Isma Ruiz es la imagen que rompe definitivamente con el tópico de la cantera.

El primer compromiso de pretemporada dejó claro que la esencia del Granada que ascendió en Mallorca sigue intacta. Es hora de olvidar los fantasmas del pasado

Nunca es fácil volver a la acción tras un año mágico, dejando atrás tantas tardes gloriosas en las que el equipo brilló. Atrás quedan ya victorias como las de La Rosaleda o el Carlos Belmonte, por no hablar de aquel empate en Son Moix que sitúa hoy al Granada en uno de los focos del fútbol mundial. Es normal sentir miedo cuando se vuelve del trabajo  después de tocar el cielo porque sabes que lo lógico es caer derrotado el doble o el triple de veces que lo hiciste hace poco más de un mes. No sabes cómo reaccionará tu gente, tu afición. Por todo eso y algunas cosas más, los comienzos en Primera son más difíciles.

Lo que pasa es que hace ya un verano que llegó a Granada un hombre capaz de cambiarlo todo – y vaya si lo cambió −. Una especie de ‘Mesías’ que aterrizó en las faldas de la Alhambra con su lema por bandera, convencido a inculcarlo a toda una ciudad. Ese hombre es Diego Martínez, y con su “pasito a pasito” como insginia ha dirigido a toda una ciudad de vuelta a donde merecía estar, y que este verano, de la mano de Antonio Fernández Monterrubio y Fran Sánchez se están dedicando a desmontar los viejos tópicos de la afición nazarí, dentro y fuera del campo.

Todo esto parece no encajar mucho en el tema que nos concierne – el buen nivel que mostró el equipo en Marbella –, pero es fácil darse cuenta que la labor del vigués tiene mucho que ver. Habrá quien diga que ganarle a un Segunda inglesa por la mínima no es para tanto, y probablemente tengan razón; era de esperar. Lo que sorprende más es que con menos de una semana de entrenamiento juntos, Neyder y Duarte se comporten en el campo como si llevaran toda la vida jugando de rojiblanco. No es nada fácil compenetrarse con quien hace 45 días estaba peleando contigo por ganar la pelota, pero la nueva pareja de centrales lo hizo. Igual que tampoco es fácil calzarse las botas con 34 años y ganar en velocidad a tu marcador, dando una lección para jugar de delantero como lo hizo Roberto Soldado. Será verdad eso de que los viejos rockeros nunca mueren…

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«Pero son nuevos, si no corren ahora para ganarse el puesto no van a correr nunca…»

Bueno, es posible, pero ahí estaban también los Puertas, Montoro, Vadillo o Azeez. Tampoco defraudaron; y es que percibir el esfuerzo y la concentración de los dos extremos en cada acción o la intensidad del doble pivote nazarí produce una sensación de orgullo difícilmente expresable con palabras.

«¿Y la cantera, qué?»

Eso es algo que, estimado lector que lee esto con ese pensamiento, yo no podría responder. Mejor preguntarle a Isma Ruiz, uno de los cachorros del juvenil de Torrecilla, que el domingo peleó durante una hora con futbolistas que lo doblan en altura – algunos también en edad – como si llevara veinte años como profesional. Quizás Aranda, Butzke, Carlos Neva o Montoro puedan añadir algo al testimonio del joven Isma, que podría dejarse algo en el tintero. Un Isma que, por cierto, anda preparándose para formar parte de la Selección Nacional sub-20.

Resulta paradójico que, después de quinientas palabras derribando viejos tópicos de la afición granadinista, vaya a recurrir a uno de ellos, aunque este de nueva creación, para cerrar esta pieza. Estamos a principios de pretemporada, sí, pero todo estos cambios, esta actitud de la que estamos siendo testigos no son más que el resultado de la gran familia que hace ya un año comenzó a gestar Diego Martínez Penas.