Llevo diez años viéndolos pasar y el asunto amenaza con seguir. Chicos y chicas de dudosa procedencia, muy jóvenes y tiernos, que un día, sin saberse muy bien cómo ni por qué, aparecen ahí, sin avisar, en ese espacio restringido en el que me muevo por mi trabajo, ya sea el estadio, la ciudad deportiva o una sala de prensa. Es una invasión de ese entorno casi íntimo de habituales caras conocidas. Les observo de soslayo, con mirada escrutadora de veterano, sin dirigirles más palabras que un protocolario saludo. En realidad, les pruebo. Cerrarles con la puerta en las narices, como en El Club de la Lucha, a ver si se largan despavoridos.

Pero no, en la mayoría de casos siguen volviendo, un día y otro. Insisten. Los más osados se atreven a hablar en público el primer día, lanzarle una pregunta al entrenador de turno, puro sacrilegio. A veces, les cuesta armarla. Sujeto, verbo y predicado. Es el miedo escénico, lo recuerdo bien, nunca se va del todo. Se traban o resultan redundantes. Salen sus expresiones como con fórceps. También se acaba pasando el mal trago, pronto o tarde, con paciencia.

Esas inquisiciones semanales de los benjamines terminan aportando algo. Su mensaje de presentación, que las antecede, gana en seguridad. Hasta te levantan alguna inquietud de las que preparabas cuando alzaste la mano después de ellos para pedir el turno. Se convierten, poco a poco, en parte de esa tribu, no en cuerpo extraños. Para entonces, ya te has fijado un poco más en ellos. No en el aspecto, sino en sus textos.

Todo empieza, sin que lo sepan, ese primer día de nervios y timidez. Atiendes al nombre que pronuncian y luego buscas lo que hacen. Antes, directamente en el portal en el que dicen escribir. Ahora, también en sus cuentas de las redes sociales. Resulta que la mayoría te sigue sin que te hubieras percatado antes. Escarbas en sus fotos y visten la rojiblanca sin pudor, como aficionados que han sido, antesala de todo este meollo. Estudian Periodismo, alguna carrera próxima o, simplemente, les atrae el mundillo sobremanera. Pero lo importante es fijarse en lo principal. En cómo componen sus textos, el estilo. Si son ocurrentes, analíticos o manejan bien el humor. Si copian modelos o aspiran a la originalidad. Si titulan bien, tienen olfato informativo o muestran maneras controlando el ritmo de una crónica. Y, también, con más atención sobre ellos, cómo manejan el ego, que aflora con más o menos virulencia, como el gran mal de este oficio que es. Descontrolado, llega a fagocitarlo todo.

Ellos siguen como si nada, ingenuos ante este examen secreto. Llega la fecha en la que entablas alguna conversación informal. Asuntos banales, nada serio, alguna broma para indicarles que ya están integrados. Que aún tienen que capturar algunas cabelleras, pero que pueden unirse a la danza de la lluvia si no le pisan a nadie el callo. Es entonces cuando fuerzas que la charla pase a otro nivel porque tú has detectado algo que ya no quieres subestimar más. Un atisbo de talento, el potencial que borbotea, las nociones del grumete que quieres en tu barco pronto, porque sabes que, en el fondo, puede llegar al timón con consejo y voluntad de su parte.

Es una década así, viendo aparecer a muchachos y muchachas con sueños. Advenedizos que no se comieron la época de Tercera división, como uno, pero que dedican su esfuerzo e imaginación a moldear su propia personalidad periodística sin la fuerza de un soporte mayor. Gente que encuentra una oportunidad de lucir en una época dura para la profesión, en la que el único tránsito factible para un novato, el becariado, no siempre permite destacar; a menudo, ni siquiera supone un periodo formativo, sino que arruina la vocación. Pero en GranadaCFWeb tienen permiso para todo, para acertar o equivocarse, como cuando el propio papá de la criatura lanzó el ‘scoop’ de que el club rojiblanco ficharía a Chamakh. Hasta el mejor escribano tiene un borrón y eso termina siendo una anécdota en cualquier hoja de servicios.

Cometer errores no es malo; resulta peor no aprender de ellos. No suele pasar esto en la selección que hace Álvaro López. Primero, la que emprendió con sus colegas, hoy todos colocados en algún sitio. Luego, la que le permite su apreciable capacidad para el ‘scouting’ de posibles periodistas. No siempre acierta, pero su porcentaje de fiabilidad es bastante alto, a los hechos me remito. Yo tengo a mi alrededor a varios de ellos y, seguramente, acabaré considerando a algunos de los que están allí o vendrán en un futuro. GranadaCFWeb se ha convertido en una especie de filial para mi periódico. Le podrían añadir lo de Recreativo a la url y no pasaría nada. Cumple diez años y ojalá sean muchos más. Me ahorran un trabajo ímprobo de rastreo. Lo demás, ya viene de la cuenta de cada uno. Nunca deben olvidar dónde empezó todo. Se lo deben. Yo, también.