sobre todo, talento a raudales.

El Granada puede llegar a  ese punto donde se encuentra el conjunto perico, pero a buen seguro no será la siguiente campaña. La falta de aptitud –cuando no de actitud- de gran parte de la plantilla ha provocado que el Granada CF se haya ido desangrando poco a poco, cerca de la salvación, pero siempre en la UVI.

Personalmente, encuentro varios puntos positivos del más que probable descenso a la segunda categoría del fútbol nacional. Lo primero, supondrá un reseteo más que obligatorio para una entidad sin identidad alguna. Lo segundo, la plantilla debe ser y será muy revisada, más propia de un equipo grande de Segunda División. Y es que ya los hay que dudan de si este Granada, hoy por hoy, podría luchar por alcanzar los Playoffs de ascenso a Primera. Hay más esperanza en una reconstrucción bien meditada que en una salvación agónica que ya ni se vislumbra posible. Además, el gran cartel del club en Segunda y la cantidad de jugadores españoles de peso en esa categoría posibilitaría una nacionalización real del equipo. Ya ni siquiera hablo de “granadización”, como se prometió en el desembarco de Lizhang y Vieta.

Y es que, es ahí de donde nace el mayor pecado de este proyecto. La sensación de engaño es palpable. Lo es en la afición, lo es en la propia Liga y lo es en los medios. El Granada CF de la 2016-17 prometía ser el más granadino en la época reciente, se iba a contar con la cantera –cosa que se puede dar por hecha, más como recurso de urgencia y toque de atención a los titulares que como premio a los jóvenes-, se iba a intentar fichar a gente de la tierra y se comerían perdices al final de año –Aunque no dijeron qué año-.

Pues bien, nada de eso ha ocurrido. No se consiguió firmar a jugadores como Álex Gálvez, pero además se dejó marchar a jugadores de gran calado en la afición rojiblanca. Se añora a Fran Rico, a Rubén Rochina, a Babin, incluso a un Ricardo Costa que cuajó un final de temporada sensacional y estaba comprometido con la causa nazarí. Es cierto que se dio oportunidad a Estupiñán, Aly Mallé, Hongla,… pero se dejó marchar a un jugador prometedor del club, como lo es Machís. Se pretendía, desde China, hacer al Granada más de Granada. Y eso pareció retomarse cuando Lucas Alcaraz, sin muchas garantías y sin las herramientas necesarias, acudió a la llamada del equipo de sus amores. Con el descenso ya casi consumado, se destituye a la única persona que siente los colores, que liga su vida al club, que reconocería el escudo solo por el tacto. Su labor en el banquillo no fue la mejor, apostando por un juego defensivo cuando más falta hacia atacar y demostrando una falta alarmante de recursos tácticos. Pero, era lo poco de Granada que quedaba en la entidad. Seguramente, el interés en firmar con la selección de Argelia provocó la toma de decisiones de unos y otros.

¿El resultado de toda esta historia? El Granada consiguó ayer un récord que suena a chiste. Un inglés sin demasiada experiencia en los banquillos, alineó un once sin un solo español, en un equipo granadino que es de propiedad asiática. La derrota en casa, contundente ante un Celta que jugó con un equipo de reservas, certifica una de las noticias más dolorosas y esperanzadoras del año, el Granada tiene pie y medio en Segunda. No sólo el equipo, sino también la entidad parecía haber perdido el norte, el rumbo correcto y, definitivamente, se había alejado del sur hacia el que iba a navegar la barca de Lizhang. Eso ha sido lo peor, perder totalmente la identidad y no merecerse soñar con la permanencia. La Segunda es, sin lugar a dudas, la terapia que necesita el Granada. Una catarsis de la que renacer y volver a ese punto de partida. Como brújula, una fecha… 18-6-2011.

Volver a disfrutar. Volver a soñarlo. Volver a hacerlo posible.

Foto: Antonio Ropero