Nadie sabrá que hubiese sucedido si en los últimos encuentros la fortuna hubiese estado al lado de los nazaríes; quizá el rumbo y las palpitaciones sería totalmente diferentes a las actuales. Incluso podría tener la oportunidad de desbancar al fatigado Huesca de los puestos de ascenso. No la descarten tampoco, una victoria con Morilla acrecentada por los resultados que se obtengan en el Sporting-Rayo y Cádiz-Huesca volvería a impulsar las miles de corazonadas rojiblancas.

El Granada destituyó a José Luis Oltra provocando un giro abrupto en el proyecto a corto plazo que diseñaron Jiang, Salvador y Monterrubio como cabezas visibles de la entidad deportiva. Imaginen la siguiente situación: un descuento en Lugo sin gol rival, un penalti anotado por Darwin Machís, problablemente el mejor jugador de la categoría, o una acción de Javi Varas caracterizada por la seguridad, los defensas podrían haber ayudado pero no lo hicieron. La suerte elegía ser buena, mediocre o pésima; el resultado fue desastroso. Tres hechos que pudieron ser pero finalmente no fueron, una balanza donde el peso de lo extraordinario desequilibró a las situaciones normales. En una escala de 0 a 9 puntos, los granadinistas se llevaron la peor de las puntuaciones, un rosco; típico postre cofrade que significó una mala digestión en el granadinismo durante la semana previa a la más grande.

Tres consecuencias del juego, un trío de detalles que colmaron el vaso de una temporada que, a priori, parecía positiva con el equipo situado en la quinta posición, una plaza que cualquier conjunto de la categoría firmaría porque otorga la anhelada licencia para soñar con el ascenso a la mejor liga del mundo, porque no existe otra mejor.

Este hecho es distinto en la ciudad de la Alhambra, seguramente el error más relevante del curso 2017/2018 ha sido la obsesión proyectada desde la columna vertebral del club mencionando el ascenso directo como una obligación porque al final suceden cosas del fútbol que luego se traducen en nervios dentro de la entidad. Durante el inicio de la campaña, existían dos conceptos fijados como objetivos: ascenso o ascenso directo, finalmente se decidió por el directo. También se habló de volver a la élite por la vía larga pero quedaba mal vista y la obsesión se centraba en buscar la vuelta a Primera subidos a un monoplaza de Formula 1, siempre que no fuese el Mclaren-Honda.

El Granada mereció bastante más aunque volvió a repetir vicios del pasado como la inseguridad defensiva, los errores a balón parado, la falta de eficacia y el colapso de ideas cuando la situación los colocaba contra la espada y la pared. Los suplentes ni estaban ni se les esperaba, la batalla perdida por Oltra que siempre presumió de tener la mejor plantilla de la categoría. No era el momento para ejecutar el cese, aunque pudo ser antes. Jugarte la temporada con la carta del ascenso directo provoca decisiones marcadas por el vértigo que pueden salir francamente mal o magníficamente bien. Ocho puntos de brecha con los puestos de oro, cuando parecía que otra vez era posible, han levantado el alarmismo en el club y la afición. Ha quedado patente que a la plantilla le ha venido grande mantener la regularidad que imponían los dos primeros clasificados, cuando acariciaba el objetivo volvía a tropezar. El equipo ha aterrizado en el momento clave de la temporada en la peor situación anímica posible.

▷ Leer  El Granada vuelve a sonreír en liga (2-1)

La directiva ha sido cauta por miedo a la impredecible magnitud de los cambios profundos a escasas jornadas de evaluar el proyecto en la gran reválida del club. Decidieron apostar por dar continuidad a las ideas preestablecidas y elegir un cambio descafeinado que conociese a los jugadores, incentivase al banquillo e intentara suturar la herida defensiva. El encargado será Pedro Morilla, se lo ha ganado a pulso tras su brillante campaña con el filial. Morilla consiguió que el Granada B compitiese en todas las plazas del fútbol de bronce, un punto significativo en su haber. Rafilla Morales, un técnico de Albolote y criado en la casa, ocupará el puesto del sevillano en el segundo equipo. El trabajo empieza a prosperar con los primeros frutos cosechados desde las categorías inferiores. El fútbol provincial esboza una ligera sonrisa. La de vueltas que da el fútbol, lo que ha provocado un penalti de Machís lanzado a la cruceta.

Foto: La Liga