LaCONTRACRONICA

El Granada cae goleado en Mestalla tras ser derrotado su planteamiento en veinte minutos

Pocas esperanzas había puestas en sacar algo positivo de la ciudad del Turia, pero un 4 a 0 siempre devuelve al más oscuro pesimismo. Abel Resino fue más Caparrós que nunca y calcó el planteamiento habitual del utrerano en busca de envíos largos para Córdoba y Success, abandonados a la pelea con dos colosos de hielo y fuego como Mustafi y Otamendi. Se apostó todo a la fortuna de una buena segunda jugada y sucedió que ganó la lógica: el Valencia, con poco más que jugar como lo viene haciendo todo el año, venció con facilidad y no recibió un tiro a puerta.

Para sorpresa de todos, el equipo de Abel mantuvo en el inicio la consigna de salir con el balón jugado desde la defensa, con Iturra apareciendo entre los dos centrales abiertos. La alta presión ché, confiada en el juego aéreo de sus centrales ante el recurso del balón largo, provocó pérdidas y pelotazos que no llevaban a ninguna parte, a pesar del esfuerzo de Córdoba y Success en el cuerpeo. Los primeros minutos transcurrieron sin pena ni gloria con muchas interrupciones y la intención de que los minutos discurriesen lo más rápido posible, como un reloj de arena, hasta el 90’.

Pronto, no obstante, se vio la mayor flaqueza del Granada. Su falta de efectivos en el centro del campo facilitó que el rombo formado por André Gomes, Parejo, Javi Fuego y Paco Alcácer en el apoyo como pívot encontrase la fluidez en la circulación, gracias a dos extremos como Rodrigo y Feghouli siempre peligrosos y abiertos. El Valencia comenzaba a amenazar con las llegadas de sus centrocampistas y teniendo pocas pero temibles oportunidades al contragolpe. En el 25’, el planteamiento que hasta entonces estaba funcionando en cierto modo al Granada se vino abajo. Javi Fuego remató solo en el centro del área un saque de esquian y hundió todas las ideas de Abel. No porque el gol local no fuese previsto, sino porque este Granada adolece de capacidad de reacción. Un gol y, prácticamente, el encuentro estaba visto para sentencia.

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Los rojiblancos decidieron renunciar a la salida desde atrás en pos de ganar metros en campo contrario pero lo que ocurrió fue que el Valencia comenzó a llegar cada vez con más espacio y electricidad. Respondió el Granada con dos acciones a balón parado. Primero intentó “la de Valladolid”, con Piti y Rico como protagonistas, y posteriormente el exrayista lanzó un córner peligroso al primer palo de Alves. Los chés volcaron el juego hacia la derecha de Feghouli y antes del descanso, una potente aparición de Barragán derivó en un claro penalti de Mainz que Parejo terminaría por convertir.

El Granada se iba derrotado al descanso, pero con orgullo. Con un Valencia mucho más dormido e impreciso, los de Abel ganaron presencia en campo rival con una variación en su sistema, que pasaba del 4-4-2 al 4-1-4-1 con Córdoba en banda derecha y Piti más centrado. A falta de malas noticias, Emanuel Insúa sufría una lesión en su tobillo derecho teniendo que dejar su lugar a Luis Martins. En la insulsa segunda parte apenas hubo tiempo para más variaciones tácticas del Granada como la vuelta al 4-4-2 al entrar Rochina por Córdoba en la derecha y, posteriormente, Riki por Piti, mientras su rival daba descanso a sus jugadores más importantes y hacía campos de hombre por hombre con el factor de que el que entraba lo hacía con mucha más hambre que el que salía.

De esta forma, a cinco minutos del pitido final, Feghouli hacía con la izquierda el tercero en un contragolpe tras una excelsa dejada al primer toque de Negredo y el propio vallecano aprovechaba la falta de intensidad defensiva de Martins para batir a Roberto de cabeza tras un envío desde la izquierda de De Paul. Dos goles prácticamente consecutivos que dejaban al Granada, ya sin orgullo, sobre la lona. Se arriesgó poco y se perdió mucho más que los cuatro goles encajados: alarmantemente inofensivos. Mucho tienen que cambiar las cosas de cara al jueves, donde la victoria es más que obligada.