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El Granada se recupera de la mala racha como local aplastando a un indolente Valladolid

 Volvía el Granada a Los Cármenes tras el peor partido de la temporada en Almería y una concentración en La Manga, ese lugar gozoso de la confianza de Quique Pina para preparar las temporadas. Los de Lucas Alcaraz no pudieron dar más fuerte el golpe sobre la mesa: el mejor partido desde la el regreso a Primera División ante un rival directo y todo apostando más que nunca por lo aplicado desde la victoria en el Martínez Valero de Elche.

La intensidad fue total desde el primer momento y se notó que el partido estaba bien preparado por cómo Recio y Fran Rico acudían a morder a la zaga pucelana en sus intentos por sacar el balón jugado, un lastre que arrastró durante todo el partido. Brahimi demostraba que quería seguir siendo eléctrico por la izquierda con un buen pase de la muerte que no conectaba con un rematador mientras Murillo avisaba de sus intenciones con una chilena que se marchó desviada. También se sumó Piti al vendaval inicial, pero tras hacerlo todo bien en la diagonal de derecha a izquierda, no acertó a batir a Mariño.

Así pues, sería Jeison Murillo el primero en fusilar la portería rival, y lo haría de la forma más espectacular posible: una chilena que cruzaba el balón poniéndolo en el lateral interior de la red, imposible para Mariño. Conscientes de la superioridad, no soltaría el Granada a su presa, que solo osaría acercarse en la primera parte con dos disparos lejanos de Omar y Víctor Pérez y dos intentonas en solitario de Javi Guerra, desconectado y muy solo. Antes de la media hora, Recio hacía el segundo con un remate tras un saque de esquina. Carente de marca, remataba a placer ante las miradas de los vallisoletanos. La grada sonreía complacida ante el espectáculo, pero aún así mostraba una gelidez impropia tras dos primeras temporadas de fuego en cada asiento de Los Cármenes. Por momentos, El Arabi despertaba las iras de ciertos aficionados.

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Una primera parte impecable daba lugar a un segundo tiempo que arrancaba con un Valladolid conjurado para levantarse y un Granada que empezaba viéndolas venir. Y le pudo pasar factura, dejando desnudos por momentos miedos tanto en la grada como en los jugadores. El ingreso de Larsson agitaba algo la zona de ataque del Valladolid, pero a los nueve minutos Recio lograba el doblete -y el gol 700 del Granada en Primera- con una buena llegada acompañada por El Arabi tras una nueva pérdida en la salida de balón. Recio ponía así la rúbrica a un gran partido suyo; llevaba ausente varios partidos tras ser partícipe de la debacle copera ante el Alcorcón, pero ante el Valladolid volvía a tener protagonismo en las labores oscuras del centro del campo así como en la distribución junto a un Fran Rico estelar y al que el partido se le hizo corto.

Quería despertar el Valladolid, y Larsson fallaría la ocasión más clara sin oposición en la portería. Jeison Murillo debía ser sustituido por molestias musculares que no deberían revestir gravedad. Tan solo faltaba el obligado gol del delantero centro en una goleada de su equipo, y éste llegaría tras un remate de Mainz en un nuevo saque de esquina y de forma casi fortuita y rozando el límite de la legalidad. Se ganaba así Youssef El Arabi una ovación que estuvo en peligro pese a la goleada del equipo.

Con oportunidades para Riki y Pereira finalizaría un partido redondo. El granadinista volvió al hogar con una sonrisa de oreja a oreja que no tenía desde la victoria ante el Málaga el 8 de noviembre. Para colmo, lo hace ante un rival directo como el Valladolid al que deja muy tocado. Una recuperación total de la autoestima en las posiblidades del equipo sin dejar de ser fiel al estilo adoptado en Elche. Los tres puntos ante Osasuna el próximo sábado deben rubricar que este Granada pelea por algo más que la mera permanencia, bajando las manos de la cabeza pero sin levantar los pies del suelo.