malaga-granada-efe--644x362

El Málaga condena al Granada a sufrir hasta el último momento tras golearle 4 a 1

El Granada CF vive en una especie de universo paralelo en el que cada gesto se produce a una velocidad extraordinaria. Si hace menos de una semana el partido ante el Levante se afrontaba con el optimismo del que se sabía salvado con los tres puntos, tras el gol de Amrabat que sentenciaba el encuentro en Málaga muchos veían el abismo cerca, acechando a la espalda.

El descenso engloba nuevamente a un gran número de equipos del que parecen escaparse Espanyol, Levante, y ahora el Málaga. El Granada, por su parte, entra de lleno en la terna. Y podría decirse que parte de culpa recae en dos aspectos. Por un lado, la bisoñez del equipo en especial en acciones defensivas a balón parado, y por otro, la falta de profundidad en el banquillo. Dos aspectos que dependen de la dirección deportiva y que no pueden arreglarse esta temporada.

La baja por contrato de Recio era suplida por el habitual Fatau, que actuó como si fuera su primer partido en la categoría, quién sabe si superado por una Rosaleda de Champions. Además, la vuelta de Ilori a una convocatoria suponía su titularidad en lugar de Coeff. El Málaga por su parte apostaba por su once tipo con la baja de Sergio Sánchez, suplido por Angeleri en la zaga. Con unos primeros minutos de medirse el uno al otro en el centro del campo, el Granada terminaría teniendo un mayor dominio que traduciría en su ocasión más clara en el minuto 10. Un error de Pablo Pérez al jugar el balón hacia atrás lo aprovecharía el argelino para encarar a Caballero tras superar a Angeleri. Tras regatear a los dos argentinos, no sería capaz de introducir el balón en la portería al llegar forzado al disparo y con poco ángulo.

En la siguiente llegada, Riki sufría un problema muscular que lo obligaba a abandonar el terreno de juego. Entonces Alcaraz decidió hacer calentar a Piti, Bravo y Buonanotte, siendo el primero de ellos la opción más lógica pero también la más arriesgada. Y es que el ex del Rayo no parece estar para más de treinta minutos, y su escaso esfuerzo defensivo en la Rosaleda lo demostró. En lo que Lucas cavilaba, Camacho castigó. La acción, tras un saque de esquina botado en corto, dejaba en evidencia la pésima marca de Fran Rico sobre el que se sabía como mayor peligro malaguista en las acciones a balón parado por sus dos goles en Vigo. Sin embargo, ante el Granada, repetiría doblete en media hora. También en un saque de esquina y también tras burlar la marca de Rico.

Un dudoso penalti sobre Brahimi se antojó como una inmejorable oportunidad de introducirse en la disputa de unos puntos que ya buscaban piso en la Costa del Sol. Previa discusión entre Rico, Brahimi y El Arabi, sería el marroquí el que erraría ante Willy Caballero antes del descanso. Ante la ocasión desperdiciada el Málaga consideró justo volver a castigar a su rival y en un claro penalti de Murillo sobre Camacho –intercambiando la marca del goleador, sin éxito-, Amrabat engañaba a Roberto y sentenciaba el partido.

La nutrida expedición granadinista animaba con la intención de participar de la fiesta del fútbol y no de animar con convicción a su equipo ante los malaguistas. Ya con Buonanotte (por un mal Fatau) en el campo, el dominio visitante ante la placidez local daba lugar a una ocasión de El Arabi seguida de un balón salvado en la línea por Jesús Gámez. Pero cuando mejor estaba el Granada y más aparecía Caballero, llegaba la última puntilla con el gol de Juanmi. Habilitado el malagueño a la espalda de Ilori y Murillo, no tendría dificultad para regatear a Roberto y hacer el cuarto.

Un partido sin más historia que se cerraría con el gol de El Arabi (uno más y ya van doce) al aprovechar un pase de Buonanotte tras error de Caballero. Antes del final, Gámez volvía a descubrir las vergüenzas defensivas del Granada a balón parado. En la grada, tras el pitido, algunos pedían el adiós de Alcaraz. Quizás esos errores a la hora de defender estrategia –seis goles de esta forma en las diez últimas jornadas- sean responsabilidad suya, pero a seis partidos del final o tiene sentido un cambio de entrenador.

Con sus virtudes, con sus defectos. Con su bisoñez, con su ilusión. El Granada debe morir con lo que tiene, ya que un cambio a estas alturas no tiene sentido. Alcaraz ha resucitado ya dos veces este curso. Llega ahora el Barcelona y la visita al Sánchez Pizjuán. Semanas, previsiblemente, duras, antes de recibir al Rayo y al Almería. Alcaraz cifra la salvación en dos victorias. De todos, afición incluida, depende lograr el objetivo. Por más cerca que se sienta el abismo.