El mediocentro catalán cuaja por fin al ser ubicado en su sitio, junto a otros factores

Es estimulante observar a alguien encajar. En una familia, en la vida, en el universo. En un equipo de fútbol. La pieza hace ‘clack’ y entra; uno aleja la vista y contempla una escena coral, armoniosa. Sergi Samper se ha encontrado en el Granada. Ahora tiene sentido.

Fue la contratación más sonada, además del ecuatoriano travieso. Era, y sigue siendo, un jugador deseado para el futuro en el mejor club del siglo XXI, el Barcelona. Su sangre es blaugrana; sobre todo la que le riega el cerebro. Piensa culé, sólo tiene una forma de concebirlo. Fue eso lo que le ha fallado estos meses, más allá del físico. Jugar para el Granada es para él como hacerlo en campos de tierra; un fútbol duro, de trinchera, igualado y a menudo en el bando inferior. Lejos de la filosofía blaugrana, de sus autores y sus libros.

Sus primeros días fueron lastimosos, pese al buen impacto en Las Palmas (no era difícil mejorar la circulación que había). Le costaba. Demasiado. Jémez se percató y lo alejó de los focos tras haberle puesto a presidir sin saber el idioma. Incapaz de ganar un balón dividido, perdido en el doble pivote, sus cualidades asumidas  como parte de la biografía se habían perdido por el camino. Su frustración y dolor personal en una camilla al terminar el partido ante el Eibar.

▷ Leer  Un Granada irreconocible sucumbe ante el Valladolid (1-3)

A Lucas Alcaraz, al llegar, no le gustó demasiado lo que vio. El tiempo ha respondido y el chico demuestra haber hecho los deberes. Samper es otro, aupado por un cambio de sistema que le lleva a donde juega desde que cambió los dientes. Entre centrales, recibiendo con un ángulo de visión amplísimo. El apoyo (que parece) sencillo. El apoyo que es clave.

Samper ha crecido: a lo alto y a lo ancho. Ha ganado peso, y el Granada es mejor con él. Ahora incluso muerde. El alumno ha aprendido la garra aunque no sea un valor de su escuela madre. En Málaga lanzó al equipo arriba, persiguiendo los puntos como un sediento el agua. Ya sabe de qué va esto.

Foto: Granada CF || Pepe Villoslada