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El muleño mantiene una espina clavada que partido a partido lucha por quitarse

“Habláis de Pedro León como si estuvierais hablando de Zidane o Maradona”. Aquellas palabras de José Mourinho fueron el portazo al breve paso del ahora futbolista del Getafe por el Real Madrid. El suyo fue un fichaje que sorprendió a muchos y que obedeció al intento por españolizar el Real Madrid de su presidente Florentino Pérez. Al igual que con Canales, la apuesta no pudo salir peor.

Un prometedor jugador de banda derecha comenzaba a lucir en las filas del Murcia por su pierna derecha. Su precisión en las jugadas a balón parado le ganó las comparaciones con el propio David Beckham, y por ello el Real Madrid intentó ficharlo para su filial el verano de 2007, en el que terminó dando el salto al Levante, su primer club en Primera División. Un papel irrelevante con los granotas lo llevó a probar suerte al Valladolid, donde un buen rendimiento lo llevó a fichar por el Getafe, un club consolidado.

Ya con el azulón en su camiseta, Pedro León ofreció su mejor versión anotando ocho goles y repartiendo ocho asistencias. El Real Madrid volvió a por él, y esta vez sí se lo llevó. El muleño aceptó el reto y pese a que Mourinho contó con él durante la pretemporada, el curso fue una pesadilla para el fino jugador, que sólo tuvo el momento de gloria del gol en San Siro para empatar al Milán en los últimos minutos.

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Aquel año, Pedro León ya tuvo problemas con las lesiones, lo que marcaría hasta el día de hoy su fútbol. La pérdida de confianza en Chamartín propició la inestabilidad física del jugador, que ha ido arrastrando lesión tras lesión. Sin embargo, el ave fénix de la diestra de oro quiere alzar el vuelo una vez más para demostrar al mundo del fútbol que un día mereció ser jugador del Real Madrid.

Sus dos goles en el último encuentro al Real Betis Balompié fueron una señal inequívoca de que el jugador se encuentra en uno de sus mejores momentos, dueño y señor de una banda derecha sobre la que el Getafe vuelca su juego, y no teniendo a nadie que discuta su autoridad a balón parado, donde más disfruta. Las molestias que obligaron a su cambio en el descanso no parecen resultar trabas para que el futbolista pise Los Cármenes el domingo. Y eso, tratándose de un guante tan preciso, es un peligro siempre.