LaCONTRACRONICA

El Granada mejora ante la Real Sociedad pero empata y no se aleja; es colista en un triple empate

Joaquín Caparrós había sido ratificado por Quique Pina como mínimo hasta el partido ante la Real Sociedad y tenía este domingo un ‘match-ball’. Partido en casa ante un rival superior pero superable. Ni ganó ni perdió su final particular; la empató, como viene siendo habitual en los últimos meses. Pero el equipo cambió su sistema y tuvo nuevos bríos. La duda existencial acerca de la continuidad o no de Caparrós se acentúa si, como indican ciertas afirmaciones, el de Utrera ha dejado en manos de Pina su futuro, con una salida amistosa.

Parece evidente que sí, que el Granada tocó fondo en el Arcángel. Un rapapolvo que ha minado la moral de muchos de los futbolistas, hiriéndolos en lo más profundo de su orgullo. Caparrós repitió el sistema empleado en Copa ante el Sevilla pero con diferentes actores. Sissoko repitió titularidad –en un fenómeno paranormal extraño; pasa de no ser convocado a ser titular en posiciones diferentes sin mostrar nada por el camino, ni para bien ni para mal- pero lo hizo como lateral izquierdo, colocando de esta forma a Foulquier como extremo. El francés experimenta una mejoría notable al actuar en este lugar, que no es el suyo, en un 4-3-3 y no en un 4-4-2. A pesar de que el segundo de ellos sería aparentemente el ideal para sus características –fuera de posición, se resalta-, la rebaja en las exigencias físicas y tácticas de su técnico le permite hacer lo que mejor sabe: profundizar en el carril.

Actuó el centro del campo reclamado: Iturra, Fran Rico y Javi Márquez. Era el gallego el encargado de ocupar el lugar céntrico del trivote de Caparrós, a diferencia del trivote de Alcaraz, que era timoneado por Iturra dejando a Rico en la derecha y a Recio en la izquierda. El ex madridista debe ser el jugador más importante del equipo y le pertenece de forma natural la corona. También era titular Lass Bangoura, quien con apenas cuatro entrenamientos ya es el mejor jugador de la plantilla. Quizás porque aqueja inactividad, pero no pesimismo. Viene a comerse Granada.

Los primeros minutos se desarrollaron con el Granada encimando por insistencia más que con argumentos. La Real cedía casi que por educación, con Vela un tanto autista. Un cuarto de hora de acumular centros al área y balones parados que no llegaban a terminar en nada y que enmascaraba una carencia: a pesar del trivote, el balón no pasaba por los pies de sus centrocampistas. El balonazo de Babin a El-Arabi seguía siendo la acción más recurrente, derivando a menudo en pérdida y no por culpa del marroquí. Incidía el pavor de los centrales a sacar el balón jugado.

Esta fase del partido acabó cuando Sergio Canales comenzó a entrar en juego, dejando al descubierto algunas de las carencias del centro del campo granadinista y agujereando precisamente el lado del más defensivo de los mediocampistas, Iturra. El mediapunta encontró su hueco en el campo y ayudó a que su equipo entrase en la ‘fiesta’ que era el partido. Tenían invitación y aún no lo sabían. El Granada parecía incómodo al ver su rival también atacaba y Oier casi se introdujo el balón en su propia portería en la primera de las ocasiones. Algunas acciones a balón parado también levantaron el suspiro de la grada.

En un saque de esquina llegó precisamente la primera gran oportunidad para el Granada. Mainz prolongaba el envío de Rico y Lass, cuando el balón parecía dentro, se excedía al cruzar el remate. También tras una ejecución desde el banderín, Oier realizaba una de las paradas más meritorias de su carrera. Iñigo Martínez fue quien lo puso a prueba tras rematar libre de marca. La Real amenazaba pero fue el colegiado quien dio la puntilla: Canales caía ante un mínimo agarrón de Babin y la pena máxima era señalada. Carlos Vela no perdonaría, con una ejecución perfecta.

▷ Leer  Arezo se marcha cedido al Peñarol

El Granada quiso derribar a Rulli a empujones para hacer gol y estuvo cerca de hacer, nuevamente a balón parado y por mediación de Babin, que no llegó a una prolongación de Lass. El recién llegado probó al guardameta realista con un gran disparo desde fuera del área que demostraba que su estado de ánimo se sale del general del grupo. Como decía Rafael Lamelas en IDEAL, “a ver a quién arrastra”. Un centro envenenado de Fran Rico fue lo último destacable antes del descanso.

Caparrós sentaba a Foulquier y apostaba por Riki tras las buenas sensaciones del encuentro copero.  El madrileño entró por la izquierda y puso algún centro interesante, precisamente el mayor defecto de su equipo en la primera parte: jugar al centro y remate sin buenos asistentes. El Granada coqueteó con una actitud fatal: convencerse a sí mismo y a Los Cármenes de que el colegiado era el responsable. Lo intentaron confundir Lass y Márquez en acciones para nada punibles. De otro lado, el granadinismo la tomaba con El-Arabi tras su infortunio  sobre todo sus declaraciones en Francia. Entraba Success, que reactivó el frente con su movilidad.

El árbitro cometía un grave error en una jugada infantil del Granada en defensa, que ante la inactividad ofensiva de la Real decidía crearse sus propios problemas. Nyom cedía a Oier con un metro de distancia en la dirección contraria a la que el guardameta había imaginado. Tuvo que poner el guante para detener un balón que iba a gol. Era cesión. No fue señalada.

Llegaba el tramo final y se precisaban cañones: Nyom dio con el poste en un remate espectacular que posteriormente impactaba a un Success que por pocas se metía en la potería. El camerunés quería protagonizar la remontada en un alarde de optimismo y lo hizo aunque a medias: provocaba el penalti de Rubén Pardo que Fran Rico materializaba con suspense por el carril central. Piti entró por Márquez a falta de poco más de cinco minutos y la Real firmaba el empate. Sin otro argumento que el regate de Lass, el Granada se hacía con un punto que planta la duda. ¿Se puede salir de la crisis sin cambiar de dirigente?