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El mediapunta argentino abandona el Granada en régimen de cesión al Pachuca mexicano

La llegada de Diego Mario Buonanotte al Granada fue celebrada como un reflejo de la ascensión del club. Un jugador de otro nivel. Hoy, año y medio más tarde, su paso por el equipo no merece otro calificativo que el de decepcionante. Y eso que él hizo todo lo que pudo, y tuvo algún momento brillante.

El primer hecho que hizo ilusionante el fichaje del argentino fue la cantidad invertida. Más de dos millones de euros que en su principio fueron considerados una minucia en comparación con el potencial del jugador. Deseado en Italia por el Palermo, su salida del Málaga en el mejor año de la historia del club disputando Champions League fue vista como un error. Buonanotte llegó a un Granada necesitado de ilusión y que acababa de destituir a Anquela para colocar a Lucas Alcaraz al frente. Su arribo, junto a los de Aranda y Nolito, fue considerado un revulsivo.

A pesar de ello, a Buonanotte le costó mucho tener minutos y no tardó en tomar el papel de jugador número “12”. Bien con balón, su endeblez física fue revelada pronto como el mayor de sus problemas para competir en Primera División por el objetivo de la permanencia, donde no se regala ni un centímetro de campo. Alcaraz, no obstante, no dudó en apostar por el argentino en los momentos en que resultaba necesario un extra de calidad en la parcela de ¾ de juego.

Buonanotte fue importante, por ejemplo, en Anoeta, donde un gol en el último suspiro de Recio igualó el resultado e insufló vida al equipo. También lo fue en la finalísima ante Osasuna en Los Cármenes, donde logró su primer y único gol en partido oficial con la rojiblanca. Su celebración se ajustaba a la de un futbolista que había sufrido y que necesitaba sacarse la presión de encima. Un jugador que como terminaría demostrando a lo largo de este periplo, siempre se identificó y defendió el escudo en sus mensajes sin importar los minutos disputados.

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En su segunda temporada se valoró que participara del equipo desde el primer día. Un hecho que finalmente, no tuvo especial relevancia pues su situación no cambió. Seguía contando con el beneplácito de la grada, que sentía un especial cariño por él y su juego. Fue titular en algunos encuentros, disfrutando de un 4-2-3-1 y un 4-3-3 que se ajustaban a su juego, pero la fragilidad física volvió a pasarle factura y la grada que un día le amó comenzó a cansarse de sus resbalones y caídas.

Buoanotte se mantuvo en una situación oscura, siempre con el papel de posible sustituto de Piti o Brahimi pero en raras ocasiones aspirante al puesto de titular. Una imagen que será recordada en la memoria granadinista se produjo nuevamente en Anoeta, cuando tras el gol de Ighalo fue uno de los jugadores que con más entusiasmo lo celebró.

De su entrega y profesionalidad nunca se dudó. Durante esta misma pretemporada, se le podía ver exhausto tras cada entrenamiento. Uno comprendía que lo había vuelto a dar todo, intentando siempre convencer al técnico, en esta ocasión Joaquín Caparrós. No obstante, la situación no era la misma. El Granada había decidido prescindir de una terna de jugadores en la que entraba el argentino.

Su tardanza, hasta desesperar al club, en encontrar acomodo pudo ser debido a su rechazo a abandonar Europa. La historia de Buonanotte acaba con un final triste, cedido al Pachuca mexicano por una temporada. Por la puerta de atrás y regresando a Sudamérica como las promesas que no funcionan. Él no ha tardado en jurar lealtad a sus nuevos colores. Como siempre hizo en Granada. Ojalá un final distinto en su nueva etapa.