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Los técnicos de Atlético de Madrid y Granada se volverán a ver las caras el próximo jueves unidos por el amor de ambos a sus colores

Se suele decir que en el fútbol casi todo responde únicamente al dinero. Que la mayoría de los que se dedican a este deporte ya no lo hacen por pasión sino por lograr fama y lujo rápidamente. Probablemente el tiempo esté dándoles la razón a los que opinan así, sobre todo cuando se observa mercado de fichajes tras mercado de fichajes, el dispendio económico que se realiza por chavales que no suelen tener más de 20 y tantos. Cuando hasta hace no mucho lo habitual era que esas grandes sumas de dinero se pagasen por jugadores ya consagrados. Sin embargo la moda del talonario no es ya sólo exclusiva de los grandes nombres en cuanto a jugadores, los hay que también hacen lo propio con los entrenadores. Técnicos con mayor o menor preparación que acaban teniendo más cartel del que solía tener un entrenador y que acaban pasando por todos los banquillos caros y reconocidos del fútbol europeo.

Sin embargo en esta Liga BBVA, hay dos casos excepcionales. Aunque salvando cierta distancia entre uno y otro, lo cierto es que ambos pueden decir sin miedo a equivocarse que se dedican al balompié por amor al deporte y a unos colores. Y además ambos tienen la suerte de estar en el lugar en el que siempre soñaron estar. Dos rara avis del fútbol patrio que el jueves se verán las caras en Los Cármenes. Hablamos por supuesto de Lucas Alcaraz y Diego Pablo Simeone. Entrenadores de Granada y Atlético de Madrid respectivamente. Aunque se pudiera pensar que las diferencias son abismales entre ambos, hay ciertas cuestiones que les unen. Eso sí, con presupuestos totalmente distintos entre sí. A pesar de lo cuál, ambos proyectan su pasión por el fútbol y por sus respectivos equipos de forma notable.

Así, en el caso de Simeone, el argentino es hoy día el entrenador más alabado y de moda del fútbol español. El que un día fuese el mediocentro del doblete de Kiko, Pantic y compañía llegó en 1994 a Madrid para firmar por los colchoneros como futbolista y acabó rendido al club. Del que se enamoró tras vivir tres años mágicos en el Vicente Calderón. Allí forjó algunas de sus mejores campañas como futbolista y allí se ganó el respeto de la hinchada que le apreció cada gesto de coraje y lucha que desplegó sobre el cesped. Tanto fue así, que Simeone decidió volver al Atleti en 2003 para prácticamente acabar su carrera como futbolista profesional. Completando dos años más como colchonero que pasaron entre el recuerdo de los grandes momentos vividos. Pero Simeone no tenía que demostrar ya nada a nadie. Se había codeado con los más grandes y los había derribado. Y a la orilla del Manzanares no se suele olvidar a jugadores así. Por lo que su destino estaba escrito: regresar al Vicente Calderón como entrenador. Y lo hizo, lo hizo tras formarse con cierto éxito en Argentina donde logró dos campeonatos (un Clausura y un Apertura) con River y Estudiantes. Hasta que en 2012 llegó a su banquillo soñado. Llegó a su Atlético de Madrid. La historia tras entonces resulta redundante recordarla pues no hay nadie que haya olvidado todo lo que ha logrado en este año y medio el entrenador argentino. Ha reverdecido viejos laureles, ha hecho al Atlético de Madrid un grande de Europa y hoy por hoy es el primer equipo de Madrid, por encima del Real, y el segundo de España por debajo del FC Barcelona. Y siempre que le preguntan la clave de su éxito, termina refiriéndose a lo mismo: al amor por los colores y por una afición que le han dado todo y con la que se siente en deuda.

En el caso de Lucas Alcaraz la trayectoria ha sido menos existosa pero igualmente pasional. El granadino se formó primero como futbolista en el Real Jaén pero fue en el Granada donde militó también en categorías inferiores. Como Simeone, su pasión terminaría siendo los banquillos, aunque en el caso de Lucas, una pasión irrefrenable que le llevó a retirarse como jugador con tan sólo 28 años en 1994. Sólo un año después, el Granada le dio a Alcaraz la oportunidad que tanto había buscado y peleado desde que con sólo 12 años fundaba su propio equipo para poder hacer de entrenador en él. Fue en el Granada donde comenzó a forjarse un entrenador meticuloso, trabajador y reconocido que es un histórico de Primera división. En Los Cármenes, en su primera etapa, entonces por 2ªB, estuvo tres temporadas en las que logró hacerse un hueco en la memoria de los aficionados. Y aunque se marchó por la puerta de atrás, lo hizo con la promesa de que algún día volvería al club de sus amores. Mientras lo hizo, logró con el Recre un subcampeonato de Copa del Rey ante Samuel Eto’o y que media ciudad de Huelva se volcase a los pies del granadino. Posteriormente desarrolló su carrera en clubes históricos del fútbol español hasta que probó suerte en Grecia con el Aris. Pero su suerte estaba escrita mucho antes de haberlo imaginado. Volver a entrenar al Granada sí, pero hacerlo en Primera división. Donde nadie imaginaría nunca que iba a estar y mucho menos el joven Lucas Alcaraz que en 1995 se puso a los mandos de aquel equipo rojiblanco que deambulaba por 2ªB. Firmó en el pasado mes de enero y ya lleva diez meses entrenando de nuevo al equipo. Siendo ya el mejor entrenador que ha tenido el Granada desde su regreso a Primera y habiendo logrado dos hitos, volver a ganar al Real Madrid casi 40 años después y lograr el objetivo por el que firmó: la permanencia. Siendo, en éste caso y como en el de Simeone probablemente por no esconder nunca el amor por sus colores. Pues a Lucas no sería la primera vez que en una entrevista le preguntan a qué equipo soñaría entrenar y el granadino respondería sin vergüenza que su sueño es entrenar a su Granada. Por amor a unos colores. Como Simeone.

Colores, por cierto, rojiblancos.