El nuevo entrenador de los rojiblancos horizontales es un hombre que gusta del buen juego. Una carrera dilatada en el tiempo y el espacio, enriquecida por aventuras exóticas y la variedad de retos a los que ha tenido que enfrentarse como entrenador y secretario técnico. Un asiduo en Twitter, donde comenta los partidos más relevantes. Libros, ponencias, análisis y un rincón web donde vacía su conocimiento futbolístico. Este es el experimentado inquilino del banquillo rojiblanco

Miguel Ángel Portugal es ya una realidad en clave rojiblanca. El nuevo entrenador del Granada llega en un momento crítico en lo deportivo, sin tiempo que perder -literal- y con un ambicioso objetivo que comienza a vestirse de utópico. A su nombramiento se le asignan ciertas etiquetas, aunque quizás las más importantes sean la de «experiencia«, «Real Madrid» y «fútbol exótico» por sus últimas aventuras en India, Bolivia o Argelia donde el fútbol no es sino un deporte en desarrollo. Pero quedarnos con eso sería rayar solamente la superficie de una figura que se casó con el deporte rey desde bien pronto. Portugal no ha dejado ni un segundo de destilar fútbol, aprender, enseñar y vivir a partir de este. No miente el que diga que se alejó de las ligas más competitivas, pero tampoco el que asegure su valía más que sobrada en lo que a experiencia y conceptos respecta. Portugal es un obseso -en el mejor sentido de la palabra- por su profesión y busca, constantemente, sentirse unido al balompié. Ya sea como entrenador, secretario técnico o ponente en diversas charlas, el nuevo entrenador rojiblanco es un apasionado de la teoría. O así lo deja claro en sus libros y conferencias, algunas de ellas muy destacadas por compañeros del gremio y analistas. «La evolución de los sistemas» o «Construcción de un equipo» son alguno de los ejemplos más reseñables.

Todo empezó en Burgos hace 62 años. En su barrio, con los amigos, comenzó a dar patadas a un balón tras pasar su más pronta infancia en el País Vasco. Fue ojeado por los cazatalentos del Atlético Burgalés, equipo que desarrollaría a Portugal. Hizo varias pruebas con el Real Madrid, antes de dar el salto con los mayores gracias al histórico Burgos. No se asentó en Primera y debió irse cedido al Mirandés, aunque el préstamo terminaría siendo una oportunidad de oro para Portugal, que pasó poco después a engrosar las filas del Real Madrid. Como le ocurriría más tarde siendo ya entrenador, Portugal pecó de inquietud y esperó un movimiento al Everton chileno tras no ser renovado por el Madrid, con quien levantó dos Copas y una Liga. El traspaso no se cerró y acabó, meses después, jugando en un Rayo Vallecano con el que descendió a 2ºB. Vivió la mejor faceta y la peor de este deporte en apenas dos años. Castellón y, de nuevo, su Burgos fueron los siguientes equipos en los que su carrera parecía difuminarse por las categorías más mediocres del fútbol nacional. Sin embargo, y cuando ya apenas se lo esperaba, el Real Valladolid lo fichó para devolverle al foco de la Primera División. Tras una lesión de menisco, Portugal acabaría sus días como futbolista cerca de Granada, enrolado en las filas del Córdoba CF.

Ya retirado, Portugal enfoca su carrera hacia los despachos, el scouting y la construcción de plantillas. Así, el mismo Córdoba lo contrató como director deportivo a primeros de los años 90, aunque Portugal cambió la ruta establecida y se pasó pronto a los banquillos. Fue avanzando escalones, desde el fútbol juvenil en Burgos hasta hacerse cargo de la cantera del Real Madrid, dirigiendo al juvenil y ayudando en el filial. Convenció al asumir el mando del ya denominado Castilla y entrenó a jugadores como Cambiasso, Mista o Álvaro Benito. Toledo y Córdoba supone un nuevo paso en la escalera, pues pasó a entrenar en 2ºA. Nunca se olvidó de cierta vocación por la enseñanza y la escritura, lanzando en el año 2000 su primer libro referente a la teoría del entrenamiento y su metodología. Lo completaría con otro libro editado en 2006.

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Los vaivenes de Portugal tenían, en muchas ocasiones, refugio en un Real Madrid al que siempre prestó sus servicios sin importar el cometido. Así volvió a la secretaría técnica y asumió más tarde el banquillo del filial. Dirigió por entonces una cantidad de talento exorbitante: De la Red, Negredo, Filipe Luis, Arbeloa, Jurado o Borja Valero son sólo algunos de los más destacados en esa hornada de La Fábrica. Pero lo mejor estaba por llegar. De nuevo con el beneplácito del Madrid, Portugal firma con el Racing de Santander para dirigirlo en la Primera División, seguramente sea esta su etapa más reconocible. El club cántabro hizo una de sus mejores temporadas (10º) y salieron a la luz los Zigic o Garay. El Madrid, de nuevo, llamó a Portugal para la secretaría deportiva. Ramón Calderón fue siempre uno de sus máximos valedores y confió en su criterio para construir en la parcela deportiva. No obstante, el regreso de Florentino Pérez dejó a Miguel Ángel Portugal fuera de juego y el Racing volvió a contratarlo como técnico. Tras una notable campaña, llega Aly Sayed y lo cesa. Las aventuras en Bolivia con el Bolívar, al que hace campeón de Copa y Clausura, y un breve paso por el Atlético Paranense y la Libertadores son uno de los puntos más álgidos en su carrera en diáspora.

Su vuelta a España, como ocurre hoy mismo, se debe al fracaso deportivo de un equipo llamado a regresar a Primera. Se trataba del Real Valladolid, aunque el margen era mayor y los pucelanos ocupaban puestos de descenso. Portugal reflotó la nave vallisoletana y lo alejó del descenso, aunque las dudas en torno a su cargo se acumularon con el paso de las jornadas hasta ser destituido poco antes de acabar la temporada. El exotismo llamó de nuevo a su puerta y, en lugar de buscar acomodo en algún club español, Miguel Ángel Portugal cogió un vuelo hacia Argelia para entrenar al Constantine. Los argelinos no cumplieron con las nóminas prometidas y Delhi llamó a la puerta. El nuevo técnico del Granada vivió en la India una aventura que trascendió lo deportivo. Llegó a un país consumido por la superpoblación donde el fútbol está lejos de alcanzar su cenit. Luchó contra la contaminación que asfixia a cientos de miles diariamente y contó su experencia a través de las redes. Entrenamientos a deshoras y con la obligación de portar mascarillas para poder respirar, haciendo de estas un elemento tan importante como las botas o los guantes en el fútbol indio. Una aventura distinta que se suma a la experiencia de un entusiasta del fútbol.

Miguel Ángel Portugal acostumbra a comentar y analizar encuentros de otros equipos. Lo ha hecho para diarios como Marca y también, por pura querencia, en su perfil oficial de Twitter (@maportugal55). Es en la red del pajarito donde deja sus más desenfadadas opiniones sobre encuentros como las semifinales de Champions League o la pasada Eurocopa del 2016. Un hombre con una bonita obsesión por el deporte que le ocupa. Un entrenador que, según dicen los jugadores que estuvieron a su cargo, gusta del buen fútbol y de llegar a los resultados dispensando un buen trato de la redonda. Un comunicador que, desde la calma y el mensaje de confianza, se gana a los vestuarios. Experiencia más que suficiente, toda una vida dedicada por amor al fútbol que ahora encuentra en Los Cármenes un vestuario desnutrido de autoestima, minado por fallos impropios del cartel que este plantel tiene colgado. La voz de un teórico del deporte rey, un analista empedernido, un enamorado de su profesión, es la última baza del Granada CF. Un trabajo en el que lo primordial será frenar la hemorragia defensiva, apuntalar lo que el coach psicológico comenzó y, por encima de todo, ganar. Sumar de tres en tres facilitará todo lo anterior, hará desaparecer los complejos y asentará los conceptos que, con celeridad y precisión, intentará aplicar Portugal a sus nuevos pupilos.

Su suerte será la de la corazonada.

Foto: goal