Victoria de oficio del Granada en Málaga gracias a un solitario gol de Ángel Montoro en un encuentro que sirve para acabar con el bache rojiblanco y que sume a los malaguistas en su propia crisis de identidad

Quienes disfrutan de este deporte tienden a exagerar. Es normal tratándose de un entretenimiento que despierta tantas emociones. Quizá por eso conviene sosegar de vez en cuando, remangarse los puños de la camisa y tirar de oficio. Para que la locura colectiva no le haga a uno perder el norte. Y si este Granada es el mejor equipo del sur de España en Segunda es gracias a Diego Martínez, el hombre que ha sido capaz de mantener la testa en su sitio, enseñar a los suyos a ser mejores y comprender cuándo puede llegar el invierno tras tres jornadas sin ganar, aunque lo hiciera al lado del mar. Que por algo es gallego.

Por eso, para evitar que el frío congelase las expectativas rojiblancas, el Granada de Martínez vivió una tarde mágica al son de sus mil invecibles en la grada de La Rosaleda. David Tenorio, el segundo de Diego, supo definir mejor que nadie en qué iba a consistir el encuentro ante el Málaga. En bajar al barro, luchar por cada centímetro y hacer que los aficionados nazaríes volviesen a casa orgullosos de su equipo. La empresa les salió bordada.

En lo referente al partido uno no puede destacar acciones individuales en ninguna de las dos partes del mismo. Y ese es uno de los mejores resúmenes del encuentro y de ambos conjuntos. Especialmente del Granada, donde el colectivo ha superado con creces a los versos sueltos y todo funciona coralmente. Esta vez solo falló la lesión de Álex Martínez en el minuto 15. Todo lo demás salió según lo planeado por Diego Martínez. Hasta presionar balón en campo contrario que fue lo más destacado en la primera parte de los visitantes a nivel atacante cuando Adrián Ramos remató con la izquierda empujado por las ganas de Vico y de los aficionados a la media hora de partido.

Porque el encuentro se jugó en el centro del campo. En una mesa en que los contendientes se sentaron a departir respetándose. A Ontiveros, que no entendió bien de qué iba la velada, le temblaron las piernas cuando más cerca estuvo su equipo de abrirle un agujero a la meta de Rui Silva que empieza a ser gigante cada fin de semana. Y por eso el malaguista acabó sustituido en el descanso. Porque en un duelo así no caben titubeos. Hay que ser certeros y poner las manos sobre el tablero. Que se lo digan a Germán, el central rojiblanco, que parece tener todas las respuestas ante cómo se pelea en una lucha obrera.

Montoro, que andaba buscando su suerte en La Rosaleda, fue el que mejor entendió la partida. Con su compañero de juegos Fede San Emeterio, más errático que de costumbre, el futbolista con apellido de ministro agarró la mesa, se levantó de la misma y miró por encima del hombro al malaguismo mientras lanzaba un zapatazo que tocó en Lacen y los enmudeció. Corría entonces el minuto 54. Poco antes de llegar a la hora, el Granada ya empezaba a faltarle al respeto al Málaga con el 0 a 1 en el marcador.

Tan irrespetuosos se volvieron los granadinos que hasta Muñiz, hombre de temple y elegancia, acabó bloqueado en el banquillo boquerón sin saber qué hacer. Confiando su suerte a un N’Diaye que no puede romper y coser a la vez. Porque ese tal Montoro seguía de pie mirándole a los ojos y flanqueado por otros diez tipos que le provocaban cierta intimidación. Los tipos, de porte atlético y carácter irreverente, se pasaron el resto del partido como desde que empezaron, haciendo todo lo que tocaba hacer. Sin cometer un error. Quizá por eso el técnico malaguista titubeó hasta el minuto 81 cuando ya se decidió a quitar a Cifuentes, un defensor y meter a un pistolero, Hakšabanović.

Pero para entonces los granadinistas ya se habían aprendido de memoria el guion de la noche. Les bastó con moverse danzantes por el césped malagueño. En una poesía visual y coral que no necesitaba de remates a puerta. Tan solo paciencia coloreada del himno del Granada al minuto 90 coreado por 1.000 almas en terreno visitante. Para entonces ya había caído la noche pero el sol brillaba más que nunca en los sueños del Granada. Quien empieza a creer que decir aquello de que la salvación es el objetivo parece sonar a excusa barata para no defraudar aspiraciones. Porque este diciembre, Málaga, la Málaga que fue europea hace dos días y que no había visto perder a su equipo en liga, fue rojiblanca.

Ficha técnica:

Málaga [0]: Munir, Cifuentes (Hakšabanović 81′), Diego González, Pau Torres, Ricca, N’Diaye, Lacen, Juanpi (Renato 61′), Harper, Ontiveros (Pacheco 45′) y Blanco.
Granada [1]: Rui Silva, Victor Díaz, Germán, Martínez, Álex Martínez (Quini 18′), San Emeterio, Montoro, Vadillo, Vico (Puertas 64′), Pozo y Adrián Ramos (Nico Aguirre 82′).
Goles: 0-1 Montoro (54′)
Colegiado: Soto Grande amonestó con tarjeta amarilla a Diego González y Hakšabanović en el Málaga y a Rui Silva y Montoro en el Granada.
Incidencias: partido correspondiente a la decimosexta jornada del campeonato nacional de liga en Segunda división. Disputado en La Rosaleda ante 22.998 espectadores de los cuales más de un millar fueron rojiblancos.