El espíritu del famoso Sheldon Cooper poseyó al Granada, que volvió a pisar el verde con todas las ganas de espetar un sonoro «zas, en toda la boca» a todo el mundo del fútbol

Se habrá reído – o no – Diego Martínez pensando en todo lo que se ha dicho de su equipo en las últimas semanas. Que si relajación, que si ya se pensaban expertos en todas las artes de este deporte, que si falta de esto o de aquello… En definitiva todos los dimes y diretes que hemos propagado a lo largo de esta racha. Hemos, y no han, porque lo correcto o lo prudente es meterse todos en el mismo saco y que si acaso, el que esté libre de pecado se atreva a arrojar la primera piedra – que seguramente golpeé la chapa de su tejado -.

Y es que por una parte era lógico pensar, viendo la primera parte, que el Granada había perdido la chispa e incluso ese ‘Ángel’ que de manera mágica mantenía al equipo a flote, impertérrito ante la inclemente tormenta del pasado mes de noviembre. Cada vez es más evidente que si los rojiblancos están donde están es por mantenerse fieles a su ideología, que como dice un Miguel Ríos que hoy no pudo tener su espacio antes del partido, será buena o será mala, pero es suya; y que el secreto del éxito está en en la fuerza de hacer todo a pulmón.

No fue una buena primera parte, todo sea dicho. Menos mal que Gil Manzano, en un acto de solidaridad con todos los espectadores, puso fin al despropósito. Fue en el túnel donde, no sabemos bien si a la salida o a la entrada, el espíritu del famoso Sheldon Cooper poseyó al Granada, que volvió a pisar el verde con todas las ganas de espetar un sonoro «zas, en toda la boca» a todo el mundo del fútbol. Haciéndolo además como el célebre científico televisivo: con un perfeccionismo extremo.

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«¿Que no hay gol? Pues toma dos tazas», dijeron Carlos Fernández y Soldado para adelantar a su equipo justo tras la reanudación. También contribuyeron ambos arietes a silenciar las habladurías sobre falta de fluidez, aunque aquí sí tuvieron más mérito los Vadillo, Puertas, Yangel o Gonalons, que combinaban de memoria, con el pecho, con el tacón, qué más da. Hilaban finísimo escribiendo pura poesía sobre el césped del templo.

Se sumó a la fiesta Wakaso, el bueno de ‘Bobby’, que por si fuera poco con el rifirrafe tuitero del otro día, se pasó de vueltas en dos ocasiones que lo llevaron al vestuario de vuelta. No malinterpretemos lo de «Wakaso es rojiblanco», será porque vio la roja y se quedó en blanco. Al final el ghanés siempre acaba siendo foco de cánticos…

Con la expulsión los de Raúl Espínola – que bien merece una mención especial por ocupar tan bien la plaza de Diego estas semanas – , tomaron un poco de aire, y justo cuando empezaba a aparecer la relajación, Yangel soltó otro «zas, en toda la boca», con un autopase para deleitarse y un trallazo que dejó atónito a Pacheco. También se dejó la puerta a cero de nuevo; en fin, que todo lo que hemos hablado en noviembre, el primer partido de diciembre lo ha destrozado.

Y es que cuando ya empezábamos a prepararnos para la decepción, asumiendo que el fin de esta bonita historia podía estar más cerca que lejos llega nuestro Granada para soltarnos una colleja con cierta indignación y decirnos otra vez eso de «zas, en toda la boca».

Tomándome la licencia de hacer esta valoración, volveré a hacer una reminiscencia al autor del ‘Bienvenidos’ para decir que el conjunto nazarí «a menudo me recuerda a alguien».