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El Granada CF logra la permanencia en Pucela y será de Primera un año más

En el día D y en la hora H, volvió el Granada de las grandes ocasiones. El de siempre. Se le crea al Granada CF durante la temporada un aura de que “este año, hacemos algo diferente” que termina por destruir al equipo. Como en los últimos dos años, el Granada se lo volvió a jugar todo en el último partido. Y volvió a vencer. Hizo los deberes y se limitó a defender su ventaja.

En Pucela se revivió el espíritu de Elche con sensaciones muy similares. En el hogar hostil de un equipo al que solo le valía ganar, el Granada robó el triunfo. Para ello jugó con la presión de su rival, lo mismo que el Almería hizo siete días atrás. La soga apretaba más el cuello del Valladolid y más gente dependía de esos once hombres con el escudo vallisoletano bordado en el pecho. El Granada jugó a no dejar espacios sin necesitar encerrarse: Rico o Recio se unían en la presión a Brahimi, Piti y El Arabi.

El primer susto lo dio el Valladolid en una cabalgada de Javi Guerra. No obstante, el delantero se encontró con el azote de los pucelanos durante los 90 minutos: Diego Mainz. El central madrileño volvía al once y a la capitanía por la expulsión de Jeison Murillo en la jornada anterior y lo hizo al nivel que no mostró durante todo el año. Volvió a ser, como su equipo, el de las grandes ocasiones. Junto a él y Nyom, la guardia vieja la completó Roberto, que recuperaba la titularidad perdida en favor de Karnezis. Precisamente el central fue el primero en crear peligro para el Granada con un testarazo que estuvo a punto de ser gol, pero Jaime lo impidió.

La electricidad de Brahimi en ataque, junto al recorrido de Recio y el remate de El Arabi, eran los pocos argumentos del Granada en ataque. No necesitó más porque le sobró fe y templanza. Piti, que estuvo más preocupado de defender que de atacar, ponía un pase de la muerte tras jugada de estrategia con Fran Rico para que fuera Mitrovic quien sin intención hiciera el gol de la permanencia. El Granada obtenía un premio valiosísimo y deprimía a un equipo ya de por sí triste por los resultados que se daban en Pamplona y Vallecas.

En la segunda parte, el Granada se dedicó a resistir tal y como hizo en Elche hace tres años ante el empuje de los Ángel, Xumetra y Pelegrín. JIM alineaba en el frente del ataque a Guerra, Osorio y Manucho en busca de altura pero ahí fue donde emergió Mainz, con la confianza suficiente como para adelantar su posición a cortar balones por arriba y por abajo. Los centros al área de los pucelanos no eran ningún peligro y Roberto tuvo la inteligencia necesaria para saber jugar con las pérdidas de tiempo y las retenciones de balón en los pies.

Al contragolpe, el Granada pudo hacer el segundo por medio de Brahimi, que hizo una maravilla en el área pero no vio a Ighalo solo. El nigeriano entró de refresco por un Youssef El Arabi con una tranquilidad desbordada intentado caños. Foulquier echó una mano en defensa por el exhausto Piti y el resto fue historia. Recio se hizo dueño del centro del campo y el Granada aguantó hasta el 90 ante un equipo que sabía que no le valía la victoria. Con el pitido final, la euforia nazarí contrastó con la tristeza pucelana.

Templanza. La palabra que mejor define el último partido del Granada. El último partido también de Lucas Alcaraz al frente del equipo, “cansado” y confiado en que el club necesita una “cara nueva”. Nadie mejor que él, un granadinista de corazón, para acceder al cambio. Porque muchas cosas deben cambiar para el próximo curso en un Granada CF que este año desencantó a su afición. Pero ahora es momento de celebrar que la Alhambra verá por cuarta temporada consecutiva a su equipo en Primera División. Enhorabuena a todos.