Derrota del Granada en el Camp Nou contra un Barcelona que no pudo con el conjunto nazari hasta la expulsion de Germán

El Barcelona volvía a jugar en su estadio. Debutaba Quique Setién, que ha despertado la ilusión de todo el barcelonismo, a la expectativa de grandes cambios. Pero no, en Can Barça la vida sigue igual, y no por lo que piensan.

Prácticamente recién llegado desde Tamaraceite puso el Granada los pies en la ciudad condal. Como siempre, los jugadores nazaríes, hoy de blanco impoluto, estaban avisados de todos los riesgos que amenazaban sus opciones de puntuar.

Con las opciones aún intactas, el Granada se dispuso al costado derecho de la pantalla. A la izquierda el Barcelona, y entre ambos, Pizarro Gómez, que dio inició a las hostilidades con el plan de partido muy bien marcado. Los primeros compases dejaron claro a los de Quique Setién que el club rojiblanco no había ido a ‘Barna’ de turismo. Una de las grandes misiones del cántabro es recuperar el nivel de Sergio Busquets. Y así fue; los primeros minutos del de Badía dieron aire al Barça, que no conseguía encontrar los espacios.

No pudo hacerlo el Granada, que ni por un costado ni por el otro llegaba a trenzar jugadas peligrosas. De un lado, Vadillo no veía pasar ni cerca el balón; en el otro, Machís completamente apagado y fuera de cobertura. El nuevo Barcelona de Setién, como prometió el extécnico del Betis, iba a ser fiel a la filosofía de Cruyff, pero por suerte para los granadinos se le olvidó que a esto del fútbol se juega metiendo el balón en la portería.

Antes de llegar al descanso se acercó Messi, el de siempre, a la meta de un Rui Silva que trató de evitar el gol a toda ‘Costa’. Cansado de las ‘nanas’ de los catalanes para dormir el partido, Pizarro Gómez señaló a los vestuarios sin añadir nada, teniendo que aguantar las quejas del banquillo blaugrana.

Manos arriba, esto es…

En la segunda mitad el Granada salió buscando arriba al conjunto local. Llegó con cierto peligro nada más empezar Álvaro Vadillo, luego Víctor Díaz, aunque ninguno de los dos centros encontró rematador.

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Diego Martínez empezó a mover el banquillo, apareció Puertas para salir a la palestra justo antes de que el colegiado hiciera la primera treta del partido, que fue no amonestar a Arturo Vidal por una dura entrada sobre Darwin Machís. El lanzamiento de esa falta fue lo último que hizo Álvaro Vadillo antes de dejar su sitio al almeriense. También entró Yangel.

El Granada, sin aparecer mucho en ataque, supo meter miedo con un gran disparo de Yan Eteki que reventó el palo de Ter Stegen. Y como siempre, tras el susto del pequeño, apareció en el cielo, como si de la ‘batseñal’ se tratara, el reflejo de las luces dibujando la silueta del silbato, esa que apuraba a Pizarro a ayudar, curiosamente, al que menos lo necesitaba. Fue tras una incursión de Messi cuando Germán derribó al astro argentino en una falta, sin más. El gaditano ya llevaba una amonestación encima y el colegiado no lo dudó: a la calle.

Sin otra arma que el coraje, los guerreros de Diego Martínez intentaron mantenerse en pie de cualquier manera. Setién había dado entrada a Riqui Puig. Al joven, a juzgar por los comentarios de unos y otros, parece que no está permitido acercársele, no vaya a ser que se quiebre una uña el chaval. Se habrán pensado estos del Granada que estamos jugando al fútbol o algo, vaya. Eso sí, a Vidal barra libre, aunque justo después de expulsar a Germán él hubiera realizado una de las suyas a Machís. De poder irse expulsado a ser sustituido por Arthur sin tarjeta.

El caso es que Puig, el canterano blaugrana, aprovechó el despiste de Puertas para robar un balón que, tras pasar por Busquets, Messi, Vidal y otra vez Messi, acabó dentro de la portería de Rui Silva.

Y ya está, pese al ímpetu nazarí, nada se pudo hacer por cambiar el resultado. Es imposible, porque al final, con los grandes hay barra libre. «Lo de siempre, por favor».