El Granada se impone al Betis en un derbi muy igualado que desniveló en la segunda parte el exverdiblanco Álvaro Vadillo.

Granada y Betis, Betis y Granada. O lo que es lo mismo, otra vez el duelo entre Alhambra y Cruzcampo (o entre la otra Alhambra y la Giralda). Esta vez el choque tenía tintes muy diferentes en cada lado del campo. El Granada, con la oportunidad de asaltar el liderato, más bien de lograr veinte puntos – en este equipo las prioridades están bien claras -. Desde el Guadalquivir atracaba un equipo con enormes necesidades, pese a atesorar gran cantidad de calidad en su plantilla.

Mateu Lahoz se encargaba de poner orden sobre el verde y a eso de las dos de la tarde dio permiso a ambos conjuntos para iniciar las acciones en el Nuevo Los Cármenes. Los nazaríes impusieron una buena presión al inicio del encuentro, aunque la varita del mago Vadillo y el torbellino Machís parecían apagados (parecían, porque lo que pasará un rato más tarde les sorprenderá, o no). Eso, sumado a la lenta circulación de un Betis indeciso hizo que la primera parte fuera incluso soporífera.

Lo más interesante de este primer acto ocurrió sobre el minuto veinticinco de partido, cuando se pudo presenciar el extraño pacto que Javi García ha de tener con el Comité Técnico de Árbitros, pues el bético se libró de ver la segunda amarilla y, por tanto, la roja. La tercera en dos semanas. Y si no se acuerdan de las otras, pregunten a los tobillos de Ödegaard y Oyarzabal. Más llamativo fue que Yangel si viera la cartulina dos minutos después por la misma falta en la banda.

Pero bueno, no nos distraigamos. El Granada siguió peleando, siempre a lo suyo, y con un Gonalons que cada vez crece más rapido se adueñó del partido. Machís lo había probado desde lejos, y la varita del mago empezaba a funcionar. Sin mucho acierto aún, pero mostrando su potencial. A la grada de Los Cármenes no le gusta nada Mateu, y parece ser recíproco pues el colegiado valenciano señaló los vestuarios antes incluso de llegar al 45′. Como si quisiera pasar rápidamente la sonora pitada que parecía esperarle.

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Después de que volviera a subirse el telón, los de Diego Martínez comenzaron a carburar. Las bajas mermaban mucho la capacidad de reacción del técnico gallego, pero Diego es mucho Diego, y además, tiene ese ángel que acompaña a los grandes cuando más difíciles se ponen las cosas. Tanto fue así que justo con el primer cambio de su equipo, el que daba entrada a Eteki en detrimento de Herrera, el Granada recuperó el balón en tres cuartos de cancha, donde recogió el esférico Carlos Fernández que con un gran pase le regaló a Vadillo la oportunidad de ajusticiar a su primer equipo. Obvio no lo celebró, pero ya lo hizo por él todo el estadio. Justo después Azeez pudo hacer el 2-0, pero el palo lo impidió

Con media hora por delante Rubi dio entrada a los pesos pesados de su equipo, Joaquín y Borja Iglesias, por ejemplo. Las fuerzas del Granada empezaron a flaquear, y en esas entro Soldado, que más que Soldado es ya General absoluto, con el objetivo de cerrar el partido fuera como fuera. Tello sin suerte ninguna y Canales, que rompió el travesaño lo intentaron desde la frontal con faltas que, afortunadamente para los intereses rojiblancos, no acabaron en gol.

El caluroso mediodía llegaba a su ocaso en el Zaidín y el Granada sufría. Ahí apareció el verdadero significado de la palabra equipo, ese que reúne a futbolistas y afición en una sociedad que la única duda que admite es a la hora de cantar la alineación, cuando muchos no saben si es Azeez o ‘Aziiz’. Eso es el DiegoMartinismo, y eso es lo que ha llevado a este equipo a tener veinte puntos en la jornada diez. Ah, y a ser líder.