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El delantero marroquí derriba prejuicios apoyado en sus once goles y su amor hacia el gangsta rap

Youssef El Arabi es, sin duda, un tipo especial. Empezando por un carácter que dista del de un profesional del fútbol para acercarse al chico que juega en el barrio horas y horas sin cansarse, sin otras obligaciones que atender, y siguiendo por una posición en el campo que no termina de concretarse, a mediocamino entre un delantero centro o un segundo punta con más participación del juego del equipo.

Pero sin duda lo que más sorprende de El Arabi es su transformación en los poco más de veinte meses que suma como jugador del Granada CF. Youssef llegó a la ciudad precedido por su experiencia en el Caen de la Ligue 1 francesa, equipo en el que acumuló 28 tantos en dos temporadas -79 apariciones-. Su posterior paso por el Al Hilal saudita no fue del todo ventajoso para él. Pese a sus 18 goles, El Arabi se alejó del fútbol de élite, algo que le perjudicaría más tarde. También se le conoce un pasado como jugador de fútbol sala en el que llegó a ostentar la capitanía de una de las selecciones inferiores francesa.

Tras el desembolso de cerca de cinco millones de euros, El Arabi volvía a Europa para jugar en Granada. Una ciudad con una parte de su historia y su alma escrita en árabe, un rasgo acorde al origen marroquí del delantero. En sus primeros días, Youssef acusó la falta de ritmo. A lo largo de su primera temporada, El Arabi demostró una falta de competitividad desesperante para la afición. Al “9” le faltaba sangre para competir en Primera División, un lugar donde nadie regala nada. Arrancando desde la mediapunta y la banda con Anquela, Lucas Alcaraz confió ciegamente en él en un esquema que apostaba por dos delanteros. Pese a los ocho goles con los que cerraría la temporada, siendo pieza fundamental para la salvación, El Arabi no obtendría el cariño de una grada que no se dejaba convencer por los goles.

Pese a la apatía y al abandono que dejó ver momentáneamente en ese primer año, el jugador ha aprendido la lección. Lucas Alcaraz ha tenido, sin duda, mucho que ver en ello. Desde el primer partido de Liga ante Osasuna en Pamplona –al que llegó tras el fallecimiento de su hermana-, el marroquí ha mostrado una versión desconocida de sí mismo. Un jugador mucho más guerrero, con voluntad para hacer muchos kilómetros en el frente del ataque tanto con balón como sin él y que se hace fuerte en el juego aéreo, aprendiendo a cuerpear con los adversarios. La afición mantiene por momentos el prejuicio de su primera temporada, pero acaba reconociendo el esfuerzo al delantero y cada día aplaude más fuerte cuando el marroquí es sustituido.

Además, se ha convertido más regular en el gol, hasta el punto de que acumula ya hasta once dianas. Una cifra muy a tener en cuenta en un equipo como el Granada que suele llegar poco a portería y que pelea por obtener la permanencia cuanto antes para no pasar apuros en las últimas jornadas. Además, la aparición de Riki ha beneficiado a El Arabi, que encuentra un socio con el que aliarse al espacio y ahorrarle esos metros que tanto esfuerzo suponen a ciertas alturas de partido. Menos responsabilidad en el espacio, en resumidas cuentas.

Porque El Arabi tiene la ilusión de un niño pequeño, siempre dentro de su simpatía habitual y sus hábitos religiosos. Así lo muestra en su cuenta de Instagram, en la que acostumbra a subir fotos de sus partidos y de su nombre entre los goleadores de los encuentros. En esta red social, el delantero también deja ver su afición por el rap francés, un género cultivado principalmente por artistas de origen árabe. Dentro de esta música, las preferencias de El Arabi se deslizan hacia lo que es llamado gangsta rap con referentes como Rohff, La Fouine o Sexion D’Assaut. Un rap que hace apología del poder de las armas, de la autoridad y del respeto que imponen siempre con una conducta lo más íntegra posible en su manejo.

De ahí que uno de los hashtags más empleados por el futbolista en sus fotos sea la palabra “kalash”, usada habitualmente en estas canciones como abreviativo del Kalashnikov o AK47. Algo que también explica su celebración, imitando el empleo de este arma. El Arabi se ha ganado a la fuerza el apodo de “El Pistolero”, algo que lo agrada sobremanera.

Sin duda, Youssef El Arabi se encuentra en su mejor momento como jugador del Granada CF. Unos meses de dulce que sin duda tuvieron su inicio en el hat-trick firmado ante el Málaga. El marroquí esgrime un Kalashnikov con el que pretende mostrar a Europa el poderío de esta nueva versión mejorada de sí mismo. De momento, Los Cármenes parece un territorio conquistado.