Victoria rojiblanca en un partido marcado por las expulsiones de Jorge Sáenz y Fran Beltrán tras consulta con el VAR. Los de Diego Martínez supieron dormir el partido para llevarse la victoria

El Granada asaltó Balaídos en uno de esos partidos atípicos. Un encuentro que empezó a desnivelarse en el minuto diez cuando la primera de las dos intervenciones del VAR dejó con uno menos al Celta, que aún sufrió otra expulsión antes de que Germán adelantara a su equipo con un gran testarazo al filo del descanso. Tras la pausa, el cuadro rojiblanco encontró el 0-2 con un trallazo a la escuadra de Yangel Herrera y, a partir de ahí, el equipo de Diego Martínez inyectó una dosis de anestesia que selló la segunda victoria del Granada en liga.

Decía Diego Martínez en rueda de prensa que su vuelta a Vigo iba a ser especial, pero que más lo sería llevarse de allí los tres puntos. Con esa premisa en la cabeza, no cabe más posibilidad que la de salir con todo a por el rival. Así lo hizo, como siempre, su Granada, un equipo valiente, con personalidad. Pero, como ya dijera el profeta, no de esa personalidad que se muestra solo en las buenas. También cuando toca ponerse el mono de trabajo y bajar al barro. Esto puede resumir muy bien lo que se vio hasta el minuto 10 de partido en Balaídos: un Granada que salió muy enérgico y que cuando el Celta quiso apretar, tiró de la veteranía de sus hombres mas experimentados.

Roberto Soldado es uno de esos hombres y, además de experiencia, también tiene mucho fútbol. Fue la mezcla de todo esto lo que le ayudó a ganar a Jorge Sáenz la posición en un balón caído a banda. El joven central cedido por el Valencia cayó en el error sin ser esa su intención y pisó al delantero granadinista. Prieto Iglesias ni se inmutó hasta que desde el VAR le advirtieron de su error. Una vez se tomó su tiempo y revisó la jugada, expulsó al defensor celeste.

El partido entró en esa fase tan peligrosa para un equipo en superioridad numérica. Esa fase en la que sabes que el hándicap de tu rival va a acabar pesándole en algún momento y claro, te relajas. Por si no era suficiente, sobre la media hora de partido y sin que hubiera pasado gran cosa entre medias, Fran Beltrán fue plancha en alto a la disputa de un balón dividido con Antonio Puertas, corriendo la misma suerte que había corrido su compañero veinte minutos antes: otra revisión eterna, tarjeta roja y pausa para hidratación.

▷ Leer  Diego Martínez: "Siempre que nos ponemos la camiseta queremos ganar el partido"

El Granada se había relajado, eso era un hecho. Al menos así lo reflejaba su lenta circulación de balón. Los Montoro, Herrera, incluso Machís, estaban abusando demasiado de la pelota y les costó darle fluidez al juego. Un desafortunado Fede Vico también tuvo problemas para entrar en juego. Desafortunado porque ya en el descuento sufrió una lesión que, a juzgar por sus lágrimas, no pinta nada bien. Fue justo antes de uno de los córners con más historia de lo que llevamos de temporada, y es que la lesión del cordobés dio lugar a la entrada de Carlos Fernández. El sevillano entró tras dudar el colegiado si darle permiso para hacerlo y a la salida del córner apareció Germán disfrazado de Carles Puyol para fusilar de cabeza la meta de Rubén Blanco. Protestas celestes y jugadores a vestuarios después.

Herrera y la anestesia

El gol sentó muy bien al Granada, qué duda cabe, y el descanso, aún mejor. Los rojiblancos bajaron el telón por delante y perder la ventaja adquirida es un rasgo que no forma parte de este equipo. Así que con esa consigna saltó al segundo acto. El plan estaba claro: cabeza, gol y a dormir; y así fue. En un buen ataque posicional, Montoro circuló el balón hacia Yangel Herrera, que debió confundir el esférico con alguno de sus ‘haters’ y lo golpeó con virulencia para alojarlo en la meta celtiña tras reventar el larguero.

Hace ya unos cuantos años, la Familia Telerín instaba a los niños a ir a la cama, y no hace tanto, eran los Lunnis con aquello de «buenas noches, hasta mañana…» Esta tarde fue Herrera quien advirtió con su gol que ya era hora de dormir.Ya sabemos que el Granada es un equipo dócil, así que todos al ‘sobre’.

Quiso también Diego acordarse el viernes del combinado nacional de baloncesto, estableciendo un paralelismo entre los flamantes campeones del mundo y su equipo. Y como no podía ser de otra manera, el cuadro nazarí hizo lo mismo que la ‘ÑBA’, jugar con cabeza. El tiempo fue pasando mientras el rival intentaba dar la vuelta al marcado sin éxito y con impotencia, justo como la selección.

Tan solo en los últimos cinco minutos el Granada se hundió un poco en su campo, por lo que José Antonio Martínez, que aguardaba impaciente su oportunidad en la banda, tuvo que volver al banquillo para que fuera Azeez quien entrara al terreno de juego para cerrar el encuentro. De esta forma cerraron los nazaríes la segunda victoria de la temporada. La vuelta a Vigo de Diego Martínez fue tan especial como él quería.