En el oficio del periodismo, tan incierto -por no decir negro-, nunca están de más unas pocas certezas. Tampoco los amigos. Las certezas me las ofreció con menos de veinte años Álvaro, Álvaro López, el creador de GranadadaCFWeb, de mis primeros empleadores (sin remuneración, por descontado) y hoy uno de mis dos mejores amigos. Me recomendó Noe, Noelia Gómez, ahora en Granada Hoy, compañera de infancia en Salobreña. Todos teníamos en común la pasión por comunicar, en mi caso sobre todo por escribir. Había tanta pasión por la comunicación en ese primer grupo de batalla, ahora hace diez años, que a varios de ellos no les importó hacerlo sobre fútbol como primera oportunidad, gracias a Álvaro. A mí, claro, me vino como anillo al dedo.

Quien entonces era un desconocido y ahora un mejor amigo me ofreció lo que necesitaba, un espacio en el que desatar mi vocación sintiéndome parte de un equipo de jóvenes entusiastas con ganas de descubrirlo todo, con seriedad y compañerismo. Recuerdo que mi primera pieza, la de prueba, fue sobre Jeison Murillo y su temporada en la UD Las Palmas antes de regresar entre los rojiblancos ya en el primer equipo junto a Lucas Alcaraz. Por aquel entonces estudiaba Periodismo en la Universidad de Málaga y volvía muy a menudo los fines de semana con la principal motivación de disfrutar del Granada en Los Cármenes. Hubo alegrías y hubo disgustos. Tardes tristes y tardes alegres. A los noventa minutos de pasión forofa comenzó a seguirles el análisis lo más sosegado posible del que lo cuenta. Y con él, un estilo de vida.

Seguí escribiendo sin falta desde mi Erasmus en Rennes, sacrificando noches con potencial por describir la caída en picado de Joaquín Caparrós. En la habitación de al lado, fiesta y cubatas; en la mía, un velatorio y un par de tristes cervezas resignadas. No me quité del medio porque nunca lo sentí una obligación. Si acaso, una responsabilidad placentera e incluso egoísta. La de contar lo que pasa con la ambición, en segundo plano, de convertirme en quien mejor lo hiciera.

Álvaro y Noelia, junto a Leo y su inolvidable manual de estilo, Javi, Ropero, Franco, Eli o María, me dieron la confianza y el cariño que necesitaba para creérmelo, el material para armar la choza. En definitiva, alguna certeza (al menos para la autoestima) antes de acceder a un oficio que maltrata al entusiasta, tan precario y competitivo que lleva al recelo y la envidia. GranadaCFWeb me dio eso y más. No estaría donde estoy si no hubiera estado ahí. GranadaCFWeb no es un trampolín hacia el éxito periodístico, como alguno alguna vez creyó, sino una catapulta de vocación. Sonrío cuando la aprecio en quienes fueron recogiendo el legado. GranadaCFWeb me dio la ilusión de contarlo, de seguir a un equipo. La seguridad para perseverar hasta que cayera madura la fruta. Pero sobre todo, me dio amigos.