La salida de prisión del ex presidente del Granada CF no ha hecho sino avivar el fuego en torno a su figura. Las transcripciones de las escuchas de su teléfono desenmascaran un poco más la trama de corrupción económica que escondía su relación con los Pozzo y varios clubes de fútbol 

La noticia saltó a principios de esta semana. Quique Pina quedaba en libertad, por el momento, tras una segunda declaración ante el Juez. En ella, como era de esperar, volvió a aparecer el nombre del Granada, a raíz de la presidencia que ostentó el murciano en prácticamente la última década. Según el diario Granada Hoy, el señor Pina se mostró firme en su defensa con respecto al período de tiempo en que ocupó el sillón presidencial de la entidad rojiblanca. En su declaración defendió una gestión limpia del club nazarí, al que salpicó la «Operación Líbero». «Sólo firmaba lo que me decían», llegó a decir el empresario al que, recordemos, se le achacan los delitos de blanqueo de capitales y fraude a Hacienda, entre otros. Su figura está siendo la principal en la investigación, si bien parece ser sólo la punta de un iceberg de blanqueo y fraude fiscal que utilizó el deporte como vehículo y tapadera a su vez. Cuando la policía fiscal tiró de la manta, Pina fue el primero en ser buscado y detenido para evitar un más que posible riesgo de eliminación de pruebas, según comentaron numerosas veces las fuentes policiales. Realmente, como expone Granada Hoy, lo que primaba en el momento de su detención era alejarle de su entorno para que no los instruyera o coaccionara de cara a posibles interrogatorios. Es importante aclarar la importancia que los amigos y socios de Pina tendrían y tienen en la operación en marcha, pues algunos han actuado como testaferros en sus escabrosas operaciones. José de la Mata, juez ante el que hubo de declarar el murciano, le dio la oportunidad de declarar por segunda vez para incidir en ciertas cuestiones y clarificar las contradicciones que pudieron darse. Tras este segundo alegato, Quique Pina era puesto en libertad, algo que parecía a priori una cascada de agua fría sobre el volcán que es ahora la vida de Pina y su entorno. Pero nada más lejos de la realidad, pues la libertad provisional llega después de que el magistrado recopile numerosos documentos y pruebas, entre las que se encuentran las declaraciones de gente involucrada de una u otra manera en la «Operación Líbero». En su auto, el juez señala que existen «notables contradicciones» entre las declaraciones de Pina y la versión de aquellos que declararon después de su entrada en Soto del Real.

Entre esas pruebas que el juez ya tenía mientras Pina defendía su inocencia en todo lo referente al blanqueo de capitales y fraude, se encuentran escuchas de conversaciones telefónicas que el murciano habría mantenido con socios y colaboradores. Granada Hoy incide en que Pina sabía de qué hablaba, hasta el punto de hablar sin reparos sobre maletines millonarios escondidos en su casa familiar de Murcia. Hace poco, Pina estaba en negociaciones para incorporar a sus clubes el IASA uruguayo, con el que sus operaciones pseudofutbolísticas habrían continuado por los mismos derroteros. «Lo que yo quiero es que el club sea mío, pero que el día de mañana pueda decir que no tengo nada que ver» llegaba a decir Quique Pina, en una prueba inequívoca de las intenciones que el ex presidente rojiblanco tenía para con la sociedad deportiva charrúa. También explica el desarrollo de las operaciones que mantendría con el Cádiz, pretendiendo que la entidad andaluza, sin conocerlo, pagara al club uruguayo por los servicios de tal o cual jugador. En esa operación, Quique Pina saldría ganando siempre. «Entre Watford, Udinese y Granada se han hecho más de 100 operaciones» confesó en una conversación pinchada el empresario, que añadió «puedes tener problemas, pero si nadie denuncia…». Fuentes policiales aseguran que las escuchas tuvieron lugar entre diciembre de 2017 y este mismo enero, encontrándose las confirmaciones a diversas sospechas que sobrevolaban a Enrique Pina Campuzano. Este trató, como informó Granada Hoy, de hablar con cautela y hasta en clave para no dar indicios, pero no siempre lo consiguió y en conversaciones recopiladas por los servicios policiales frente al fraude, se da a entender su relación con las comisiones por traspasos, la compra de voluntades, los engaños a jugadores y hasta a presiones ejercidas contra algún deudor. También preocupa que en esas escuchas se pueda evidenciar la influencia sobre ciertos periodistas, a los que pedía favores de autopromoción y lavado de imagen. Una trama de la que Pozzo, a pesar de su aparente divorcio en materia de negocios con Pina, no consigue salvarse, pues en las escuchas telefónicas se entiende que ambos siguen haciendo operaciones con contratos de jugadores extracomunitarios que trataron de colocar en el Cádiz CF.  Tal era el rizo que, según información de última hora de Granada Hoy, una nueva trama de fichajes en Malí, que llegarían al club gaditano con fondos ucranianos y a través de contratos con la mencionada entidad uruguaya.

Con respecto a su figura en clave rojiblanca, Pina sostuvo en ambas comparecencias haber sido un gestor deportivo que cogió al Granada con una deuda de 12 millones de euros y lo ascendió deportiva, social y económicamente. A pesar de todo, operaciones que el murciano concretó, como la venta de Siqueira al C.Atlético de Madrid, si fueron motivo de cuestión, ya que Pina se habría comprado un yate a través de movimientos como la sponsorización de la camiseta y el club Eldense por medio. No obstante, Pina negó haber comprado el barco a través del Granada, sino que lo consideró una compra familiar hecha con los fondos de Calambur, empresa de su hermana. «El Granada no tiene nada que ver con el yate, aunque sí fue un error asegurar a los trabajadores de mantenimiento del barco como empleados del Granada y no de Calambur. Pero el Granada lo sabía, no he hecho nada sin que el club lo conociera».  Algo más difícil de desenmarañar es el entramado que Pina, los Pozzo y otros actores en el caso han creado para beneficiarse de operaciones de mercado futbolístico -esto es la compra-venta de jugadores y sus derechos federativos-. Es ahí cuando Pina echa balones fuera y acusa de blanqueo, si es que lo hubiere, a los fondos de inversión a los que pertenecían ciertos jugadores de ese triángulo que establecían Watford, Granada y Udinese. «Yo firmaba contratos con esos fondos, pero no he blanqueado dinero y hacía una gestión deportiva de un club cuyas cuentas y fondos están registrados por Hacienda y la Liga Profesional de Fútbol», declaró Pina. También se eximió de culpa con respecto a las sumas abonadas o recibidas por los traspasos en sí, colocando de por medio a otros gestores -económicos y fiscales- del club, como por ejemplo Jordi Trilles. «No sabía ni tengo ni idea de el funcionamiento fiscal del fondo, pero sí que era aprobado por la Liga y que una parte del traspaso era para el club y otra para el fondo de inversión».

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Aún quedan muchas incógnitas en el aire, como el grado de importancia que adquiere el servicio de scouting del club y las empresas Calambur -cuya posesión y dirección regenta la hermana de Pina- y Grup Serton 33, ya que el ex presidente del Granada volvió a mostrarse al margen de las operaciones fiscales que esas empresas hicieran. Sin embargo, sí reconoció Pina haber revisado los informes que Calambur hacía; «Yo revisaba los informes de mi hermana para formarla y ayudarle, pero no estaba dado de alta en Calambur ni cobraba por ello. Al igual que no he tenido ninguna participación económica en los fondos de compra de jugadores«, declaró un Quique Pina que «disfruta» de la libertad provisional mientras su nombre acapara todas las portadas referentes a la corrupción.

Foto: ABC