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Ésta es ya su segunda temporada y al francés no se le termina de ver satisfecho

En medio del mayor de los silencios. Así fue la llegada de Yacine Brahimi al Granada CF, cedido por el Stade Rennais. Quizás esa ausencia de ruido y voces,  de expectativas y conocimiento, fueron las claves de que la segunda parte frente al Deportivo de la Coruña en Los Cármenes que supuso el debut del jugador con el Granada en Primera División fuera tan sonada. Esos poco más de 45 minutos fueron suficientes para que la afición le pusiera el cartel de jugador de mayor calidad técnica del equipo. Precipitado pero acertado. Probablemente, el mayor prodigio técnico individual que el estadio haya disfrutado nunca.

Sin embargo, el francés es el puro reflejo de la impotencia. Su salida de Francia estuvo manchada de problemas con su club y ya en Granada ha dado muestra de que es un jugador con carácter y algo de egoísmo. Por otro lado también hay que mencionar que él es la persona más exigente consigo mismo. Es sobradamente consciente de sus virtudes y de lo que puede hacer. Pero aún no ha encontrado la manera de hacer productivo su innegable talento. Sus reproches suelen conducir a su propia persona, y en más de un entrenamiento se ha gritado a sí mismo por no estar a la altura de sus expectativas en algún control o regate. “Pourquoi?!”, exclama.

Anarquía táctica

De mediapunta, de mediocentro y por las dos bandas. En esas cuatro posiciones ha llegado a jugar Yacine Brahimi con la camiseta del Granada CF. Y en ninguna se ha sentido cómodo. Su abuso de la conducción y los riesgos que asume con la pelota lo sacaron de la mediapunta de Anquela y el mediocentro en el que Alcaraz llegó a probarlo la pasada temporada. La banda derecha está siendo su lugar esta temporada, ya que fue donde dio su mejor rendimiento el último curso bajo las directrices de Lucas Alcaraz, quién tardó un mes en darle confianza. Pero tampoco es la banda derecha el lugar que más gusta a Yacine.

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Su sinceridad es demasiado grande como para mentir a los medios de comunicación que preguntan por su comodidad. Aún no ha encontrado su posición ideal en el Granada CF, y ya ha pasado más de un año. Una circunstancia que es problema del entrenador pero sobre todo suya. Su entendimiento del fútbol no se ajusta al preciso para aprovechar su habilidad.

El camino equivocado

Querer y poder, pero no saber. El sino de Yacine Brahimi. Una sola asistencia es el bagaje efectivo del jugador en 25 partidos con la camiseta granadinista. Un jugador de ataque que no promedio ni goles ni asistencias tiene un problema. Y el problema de Brahimi está muy claro: no sabe elegir el camino correcto. Es un genio que ama lo difícil y repudia lo fácil. Brahimi huye de las situaciones simples –y más directas a la portería rival- para fluir por las piernas rivales entre quiebros, bicicletas y caídas por faltas recibidas.

Sus mejores jugadas son dignas de los mejores jugadores del mundo, pero sabiendo de lo que es capaz, Brahimi debería preguntarse qué hace mal. Es joven y tiene tiempo. Pero el amante del fútbol –no sólo el granadinismo- está más que impaciente porque Yacine encuentre por sí mismo las respuestas.