«Se está poniendo de moda en la red eso de usar títulos llamativos, comentar que la acción realizada en la pieza «sale mal» para llamar la atención, pero si hay una situación que justifique ese rótulo, es la que ha acontecido hoy en Los Cármenes»

Hay días que es mejor no levantarse. Días en los que, por mucho que lo intentes, todo lo que hagas te va a salir mal, aunque te empeñes en que está bien. Tanto es así, que en un día como hoy, de fecha tan cercana a la Navidad y el reparto de regalos propio de este tiempo, al Granada no le pudo venir peor la venida prematura de Melchor, Gaspar y Baltasar.

El retorno de la doble punta que tanto jolgorio trajo hace apenas siete días al Nuevo Los Cármenes sembró la ilusión en la afición por conseguir los 27 puntos tan deseados, y el ejército rojiblanco se empeñó en aumentarla nada más saltar al campo. Pensando tal vez en que, por si acaso no nos vemos hasta el año que viene, una victoria sería un buen presente navideño.

Enfrente, un viejo conocido, que bien podría ser Papá Noel, aunque sin barba y con tupé – y una zurda de oro -. Papá Noel por establecer la rivalidad con nuestros tres mágicos monarcas, empeñado uno en quedar por encima de otros. También porque el pase que le dio a Morales no hizo falta ni bajarlo por la chimenea, iba teledirigido y con lacito y todo. Suerte que el comandante tuvo el detalle de estrellarla en la madera.

‘Rochina Noel’ no paró hasta dejar su regalito marca de la casa: un trallazo que por un momento nos hizo dudar si había que celebrar debido a la reminiscencia de aquel que hace ya tres años puso en la misma portería, en el mismo partido, pero con la camiseta cambiada. Pero no, este no se celebra, y ni Rubén lo celebró.

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Después fueron llegando los nuestros desde Oriente, los Reyes, los de toda la vida, aunque su temprana llegada resultó contraproducente, pues no pareció haber ‘feeling’ entre ellos y claro, eso tuvo consecuencias desastrosas. ‘Melchor’ Díaz le dejó al ‘Niño’ Machís el oro en bandeja para poner el empate, hasta ahí todo maravilloso. El problema es que Diego hoy se vistió de Gaspar, pero se equivocó a la hora de dejar los regalos y los puso en otro árbol.

Uno de esos regalos fue traer consigo a escena a Baltasar Ramos, a quien se le premió con una última oportunidad de demostrar que era válido para su misión, aunque lo único que hizo fue convertir oro, incienso y mirra en carbón puro y duro que no dudó en repartir ante la que dejará de ser su parroquia en breves.

Puede ser que Gaspar se equivocara y no trajera al Baltasar de verdad, el nigeriano, el de la crestita, para impedir que Bardhi y compañía camparan a sus anchas en la medular del Granada, que pedía a gritos una ayuda. Es de bien nacidos ser agradecidos y no dudó el macedonio en aprovechar el obsequio.

Se está poniendo de moda en la red eso de usar títulos llamativos, comentar que la acción realizada en la pieza «sale mal» para llamar la atención, pero si hay una situación que justifique ese rótulo, es la que ha acontecido hoy en Los Cármenes. Y es que aunque se adelantaron los Reyes, el experimento salió mal. Fatal.