Dura derrota del Granada en Getafe en un partido negro para el equipo nazarí

Noche de brujas en la víspera del Día de los Santos para el Granada. Partidos como el de esta noche en el Coliseum Alfonso Pérez son los que demuestran que cuando el día no está para ti, no puedes hacer nada por cambiar es inercia.

El equipo nazarí aterrizó en la capital de España para después viajar hacia el sur de la misma. Envuelto en una extraña atmósfera, fruto quizás del día de Halloween, el Granada se presentó en Getafe con una alineación poco reconocible. Debutaba Köybasi, uno de los eventos que más esperaba la afición granadina, más por tener una referencia del turco que por otra razón. Otra cosa no, pero el ex del Fenerbahçe dio pautas muy claras de lo que puede esperar su público de él esta temporada. Cambio también de sistema, con tres centrales; y la vuelta de Adrián Ramos al once.

Si alguien esperaba un encuentro entretenido desde el inicio es que no ha visto más de quince minutos sesgados de cualquier partido de ambos equipos. Como no podía ser de otra manera, el tedio se instaló sobre el verde del feudo azulón y el Granada se asentó cómodo atrás, aunque inexistente en la delantera. Los de Bordalás se sintieron un poco extraños al tener que llevar la iniciativa. Fruto de eso nacieron los primeros nervios en el conjunto local que pronto empezó a llenar su carro con tarjetas amarillas, consecuencia de entradas feas y protestas. Contra todo pronóstico, Hernández Hernández realizó una labor bastante buena en la noche de hoy.

En el día de Halloween es habitual ver a dos grandes grupos de infantes por las calles: los que disfrutan de la festividad y los que, acongojados por los disfraces no pueden hacer más que llorar. Lágrimas han llovido sobre LaLiga desde la primera jornada por la norma del tendón de Aquiles, lágrimas azulonas, entre otras. De eso mismo se estará acordando Roberto Soldado que volvió a sentir los tacos de un rival en su talón, aunque esta vez sin sanción alguna. Entendible la rectificación de la norma, no tanto que Ángel no viera el camino de los vestuarios por la feísima entrada que realizó sobre Víctor Díaz en el ecuador del primer acto.

Por todos es sabido que el Granada no es un equipo que se desajuste muchas veces a lo largo de una temporada, pero esta era una noche en la que Murphy se paseó varias veces por delante del equipo nazarí para advertirle de que sí, su ley se iba a cumplir y todo iba a salir mal. Tanto que a falta de diez minutos para el descanso, Marc Cucurella recibió donde más le gusta y arrancó la conducción con destino Rui Silva. Martínez se cegó con el esférico y dejó solo a Ángel que recibió del catalán y batió por bajo al Gato de Aguas Santas.

Y es que cuando todo sale mal, el que nunca falla lo hace y Rui Silva, que es – y seguirá siendo – un seguro bajo palos, salió de su meta para intentar arreglar el fallo en la cobertura de Ismail y acabó encajando el segundo en una acción errática a balón parado. La primera en once jornadas para los granadinos. Ganas no le faltan al Granada (como conjunto) nunca y eso mismo demostró Eteki antes del intermedio con un latigazo que se marchó cerca del palo.

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Mejoría

Puertas reemplazó a Duarte y Quini volvió a pisar césped por Köybasi, volvió la defensa de cuatro y el Granada mejoró. Incluso Machís empezó a parecer ese jugador que a día uno de noviembre seguimos esperando todos, aunque su conato de rebeldía se quedó en eso, un conato.

Cerca en el calendario está también la Navidad, con el famoso anuncio de El Almendro en el que el protagonista vuelve a casa por las fiestas. Todos añoramos nuestro hogar cuando llegan estas fechas, y comprensible es también que lo haga Adrián Ramos, al que se le nota deseoso de volver al América, de volver a su hogar. El problema es que a día de hoy es jugador del Granada y su aportación al equipo es mucho más que nula. Inadmisible para un jugador de regional la apatía del colombiano, mucho más para un jugador de élite, y qué decir para un jugador de este Granada.

Volviendo a lo puramente futbolístico, la mejoría de los de Diego Martínez fue muy notable con la entrada de Antonio Puertas y empezaron a embotellar a los azulones. Pese a ello, la circulación seguía siendo lenta y las líneas del Getafe no se rompieron definitivamente. Ayudaron a esa labor las continuas interrupciones y faltas cometidas por los de Bordalás. Pese a lo que mucha gente pueda pensar, el conjunto madrileño estuvo muy lejos de practicar algo parecido al rugby, porque para eso tendría que jugar con nobleza, una palabra que no entra en el vocabulario de futbolistas como Damián Suárez, por ejemplo.

El Granada se volcó totalmente y en una jugada increíble Machís asistió a Ramos para el remate que se topó con Soria, aunque por suerte Puertas pudo empujar a gol. Increíble no por la belleza, sino por ver a Adrián Ramos atacar con fe un balón.

La del Getafe es una enfermedad contagiosa, tanto, que un futbolista como Nyom, al que siempre le gustó exagerar sus caídas pero nunca entrar en polémicas innecesarias, se encaró con todo lo que llevara franjas horizontales hasta que Hernández Hernández picó y le mostró la amarilla a Soldado. Amarilla que acarreará suspensión.

Si bien es cierto que se está hablando poco de fútbol, la verdad es que el partido ofreció muy poco de eso. El final del encuentro recordó un poco al partido del Bernabéu, incluso en el desenlace. Una falta de Ramón Azeez provocó que David Timor sacara a pasear su característico periscopio para poner la pelota fuera del alcance de Rui Silva. Siguió probando suerte el Granada y Puertas pudo recortar distancias, pero una carambola sacó el balón de la meta de David Soria justo antes de que el colegiado decidiera que ya había sido suficiente.

Dice la canción de la mediática Aitana Ocaña que «si jugamos bien, nada sale mal». Un consejo que hoy el Granada no pudo seguir.