Aritz Anduriz do Athletic Bilbao

El goleador del Athletic pudo haberse dedicado por empeño familiar a deportes de invierno

Le ha costado casi doce temporadas el proclamarse como ‘rey’ de San Mamés. Hoy lo es por méritos propios, tanto por la constancia de su trabajo en favor del equipo como por sus goles, el alimento de todo delantero. Aduriz no siempre tuvo claro su futuro en el Athletic, o lo que es aún más sorprendente: no siempre tuvo claro el ser futbolista.

Cumplió 34 hace dos días pero ha experimentado un proceso de maduración tan similar al del vino que invita a pensar que lo mejor aún está por venir. Aduriz pasó los primeros años de su vida en San Sebastián dentro de un clima muy familiar. Su timidez siempre le ha pasado factura a la hora de abrirse a personas “desconocidas”, lo que explica que conserve los amigos de la infancia.

No tardó demasiado en descubrir el deporte, en el amplio sentido de la palabra. Desde la tabla y las olas en La Zurriola hasta el piragüismo, como confiesa al Diario Vasco. Pero lo que sus padres, sus aitas, intentaban en silencioso trabajo, era que el bueno de Aritz se decantara por la montaña. Amantes y profesores de esquí de fondo, lograron inculcarle la pasión hasta el punto de que con 9 años, Aduriz se proclamó subcampeón de España.

Sin embargo, Aritz pidió el balón. En los campos encharcados de la ikastola comenzó a forjar el delantero que es hoy. En la arena de la Concha comenzó a dar sus primeros saltos, un arte del que hoy es especialista, y a rematar de cabeza cuando a otros les daba miedo. Una inquietud por lo aéreo que el jugado relaciona por la frecuencia con que escalaba árboles durante su infancia. Su primer equipo fue el Sporting de Herrera, el enlace con el ahora respetadísimo Antiguoko donde coincidió con Xabi Alonso, Iraola o Arteta.

Tuvo que optar por un solo deporte al llegar al Aurrera de Gasteiz de Segunda B. Ahí eligió el fútbol de forma definitiva. La experiencia de la tercera categoría del fútbol español sirvió para templar un carácter impulsivo que le ha costado más de una mala pasada. Su intención de estudiar INEF se vio truncada por la noticia más importante de su carrera: el fichaje por el Athletic de Bilbao.

Los entrenamientos en Lezama tuvieron como premio su debut en Primera División en 2002 ante el FC Barcelona, aunque Heynckes decidiría su marcha hacia el Burgos, al que llegó de la mano de Carlos Terrazas. 16 goles le valieron el fichaje por el Valladolid de Segunda la siguiente temporada. En Pucela brillaría desde el primer día con seis goles en los tres primeros partidos. Tras año y medio en Segunda, el Athletic decidía reclutarlo de vuelta en su pelea contra el descenso a cambio de tres millones de euros para formar tándem con un joven Fernando Llorente.

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No terminó de tener protagonismo y dos años más tarde, con el presunto consentimiento de Joaquín Caparrós tras escasas oportunidades, Aduriz ponía rumbo a Mallorca a cambio de cinco millones de euros provocando un cisma en el Athletic entre aficionados y jugadores contra la directiva de Macua. La operación fue nefasta para los bilbaínos ya que en la 2009/10, el Mallorca no sería capaz de hacer efectivo el pagaré de 1,8 millones de euros firmado con el Athletic, por lo que fue denunciado ante la Federación Española. En definitiva, gran parte del traspaso quedó sin cobrar.

Aduriz, mientras, a lo suyo. En la isla fue máximo goleador de su equipo durante dos temporadas bajo las enseñanzas de Gregorio Manzano. También mostró su carácter, llegando a ser expedimentado por el club tras un roce con su compañero Keita en pleno partido ante el Málaga. Le tocaba dar un salto en su carrera y, tras rechazar la oferta del Fenerbahçe turco, firmaba por un Valencia en reconstrucción (seis millones de euros mediante) tras la marcha de Villa. Como ya hiciera en Mallorca con Güiza, el vasco asumía el rol de hacer olvidar a una gran estrella. A orillas del Turia, no obstante, nunca dejó de verse eclipsado por un pletórico Roberto Soldado.

Como valencianista recibió su primera llamada a la selección española, un hecho que fue acompañado de polémica debido a su orgullo vasco y a un supuesto manifiesto por la oficialidad de la selección vasca bajo el nombre de Euskal Herria en navidad de 2007. Incapaz de dejar la suplencia atrás pese a una buena estadística goles/minutos, desde el verano de 2011 comienza a rumorearse su vuelta a San Mamés. Primero de la mano del propio Macua y luego por la candidatura opuesta, la de Josu Urrutia. También apareció la Real Sociedad.

No sería hasta un año más tarde cuando los rumores se consumaban y Aduriz volvía, por tercera vez, al que considera su hogar. Le tocó vivir el annus horribilis de la era Bielsa, con Javi Martínez en el Bayern y Llorente calentando banquillo. Aunque no siempre fue del gusto del argentino, Aduriz se echó el equipo a sus espaldas tanto como goleador como asistente, en un sistema que privilegiaba la irrupción goleadora de Susaeta y Muniain, entre otros.

Con Ernesto Valverde, Aduriz puede gritar por fin que es el líder de todo un Athletic de Bilbao, el equipo por el que dejó atrás las montañas y el sueño de sus aitas. Como veterano de guerra que es, ha sabido lidiar con las rachas del goleador apareciendo siempre en el momento justo. Acaba de alcanzar la cifra de cien goles en Primera División. Un delantero tardío que por fin triunfa en San Mamés.