El Granada gana en casa y suma tres puntos que le mantienen en la lucha por alcanzar el remoto playoff. Para ello deberán venir muchos resultados de cara a los rojiblancos. Ante una afición cansada que acudió, en gran parte, para reprochar el doloroso fin de temporada, los de Miguel Ángel Portugal hicieron valer el golazo de falta de Álex Martínez. Las sensaciones, a pesar de la victoria, no mejoran lo suficiente como para creer en una reconciliación con la grada

El Granada volvió a vencer y lo hizo en casa, aunque el ambiente fuese hostil. Los rojiblancos se encontraron con una afición dolida que aprovechó el encuentro para desquitarse y pitar cuantas veces pudo al plantel, responsabilizándolos del fracaso deportivo que está a poco de cerciorarse. Álex Martínez fue el goleador del Granada gracias a una falta ejecutada a la perfección por el ex bético.

Portugal apostó por Germán en el eje de la defensa junto al habitual Chico Flores. Víctor volvió a ocupar el lateral derecho, después de que el crédito de Quini se viera reducido en Almería. El resto, el denominado once de gala a pesar de las circunstancias. Y es que la situación deportiva del Granada Club de Fútbol fue la protagonista absoluta, y no para bien. Quedaban diez minutos para el inicio del encuentro y el sol bañaba los muchísimos asientos vacíos que lucía el Nuevo Los Cármenes. La afición, más allá de lo que ocurriera hoy sobre el verde, había ido dictando sentencia a regañadientes durante las últimas semanas, acatando lo que las matemáticas aún decían pero sin creer en absoluto en la empresa rojiblanca. Además, la que acudió se dividió en dos, aquellos que animaban en base al sentimiento de pertenencia al escudo y los que se presentaron en el feudo nazarí para dejar constancia de su enfado con abucheos y, sobre todo, pitos. Y es que el hilo musical fue el del viento y los carrillos inflados desde la grada hacia el césped y el objetivo, común, el equipo primero y la institución después. No tardó demasiado en hacerse presente el enfado. Los jugadores se retiraban al vestuario tras haber hecho los típicos ejercicios de calentamiento y recibían ya la primera pitada. Algo tímida en comparación al reproche madre. Un descontento en forma de silbido que opacó el himno del club. Pocos y convencidos, los que entonaron el estribillo a capella. Los que más, optaron por pitar durante más de un minuto. El objetivo, sin duda, era reprochar el mal hacer de la plantilla en los terrenos de juego, aunque hacerlo durante el himno pudo no ser lo más acertado.

Ya con la pelota rodando, los aficionados siguieron pitando, excepto un reducto de la grada de animación que apareció para hacer las veces de poli bueno ante la general pitada. El Granada se hizo con la posesión, aunque sin mucho brillo ante el constante murmullo de la grada. La falta de cánticos o la poca gente que los entonó enfriaron el ambiente. En los primeros acercamientos y aciertos, por que los hubo, de los de Portugal, la grada apenas aplaudía. Menos con Kunde. «El único que se merece lo que sea«, se oía pocas filas más abajo de mi posición tras un duro disparo del camerunés que atrapó en dos tiempos Badía. Y es que tal era el silencio (no absoluto) que imperaba en Los Cármenes, que las conversaciones otrora perdidas entre el sonido del fútbol y su gente, se escuchaban con nitidez. «Normal que les piten» apostilló una muchacha que buscaba su asiento en la tribuna y era conocedora de la trayectoria reciente del equipo. El partido no era más que un telón de fondo en la tarde del sábado. De entre las familias menos habituales que estaban en Los Cármenes, brillaba la inocencia de los niños que acudían por primera vez. A ellos y ellas no les entra el enfado perenne en su diminuto cuerpo y ponían la nota de ilusión.  En el verde, el Granada pretendía dar buen trato al balón, aunque el centro del campo volvió a colisionar con una falta de creatividad alarmante. Mejor estuvo Pedro en una buena internada. El extremo puso un balón dulce a Espinosa, que remató con poco instinto asesino y se topó con Badía.

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Diez minutos más tarde, un pequeño que vestía la equipación turquesa (??) del Granada pedía a su padre que le comprara palomitas. «No, si me perderé el gol» bromeaba el padre mientras Ramos caía en la frontal del área visitante. El colegiado señaló la falta y Álex Martínez la ejecutó con maestría. La escuadra izquierda de Édgar Badía es testigo de ello y al hombre no le quedó otra que oír la reacción al tanto mientras esperaba que le despacharan las palomitas (1-0). Al golazo de falta del lateral zurdo le siguió un periodo de oscurantismo en el que el centro del campo retrocedió de más y Machís volvió a parecerse al de Almería, desacertado y torpe, pero voluntarioso. Así llegaron las dos ocasiones más claras para los de Aritz López. La primera, una gran jugada colectiva, acabó con un disparo muy cruzado de Vitor Silva. «Macho, con qué poco nos hacen daño. Ese otro te lo mete» comentaban cerca mía un grupo de adolescentes. El empuje visitante volvió a poner contra las cuerdas a los rojiblancos en un remate de Tito que la zaga acertó a despejar, no sin dificultades. El árbitro señaló el túnel para llegar al receso y, con el, de nuevo los pitos. 

La segunda parte fue un calco, con la afición tirando de ironía y coreando cada pase de los rojiblancos. Aún así, el primero en rozar el tanto fue Pedro, con un remate complicado que estuvo a poco de encontrar premio. Los visitantes, con campo por delante, acertaron a la hora de buscar las espaldas de los centrales. «Anda, anda. ¿Ahora qué?» decía un aficionado veterano ante un contragolpe que despejó Víctor Díaz cuando Menéndez pretendía poner las tablas. El Granada, con un Machís que sería sustituido pronto, respondió con dos ocasiones aisladas que acertó a desbaratar la zaga del Reus. Baena, al ser sustituido recibió una tímida ovación que apenas logró tapar la sirena del ya conocido «Papa Rojiblanco». A pesar de que muchos aficionados decidieron no acudir el partido, el vicario de Odion no faltó a su cita. El Granada seguía demostrando una enorme dificultad para traspasar las líneas rivales con el balón desde atrás. Sólo Kunde, con su característico ímpetu, lo hacía a base de gigantescas arrancadas. Al pisar el área de Édgar, la luz volvía a apagarse. «Así al Cádiz no le metemos» comentaba uno menos optimista que el reducido grupo de animación. «Sí se puede» y «Esta es la grada que te anima» sonaron como respuesta. Quizá por esa falta de acierto arriba decidió Portugal meter a Joselu por Espinosa, que lo intentó sin suerte y con la intermitencia que le lastró esta temporada. «Al portero, dásela a Varas» decían cuando Pedro se preparaba para sacar de esquina. Y es que el murmullo y los pitos se tornaron aplauso irónico cada vez que Chico y Germán mandaban el balón a Varas, en un claro ejemplo de lo imposible que le resulta al Granada armar la jugada desde campo propio. Para acabar, aplauso breve por la victoria y de nuevo, por si no había quedado claro, una sonora pitada con la que la afición despidió al equipo. Muchos resultados deben darse para que el Granada CF siga creyendo en el playoff de cara a la visita a Gijón. La afición, o al menos una parte bastante notable de ella, ya no tiene ni corazonada, ni paciencia.  

Foto: LaLiga

FICHA TÉCNICA 

Granada CF: Javi Varas; Víctor Díaz, Chico Flores, Germán, Álex Martínez; Baena (Montoro, 71´), Kunde; Pedro, Espinosa (Joselu, 79´), Machís (Salvador Agra, 64´); y Adrián Ramos.

CF Reus Deportiu: Édgar Badía; Miramón, Atienza, Tito, Álex Menéndez; Vitor Silva, Juan Domínguez (Guzzo, 74´), Gus Ledes, Yoda;  Lekic (Édgar Hernández, 74´) y Máyor (Fran Carbiá, 62´).

Goles: 1-0, Álex Martínez (17´)

Árbitro: Ais Reig, del colegio valenciano. Amonestó a Édgar Hernández (75´)