El Granada cae derrotado por 2 a 0 en el Estadio de los Juegos Mediterráneos y prácticamente olvida la actual temporada bajo la incertidumbre del futuro del club. Los granadinistas no reaccionaron en ningún momento y fueron fulminados por los mismos errores de todo el curso. El Almería de Fran Fernández, invicto, camina hacía la salvación junto a los goles de Juan Muñoz

El electrónico del estadio almeriense traducía el resumen más ortodoxo de la ‘era Jiang’ en el Granada Club de Fútbol: dos a cero, dos temporadas desechadas antes de tiempo con cero aciertos. El Granada vivió durante la tarde del domingo, uno de los días más tristes de la entidad en la última década, con el fiel testigo de su afición desplazada a la capital almeriense, cercana pero muy lejana para demasiados aficionados que quisieron creer en el enésimo intento de fe del proyecto granadino. Un aplauso por los 200 desplazados, que llegaron de madrugada a sus casas con el inquietante recuerdo tenebroso de la Segunda División B, un infierno que no empieza a ser descartable si el proyecto sigue desamparado.

En esta crónica será bastante complicado hablar de fútbol porque nunca lo hubo, pese al intento del árbitro de prolongar el encuentro hasta el minuto 96, aunque el Almería, sin exhibirse mucho, siempre demostró tener un punto más que el rival granadinista, acostumbrado a colocarse sobre el césped durante el primer cuarto de hora buscando una ligera reacción que acaba esfumándose con los minutos hasta el gol del rival. La película de siempre que siempre aflora los mismos sentimientos de rabia e impotencia.

El Granada intentó disputar la posesión del balón y controló ciertas fases del partido aunque nunca tuvo profundidad y apenas inquietó la portería de René, impropio de un plantel que exprimía sus opciones de promoción. Los rojiblancos han pasado de tener un agujero defensivo a involucionar ofensivamente, las semanas pasan mientras el túnel hacia el gol se hace más largo y la luz de la portería más distante. Sus principales activos ya no generan miedo en las defensas rivales y el principal ejemplo es el estado de forma de Darwin, cada día es menos Machís desde el cabezazo de Oviedo, hasta ser el principal protagonista de un defectuoso intento de recuperación que acabó convirtiéndose en un error garrafal; previo a la asistencia del primer gol de Juan Muñoz, rematando a placer, cuando la primera mitad llegaba a su final prácticamente sin pena ni gloria. Lo más destacado de los primeros cuarenta y cinco minutos fue la omnipresencia del capitán Raúl Baena y las ganas de demostrar de Estupiñán y Sulayman frente al equipo que les otorgó la oportunidad de debutar en la élite del fútbol europeo.

El descanso resucitó los viejos fantasmas de cada fin de semana y los aficionados granadinistas se echaban las manos a la cabeza reflexionando sobre la nula llegada del equipo granadino. La segunda mitad provocó el repliegue del conjunto de Fran Fernández, que concedió metros a la escuadra granadinista, colapsada por la situación y sin alternativas, más allá de lanzamientos en largo a las bandas que terminaban en balones perdidos.

Los rojiblancos tenían el esférico pero estaban fuera del contexto del encuentro y los locales intentaban desquitarse los nervios para buscar el tanto de la tranquilidad. Los ingresos en el terreno de juego de Montoro, Agra y Joselu no cambiaron la dinámica del choque y la ansiedad por conseguir el empate ahogaba a los jugadores con camisetas negras, que no conocían aún los guantes del guardameta almeriense. El futbolista más relevante fue Chico Flores y ya es decir.

Los almerienses se crecieron con el paso del cronómetro y la conocida expresión “tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe” fue lo que le ocurrió a los granadinistas hasta recibir el segundo tanto de Juan Muñoz tras una magnífica internada de Mesa en los minutos de descuento para certificar un triunfo cargado de alivio. Antes no ocurrió nada relevante, lo que describe perfectamente el estado de ánimo de la plantilla del Granada Club de Fútbol en un momento de extrema urgencia. La principal ocasión de gol fue de Montoro, que dispuso del único remate con peligro directo al arco de René, llegó con 95 minutos de tardanza en el reloj. Un dato demoledor.

El pitido final demostró, una vez más, la ejemplaridad de la hinchada nazarí que comenzó a gritar cánticos en favor del Almería, generando una de las escenas más preciosas del fútbol español. Los granadinistas reconocían el mérito de la victoria de su rival pese a la indignación que reflejaban sus rostros. Lo fácil es hacerlo cuando vences en territorio comanche. El verdadero patrimonio del Granada Club de Fútbol es su afición porque tanto la plantilla como la directiva hace tiempo que solicitaron las vacaciones de verano. 735 días sin ninguna alegría y el grave problema es que si nada cambia pueden pasar mil y una noches bajo una eterna pesadilla.

¿Qué será del proyecto el próximo 13 de mayo de 2019?

Foto: La Liga

 

 

 

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