Déjenme contarles una historia, mi historia.

Hoy me quiero dirigir a ustedes, a los que durante este periodo de tiempo me vienen leyendo habitualmente, a los que lo hacen de manera esporádica y a los que por algún motivo me conocen en este instante a través de esta pieza. Hoy quiero ser yo.

Hace tiempo que mi vida se rige por los principios que marca el esférico, casi veintiún años. Algo menos ha pasado desde que las bandas azules que recubrían mi corazón se tornaron en blancas por completo, entregándolo así al Granada CF. Aunque desde pequeño siempre me tiró mucho el blaugrana, he seguido siempre los avances del equipo de mi tierra, primero con la esperanza de no verlo desaparecer y más tarde con la de verlo jugar contra los mejores, hasta que finalmente me decidí a acudir al templo y desde entonces no puedo pensar en una vida sin la rojiblanca horizontal a mi lado.

Quiero acordarme hoy, en el Día de Andalucía, de una de las canciones de Fondo Flamenco, que es para muchos andaluces un himno y que dice que «una vez soñé lo que el destino me deparaba». Yo también lo he soñado y espero seguir haciéndolo, aunque lo cierto es que en ningún momento pude imaginar que todo esto que estamos viviendo estos meses podría ser real en algún momento.

Me engancharon a esto las cabalgadas de Dani Benítez, los recortes de Ighalo, los goles de Tariq y la seguridad que transmitían Nyom o Amaya, por ejemplo. Me quedé sin voz con el penalti de Roberto, llegué a ser captado por las cámaras aplaudiendo de manera poco ortodoxa – sujetando el móvil con la boca – a un regresado Siqueira antes de que la locura nos invadiera por mantenernos en Primera, lloré como nunca de la emoción en Albacete y aún sigo incrédulo ante lo que Diego y los chicos están haciendo este año. Sé que no soy el más antiguo, y probablemente tampoco el más granadinista, pero sí se que quiero a esta institución como lo haría con el amor de mi vida, porque en cierto modo lo es.

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En los últimos días no paro de escuchar que si Williams, que si Muniaín, que no está Soldado, posiblemente tampoco nuestro Ángel… Y sí, es cierto, todo es cierto. Pero a fuerza de ser honesto, no puedo decir otra cosa que «me da igual». Porque no me preocupa nada en absoluto. La verdad es que estoy muy tranquilo sabiendo que será un partido muy peculiar, porque si en San Mamés los leones jugaron con su jugador número 12, Los Cármenes no será sólo el 12, sino que será el 12, el 13, el 14…, así hasta el 20.000 que terminará de abarrotar la que es nuestra casa.

El fútbol es la vida, y al igual que hay personas por las que darías tu vida y a las que nunca fallarías; a las que quieres incondicionalmente en las buenas, las no tan buenas y las malas, es de recibo hacer lo mismo con el club de tus amores. En nuestro caso, ese es el Granada, y ahora nos necesita.

Quisiera terminar pidiéndoles a todos ustedes que aunque las fuerzas flaqueen, estén con el equipo, que nos necesita como nunca. Hagamos del estadio un infierno que acabe convertido en fiesta para que el partido más importante de nuestras vidas sea recordado como uno más que nos dio la oportunidad de vivir el partido más importante de nuestras vidas de verdad (100% real, no fake, como se dice ahora).

Por los que vivieron la anterior final, por los que recorrieron los campos de albero y por los que están empezando a vivir este sueño rojiblanco, el jueves llenemos Los Cármenes. Llevemos al equipo del Zaidín a La Cartuja.

Vamos, mi Granada.