Como si de los últimos versos de un fado se tratara, la temporada del Granada va llegando a su fin entre la nostalgia y la melancolía del que creyó poder y no pudo. Los rojiblancos, con Portugal al mando, fueron un equipo de más a menos, inocuo y extremadamente frágil en defensa. La segunda parte, un diluvio de juego rayista que hunde a los granadinistas en el más absoluto pesimismo. Sin margen, sin esperanza. La corazonada se apaga

El Granada es como ese fado triste. Un canto que suele acabar mal, aunque durante algunos tramos parezca todo lo contrario. La ilusión, la esperanza y la vida en definitiva, van y vienen, van y viene, hasta que una vez va y ya no regresa. O al menos esa es una de las máximas que maneja el mayor exponente artístico de la música lusa. Portugal, el país, sabe lo que es caer y levantarse. Ya sabe también Portugal, el entrenador, lo que es caer defendiendo el escudo del Granada. Aunque, de momento, lejos queda cualquier revolución. Ni de fútbol, ni de claveles.

Miguel Ángel Portugal debutaba con un primer reto de envergadura. Triunfar y sentar las bases del milagro o caer en su intento por cambiar la dinámica, encima ante un rival de la entidad del Rayo Vallecano. Los de Míchel llegaban a Los Cármenes como segundo clasificado –aunque llegó líder al comienzo de la jornada- tras el Huesca. No sorprendió demasiado el entrenador del cuadro vallecano, con Raúl de Tomás como principal atracción y la presencia en portería del capitán Alberto García, que arrastraba molestias. Tampoco se notó el cambio de entrenador granadinista en el once inicial, pues solamente volvió a modificar la portería, regresando Varas a la titularidad. El resto, es lo que veía colocando Morilla sobre el tapete. Kunde repitió como mediapunta y volvió Víctor Díaz tras cumplir sanción por su acción ante la Cultural. La afición acudió, salvando el escollo de jugarse el encuentro en día laboral. Especial mención merece el tifo que prepararon desde la Asociación de Peñas del Granada CF. Una pancarta en la que los rojiblancos eran Ikki, el caballero del zodíaco perteneciente al Fénix para “resurgir de las cenizas y contarlo”.

Los dos equipos no alargaron demasiado esos minutos de tanteo y, aún con respeto, ejercieron una presión muy adelantada para asfixiar la salida de balón del contrario. Con un ritmo alto, el Rayo fue el que tomó de primeras la iniciativa con dos buenas combinaciones que acabaron en sendos saques de esquina, una de las caras más preocupantes del Granada en los últimos partidos de Oltra y los de Morilla. Así, en un centro muy cerrado, la defensa se quedó de piedra y un jugador rayista apareció en el segundo palo para rematar a bocajarro. Javi Varas intervino como un portero de balonmano para tapar el disparo, aunque la jugada había sido invalidada previamente por mano de Raúl de Tomás. El mayor exponente de peligro vallecano vio además la amarilla por la acción. El Granada trató de cuidar más el esférico que en su etapa con el sevillano Morilla, pero no terminaba de cuajar la figura de Pierre Kunde como mediapunta, por lo que la mayor parte de juego se derivó a las bandas. En una gran aproximación por derechas, Agra centró y encontró a Machís en la frontal. Su disparo, que parecía tener muchísimo peligro, se estrelló en el cuerpo de un compañero. Los de Portugal siguieron presionando arriba, aunque su mejor jugada llegó precisamente desde atrás, en un balón largo de Montoro que corrió Kunde sin oposición. El camerunés se plantó sólo en el área, aunque no estuvo demasiado escorándose tanto y, finalmente, en un remate que salió excesivamente mordido. Respondería el Rayo con un latigazo desde la frontal de Unai López. Varas estuvo atentó y sacó la mano para evitar que se adelantaran los visitantes. Fue, desde esa intentona vallecana, el principio de los mejores minutos del Rayo, a pesar de que el Granada no reculó y trató de mantener el plan establecido por su nuevo entrenador. Raúl de Tomás, al saque de un córner, y de nuevo Unai López tuvieron dos ocasiones  de peligro. La segunda, en concreto, privó de la respiración a la grada. El disparo de Unai rebotó en un zaguero rojiblanco y se le complicó sobremanera a un Varas bastante entonado en el primer tiempo.

El ataque rojiblanco, en su intento por frenar el avance visitante, se precipitó en jugadas que pudieron comportar mucho más peligro del que acabaron teniendo. Agra puso un centro muy pasado que no conducía a nada, sin percatarse de que Víctor le doblaba. Un pase habría dejado al lateral prácticamente en zona de remate o asistencia de gol. Naturalmente, con el paso de los minutos, el rimo del partido bajó y el equipo de Miguel Ángel Portugal recuperó el equilibrio y las buenas sensaciones, ganando presencia en la medular. Machís volvió a hacer de las suyas para mal de un Baiano superado completamente en el uno contra uno. El venezolano puso después un balón muy interesante al que, para mal de los rojiblancos, no llegó Ramos. Precisamente el colombiano pudo ser objeto de penalti en una jugada individual más que prometedora. Se marchó de su par y pareció ser derribado por un rayista que llegaba en la ayuda.  Bebé, con un disparo muy lejano, fue el último del primer tiempo en llamar a la puerta del gol. Puerta que cerró con dificultades el guardameta del Granada. Así se llegó al descanso.

Ni la lluvia, que comenzó a caer a mansalva durante el receso, quiso perderse los últimos 45 minutos de lo que era un partido decisivo para los rojiblancos. El público abandonó sus asientos para resguardarse en los vomitorios de la manta de agua. Javi Varas tuvo que aparecer muy pronto para evitar la más clara del encuentro. En el minuto tres del primer tiempo, un gran centro de Álex Moreno fue a caer a las botas de Raúl de Tomás. Su remate en el área chica fue centrado y no muy potente, por lo que Varas pudo, en un alarde de reflejos, sacar el balón con la pierna justo en la misma línea de gol. Y es que sí fue preocupante el inicio de la segunda mitad, con un Granada perdido en el campo con balón y endeble sin este. El Rayo acumuló llegadas, rondando con facilidad el área local. Por ello Portugal quiso cambiar el sino del partido introduciendo a Espinosa por Kunde. El Granada perdía músculo, pero ganaba juego entre líneas. En esas llegó el mazazo del Rayo por parte de Bebé. Un disparo desde la frontal tocó césped y se aceleró hasta sortear a Varas e introducirse dentro de la meta (0-1). Con media hora por delante al Granada solo le quedaba tirar de epicidad para darle la vuelta, no sólo al encuentro, sino a la temporada. Y a punto estuvo de hacerlo en una buena jugada que luchó Víctor Díaz y remató fuerte y al centro Javi Espinosa. Alberto apareció colosal para detener el duro chut con las piernas en lo que era el empate. Pero a renglón seguido llegó la sentencia. Duro. Muy duro, pero de nuevo previsible. Raúl de Tomás tiró un desmarque de libro y se internó en el área para servir el segundo a Óscar Trejo. El Granada perdió el pulso tras el segundo gol. Lo intentó por orgullo, pero sin nada que reseñar con la pelota en movimiento. Apenas un disparo de Machís tras un centro pasado de Pedro, que dio descanso a Agra, puso en problemas al Rayo. Y, para colmo, la jugada venía de un falló grosero de un central a la hora de sacarla jugada. Porque el equipo rojiblanco no podía crear peligro con una tara de enormes proporciones a la hora de dar un pase. El ridículo pudo ser mayúsculo en una jugada del Granada en ataque que acabó estrellándose en el larguero de Varas. Dos pases bastaron para que Raúl de Tomás se quedara sólo con Varas corriendo hacia atrás porque le separaba un mundo de su meta. Probó desde el centro del campo lo que habría sido el gol de la jornada, pero la madera evitó el tercero. La afición, ya con el segundo gol y empujados también por el mal tiempo, comenzaron a abandonar el estadio consternados. Fuera del estadio acabó también una volea de Machís, que recibió un balón colgado en el segundo palo.

La fiesta en las gradas la pusieron los valientes aficionados que se desplazaron con el Rayo desde Madrid, que disfrutaron de una victoria que les acerca más a Primera. Javi Guerra, que acababa de entrar en el campo, pudo ahondar en la herida rojiblanca con una nueva jugada en la que la zaga rojiblanca tiró muy mal el fuera de juego. Guerra no definió bien y mandó el balón fuera cuando todo era meta.

El Granada está lejos de ser un equipo aspirante al ascenso. Ya no son sólo sensaciones. Ya lo refrendan los números. Es altamente improbable que los rojiblancos regresen a Primera. Los últimos coletazos de una corazonada débil que se ha ido parando con el ir y venir de una competición quizá infravalorada desde el principio. Como en los fados, todo pintaba bien aún dentro de la melancolía. Sin embargo, el Granada acabará la temporada sin querer hacerlo, como ese lamento musical que se va apagando hasta morir en silencio para quedar sólo en el recuerdo de quien lo oye, lo vive y lo sufre.

FICHA TÉCNICA

Granada CF; Javi Varas; Víctor Díaz, Chico Flores, Saunier, Álex Martínez; Montoro (Joselu, 77´), Alberto Martín; Agra (Pedro, 70´), Kunde (Espinosa, 57´), Machís; y Adrián Ramos.

Rayo Vallecano; Alberto; Baiano, Ba, Dorado, Álex Moreno; Trejo (Javi Guerra, 88´), Unai López, Fran Beltrán; Embarba (Armenteros, 72´), Bebé (82´) y Raúl de Tomás.

Goles: 0-1, Bebé (61´); 0-2, Trejo (67´)

Árbitro: Eiriz Mata, del colegio Castellano-Leonés. Amonestó a Raúl de Tomás (5´), Baiano (41´) y Ba (77´)

Foto: LaLiga