El Granada saca tres puntos ante un rival directo en el primer partido del año. El gol de Montoro, que tuvo que retirarse lesionado al borde del descanso, dio a los rojiblancos la primera victoria del 2020



Tras un diciembre convulso, el Granada volvía a Los Cármenes para reencontrarse con su afición. Una afición que, a pesar de los pocos puntos cosechados en la recta final del año, respondió a su equipo como suele hacerlo.

Volvía Foulquier a la convocatoria, uno de los viejos conocidos de la grada nazarí. Se le veía feliz al galo tras su exilio en el Watford. Como feliz también se le veía a Ángel Montoro por volver a pisar el césped y a Diego Martínez y a Los Cármenes por la vuelta del valenciano.

Poco tardó la brújula del Granada en encontrar el norte, haciéndolo como ya es normal en el equipo, desde el balón parado. No tardó ni cinco minutos el cuadro granadino en inquietar a Manolo Reina con este tipo de acciones. Sin suerte para remacharlas, los hombres de Diego tuvieron que ver cómo su rival parecía estirarse, encontrando oportunidades que, por suerte para los locales no acabaron en gol.

Ante la falta de tantos que reinaba en el marcador, Montoro aprovechó el regalo que Soldado le dejó debajo de su árbol para poner el primero de manera solemne, poniendo de nuevo las sonrisas en las caras de los adeptos más pequeños – y de los no tan pequeños -.

Pudo aumentar la renta Machís poco después, aunque su disparo lo tapó un Manolo Reina que tuvo serias dificultades para atrapar más de un lanzamiento de la artillería nazarí. Ya cuando el primer tiempo agonizaba, llegó la pequeña bolsita de carbón a las manos del granadinismo: Montoro se volvía a romper. A saber qué pensaría el valenciano mientras era sustituido forzosamente por Azeez entre lágrimas. Se marchó, como comentó su entrenador después con tono jocoso, «en plan torero: marca y se va, lo deja ahí». Agradeció su afición, al igual que también lo hizo el míster.

Una balanza nivelada

En la segunda parte, ya con Ramón Azeez sobre el tapete, el Mallorca aprovechó para tomar ventaja de la apatía selectiva de Soto Grado para señalar falta. Selectiva porque la predisposición del trencilla a señalarlas variaba según el color de la camiseta del infractor. Tanta interrupción ayudó a los bermellones a meterse en el juego y el Granada tuvo que mover sus piezas. Volvió Foulquier, ‘Foulqui’ para casi todos nosotros, sustituyendo a Puertas. La grada de Los Cármenes tuvo un dejà vu al ver correr a su lateral (que alguna vez llegó a ser incluso su capitán) por la banda.

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A pesar del buen papel del galo y su equipo, el Mallorca empezó a inclinar el campo hacia Rui Silva, que una vez más estuvo superlativo bajo palos. También segurísimo; superlativo y segurísimo. Cuesta imaginar que fuera suplente durante casi dos años de manera ininterrumpida. Lo estuvo asimismo su compatriota Duarte, que no permitió que ningún balón volase por encima de sus dominios, y mucho menos que campara a sus anchas a ras de suelo.

El partido se volvió prácticamente una batalla, muy dura, por cierto. Y claro, cuando hay batalla, tiene que haber Soldado. Lo del ariete valenciano es de escándalo; de cara, por arriba, por abajo, al choque… Las gana todas. Y no sólo las gana, sino que luego las regala, como hizo con Montoro al principio y como hizo con Foulquier al final. Lástima que el disparo del defensa, hoy extremo, no cogiera la dirección correcta.

Sí fue por el camino correcto el Granada, que a pesar de los intentos de Soto Grado por ser el protagonista, supo cerrar el partido y enfilar por primera vez en 2020 el camino de vestuarios con su regalo de Reyes, que son estos tres puntos, aunque para ello tuviera que recoger también el carbón de la lesión de Montoro.