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El que en periodo navideño parecía el mejor equipo del mundo se desinfla en 2015

Hay que remontarse muy pocos meses atrás en el calendario para encontrar a un Real Madrid eufórico, en el que Isco brillaba con luz propia, Cristiano Ronaldo seguía goleando y los debates en torno a figuras importantes como Benzema y Casillas parecían prácticamente extinguidos. La eliminación copera ante el Atlético y la posterior goleada sufrida en el Calderón en competición doméstica, unida a los “patinazos” en San Mamés y en casa ante el Villarreal, pusieron en la picota a un equipo que llegó al Camp Nou con la obligación de ganar. Y no lo hizo.

Los blancos se emborracharon de éxito con la consecución del Mundialito de clubes y esa canción que compañeros de trabajo y prensa repetían por doquier: “el mejor equipo del mundo”. Y probablemente llegó a serlo, durante semanas. Sin embargo, el mejor equipo del mundo estaba corriendo un riesgo. Su motor, Toni Kroos, no descansaba. No se le exige al alemán un excesivamente amplio radio de acción ni llegada al área. Se le pide estar ahí, como si eso no cansase. A día de hoy, Kroos sigue dando prueba de su nacionalidad y no pincha. Sí lo hiceron sus compañeros Modric y James, haciendo que el “8” conociera la soledad y, el mundo, una nueva versión de Isco. La del esfuerzo.

Sin embargo, costaba armar el mismo equipo que en diciembre imperaba. Illarramendi no estaba a la altura y se fichó a Lucas Silva sin que tampoco llegase a solucionar demasiado. El Madrid se partía y afloraban las dudas y los cuestionamientos. Los superpoderes de la ‘BBC’ pesaban demasiado en el tronco de un 4-4-2 que ha sido el mejor sistema desde que Ancelotti llegase a la Casa Blanca. El más equilibrado, partiendo de la base de que Gareth Bale se supiese centrocampista y no delantero. Hacérselo saber se reveló como una tarea difícil.

La brillantez del Madrid quedó reducida a chispazos de Isco, quien seguía recibiendo ovaciones tanto en el Bernabéu como fuera a la vez que su equipo arrugaba el gesto al no reconocerse sobre el césped. Los problemas físicos de Pepe y Ramos restaron autoridad a la zaga y pronto al Madrid se le comenzó a faltar al respeto, siendo el Schalke 04 el que llegó más lejos. Hizo cuatro goles en el coliseo merengue y si el partido se hubiera alargado cinco minutos más habría llegado a cuartos de final de la Champions League.

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El escenario era dantesco. Casillas volvía a estar cuestionado, Ronaldo cada vez parecía más estático y la mano blanda de Ancelotti firmaba portadas deportivas. Entre la bruma, una buena noticia: Luka Modric volvía al equipo. El mejor soldado de Ancelotti, el ojito derecho de la grada junto a Isco, para la misión más difícil: recuperar la credibilidad en el mejor escenario, el Camp Nou. Perder dejaba la Liga a cuatro puntos, una distancia imponente entre equipos de tronío, visto el nivel medio de la competición.

Con una dignidad indiscutible, pero el Madrid hincó la rodilla. Recuperó una de sus mejores versiones pero el gol de Luis Suárez, previo desajuste de la zaga incluido, desmontó un buen castillo de cartas que hasta entonces dejaba más próximo el gol visitante que el local. El fútbol fue fiel a sus leyes no escritas: el que perdona termina pagando. El castigo fue duro y desde la maravilla del uruguayo, el Madrid no fue el mismo. O mejor dicho, fue el que venía siendo desde febrero. Un equipo más bien partido, al que no resulta difícil crearle ocasiones. En Barcelona, para colmo, quedó patente otro mal ya irreconducible: la plantilla es corta y los recursos limitados. Hombres como Jesé o ‘Chicharito’ Hernández no están a la altura. Quizás porque les han hecho sentir que no pueden estarlo.

Florentino Pérez ha aprovechado el parón por fechas FIFA para anunciar el fichaje del lateral derecho Danilo, que llega del Oporto por más de treinta millones superando a Sergio Ramos como defensa más caro de la historia del club. Ante el Granada el domingo, Ancelotti no podrá contar ni con Pepe –diez días de baja- ni con el sancionado Isco, que cumple ciclo. Hay que imaginar a un Granada con el cuchillo entre los dientes, porque en la espalda tiene la muerte. En este momento, los dos tienen mucho que perder. Sólo de uno no se espera nada.