Mi padre siempre me ha dicho que «los últimos algún día serán los primeros». Quizá por el tiempo que ha ido pasando desde la primera vez que me lo hizo saber, ha ido perdiendo las ganas de recordármelo. Pero yo nunca lo olvido. Siempre tengo presente que pese a las circunstancias, pese a que parezca que no hay modo de revertir esa situación que te coloca al final de una espera que parece inagotable, siempre hay algún modo de escalar posiciones.

Desde que lo sé, la vida en general y el fútbol en particular los veo de otro modo. Yo, que nunca he sido muy ducho con el balón en los pies, he pecado de iluso creyendo que la vida haría bueno el dicho de mi padre y me colocaría entre los mejores de la pachanga de turno. Al menos, a falta de calidad, siempre le he puesto ganas. Porque el fútbol a veces no es más que eso. Ir a cada balón como el que cree que no habrá nada después de eso. Por eso siempre me he sentido identificado con jugadores así. Y en este Granada hay dos futbolistas que me recuerdan que de último se puede pasar a primero.

Defenestrado antes de tocar un balón -práctica muy habitual a los pies de la Alhambra- Alberto Martín vino desde Leganés con las piernas temblando. Es normal, el calor de la meseta contrasta fuerte con el frío de Sierra Nevada y con lo frío que puede sentir uno cuando suena un murmullo en la grada antes de que puedas dar un pase bueno. Tiritando, tan solo sus compañeros y José Luis Oltra se atrevieron a darle abrigo. Consciente este último que era su prolongación en el campo. La empresa que le tocaba no era en absoluto cómoda. Bailar con la más fea. Sustituir a un Baena que nació de pie al amor de Los Cármenes. Pero ante el Huesca, Alberto Martín pasó a llamarse don Alberto. Pues su fútbol dejó de temblar para ganar confianza y hacer suyo el equipo.

El otro jugador, se pueden imaginar cuál es. Con la definición que he dado de mi poca capacidad para jugar al fútbol compensada con algo parecido a garra, parece fácil de resolver la ecuación. Pierre Kunde o el chico ese de las rastas que parece que no se canse y que parecía no tener hueco en este equipo. Me contaban no hace mucho que Tomé, exentrenador del Granada, decía de Nyom que tenía tanta potencia, corría tanto y por eso se precipitaba, que prefería que llegase cansado al partido. Quizá el bueno de Pierre está aprendiendo a agotar sus impulsos descerebrados para empezar a mostrar el mucho y buen fútbol que tiene en sus botas. Pues de garra no va falto. Al Huesca, junto con don Alberto, lo tumbaron. Le noquearon como acierta a decir la crónica de esta web. Pues fue un golpe tras otro. Un despliegue físico y mental indecible.

No olvido lo que decía mi padre. De ahí mi querencia por este tipo de jugadores. Quienes llegan sabiéndose por detrás y reman hasta encontrar la orilla. Lo lógico es que tanto Alberto Martín como Kunde vuelvan a la suplencia en unos días. En la nave rojiblanca sus puestos parecen cosa de Baena y Montoro. Pero Oltra ya premió a Martín cuando había quienes daban por hecho el regreso del exrayista tras su lesión. Quizá porque el técnico del Granada también ha escuchado de boca de su padre lo mismo que yo me repito cuando algo parece que no saldrá: «No olvides que los últimos, algún día serán los primeros».