«Hoy tocó carbón, pero lo que todos y cada uno de nosotros recordaremos el próximo martes en familia será Albacete y el gol de Ramos, Mallorca, Vadillo y su idilio con las Batallas y la imagen de la clasificación en la jornada 10 con el Granada el primero de Primera. Esos serán nuestros regalos; y qué regalos…»

Se siente ya en las calles la llegada de la Navidad, esa vieja amiga que aparece año tras año, siempre en su ocaso para repartir lo que viene siendo felicidad en mayor medida. Llega el tiempo de reencuentros, de estar con la familia, con los amigos; y si se vive en Granada, pues seguramente uno esté deseando asaltar la bonita noria que presidirá estas fiestas.

Y es que cuando uno es de la ciudad de la Alhambra, no puede evitar sentirse afortunado con todos y cada uno de los emblemas que esta atesora. También de su equipo, cómo no. Bien es cierto que el aficionado nazarí se lleva hoy una sensación extraña, un sentimiento que lo lleva a colocar ese «agri» antes del dulce cuando define lo vivido este año en Los Cármenes.

Lo hará pensando seguramente en el fallo de Carlos Fernández al principio del partido que tanto podría haber cambiado la historia. Una imagen que en este momento le fastidia la de Vadillo clamando a la Plaza del Ayuntamiento un último momento de jolgorio por el ascenso conseguido. «Lain compae, vaya dos goles nos hemos ‘comío’ en na’ de tiempo», habrá pensado alguno, molesto. Molesto porque seguramente la celebración de todo Ipurua le pilló pensando en lo bonito que fue cantar aquello de «¡que bote el chino!» en Albacete. No es igual de divertido cuando los que botan son otros.

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Porque es normal que en la tierra de la ‘malafollá’, el más mínimo detalle te empañe todo un año de sonrisas. Le pasa a muchos, empezando por este que aquí escribe y que, tras ilusionarse con las dos maderas de Machís y Álex Martínez, vivió con resignación el esperpento de tercer gol encajado.

Al final esto es lo de siempre, lo típico cuando uno era pequeño y esperaba, comido por los nervios, la llegada de sus presentes navideños. Resulta jocoso el momento en el que postrándose a los pies del icónico abeto, recogía la cosecha de un año de buenos – y no tan buenos – comportamientos. Junto a los juguetes, siempre presente un saquito de carbón, que daba a entender que ese estuvo cerca de ser el botín recibido, que pese a haberse portado bien, despistarse no es bueno. Al principio, un sabor amargo, más tarde, felicidad por los regalos deseados. Y eso es lo que le pasa (y pasará) al aficionado nazarí.

Hoy tocó carbón, pero lo que todos y cada uno de nosotros recordaremos el próximo martes en familia será Albacete y el gol de Ramos, Mallorca, Vadillo y su idilio con las Batallas y la imagen de la clasificación en la jornada 10 con el Granada el primero de Primera. Esos serán nuestros regalos; y qué regalos...