No es un circo, aunque pueda parecerlo. La dirección deportiva es un puesto de importancia tan mediático como la presidencia, tan responsable de los triunfos y los tropiezos como el entrenador y, cada vez más de un tiempo acá, tan señalado como los propios jugadores. Antes del primer partido de competición oficial, antes incluso del trofeo veraniego de turno, antes incluso del primer rondo de pretemporada. Un equipo comienza ganando si acierta con esa parcela. Si confía la dirección deportiva y la planificación de la plantilla en un director deportivo que conozca de primera mano lo que trabaja. Y más aún si el entrenador y el arquitecto de la plantilla disfrutan de esa complicidad que hay que saber fundar. Y, claro, sobre cenizas, siempre es menos gratificante levantar un nuevo coloso. Pero también más sencillo, pues no hay que salvar ningún sobrante de la anterior construcción.

Salvador. En el nombre ya venía avisándolo y, aunque no será hasta bien entrado el año 2018 cuando podamos juzgarlo en consecuencia, sus actos están dando aún más brillo a su apellido. Desde que la nueva mente pensante del Nuevo Los Cármenes aterrizara en Granada, se ha metido a la afición en el bolsillo. Ha hecho fácil lo fácil, pero llevamos tanto tiempo desencantados en la ciudad de la Alhambra que cualquier operación, por lógica y factible que parezca desde primer momento, se celebra entre los rojiblancos como un nuevo tanto. Los retos difíciles siempre exigen precisión y predisposición. Certero, realista, despierto, trabajador y conocedor del reto, así se ha destapado Manuel Salvador. No ha hecho nada del otro mundo y ya ha mejorado con creces todo lo visto aquí en los últimos doce meses. Y es que, la dirección deportiva no es un circo. Puede parecerlo si echas la vista atrás y ves al presentador de turno pidiendo paciencia, mientras un tambor redobla y un equilibrista hace piruetas un día último de agosto. El truco, a diferencia del número circense, no siempre acaba en aplausos y la red de seguridad no alcanza más allá del puesto 17.

Salvador no debía solamente hacer un equipo y, aunque hasta el momento no va desencaminado, le queda mucho por hacer aún. Más bien, tenía un reto mucho menos asumible que acometer. No era otro que dotar de credibilidad y profesionalidad a un gremio que su predecesor tiró por tierra. Sin abrirse aún el mercado de fichajes, sin grandes alardes ni declaraciones grandilocuentes, mostrándose natural ante algo tan decisivo como la realización de un equipo tras un descenso,… Salvador ha conseguido que la afición crea de nuevo en su director deportivo. No sabemos si Salvador ha escuchado las plegarias de los granadinistas o si es que la solución era tan evidente que apenas le hizo falta sentarse en su despacho para saber qué debía hacer. Sea como fuere, hoy se hacía oficial el quinto fichaje de esta nueva etapa. Cinco andaluces, cinco jugadores comprometidos -más allá de la buena oferta deportiva y económica que ofrece la entidad en la categoría de plata-, cinco jugadores libres que tenían ante sí la opción de renovar y/o fichar por algún que otro equipo de Primera o un cabeza de Segunda.

Ni un mes y Salvador demostró que la suerte influye mucho menos de lo que el pasado año quisieron contarnos. Demostró que no hay que dejar para mañana, 31 de agosto, lo que puedas ir haciendo hoy. Demostró que no es un circo. Que sobran focos sobre uno y a otros muchos les falta concentración y estudio constante del mercado, igual que un domador debe conocer a los leones. El aplauso puede nacer de lo más sencillo si se hace bien. No hay necesidad de intentar imposibles y quedarse a medio camino. La dirección deportiva, bien podría ser un circo, pero no lo es. No hay necesidad de Piruetas.