Empate del Granada ante el Celta en un partido frío que vino bien a ambos conjuntos

Había que jugarlo. No hay otro resumen para este partido. El Celta fue el escollo que le quedaba al cuadro nazarí antes de enfrentar al Athletic de Bilbao en Copa del Rey.

Diego Martínez había advertido en la previa que no sería buena idea mover el foco más allá del siguiente objetivo, y así lo quiso hacer una afición que puso todo el empeño en no mirar más allá del Celta, aunque le costó en muchos momentos.

Ya sobre el césped, Cuadra Fernández autorizó el choque en el que se iban a ver las caras dos viejos conocidos: Iago Aspas y la afición del Granada. Nunca pareció importarle mucho al de Moaña el rechazo de los granadinos, y así lo había hecho notar en prácticamente todas sus visitas al feudo nazarí. Afortunadamente, esta no fue la ocasión para que volviera a escenificarlo tras anotar un gol.

Empezó asustando el Granada por mediación de un Yangel Herrera al que se le hace la boca agua cada vez que un balón le cae en los pies en la media luna del área. Su disparo tocó en un defensa y se marchó a córner ante la mirada de alivio de Rubén. Tras esta primera tentativa, al Celta lo poseyó el espíritu del mal denominado actualmente ‘Cruyffismo’. Mal denominado porque lo que hacía Cruyff en su época y lo que Guardiola mejoró hace una década poco o nada tiene que ver con la soporífera concatenación de pases que los de Óscar García pusieron en práctica a lo largo de la primera mitad del partido.

El Granada seguía cómodo, sin inmutarse mucho ante los rondos del equipo celeste. Tan sólo una vez estuvo cerca Iago Aspas de volver a callar el Nuevo Los Cármenes, aunque su golpeo se fue por encima del travesaño de Rui Silva. La pizarra volvió a ser la mejor aliada de los de Diego Martínez y ahí dispuso de tres ocasiones casi seguidas que finalmente despejó la zaga gallega. Con eso se llegó al final de los primeros cuarenta y cinco minutos.

Un balón al palo y una lesión

En la segunda parte el partido se volvió algo más intenso. Pese a que el partido seguía estando en el centro del campo, la buena presión del equipo local permitió al poco de empezar el segundo acto que Vadillo cediera a placer para Fede Vico un balón que el cordobés mandó a las nubes, justo donde está la ilusión de todos los granadinistas para el partido del jueves ante el Athletic de Bilbao.

▷ Leer  González Fuertes arbitrará el Granada-Sevilla

En el otro lado del campo, el Celta, ya con Santi Mina sobre el terreno de juego, parecía más decidido a intentar atacar de verdad la meta de Rui Silva. No puso las cosas fáciles Foulquier, que fue el único que durante los noventa minutos hizo una demostración completa de lo que espera en unos días a los leones de San Mamés. El público también lo hizo por momentos, aunque con la cabeza más puesta en el partido de sus vidas que en este, que muchos consideraron un mero trámite.

Como de todo tiene que haber en la viña del señor, también tuvo su hueco la mala suerte en el día de hoy. Primero con la lesión de un Yan Eteki que estaba cuajando un partido bastante serio, y luego con el remate de Antonio Puertas a falta de diez minutos para el final que salió escupido tras tocar en las dos maderas que sostienen el larguero de la que fue la meta de Rubén en el segundo tiempo.

Cuadra Fernández señaló el camino de los vestuarios dando paso, ahora sí, a todos los preparativos para la Copa del Rey. Un partido en el que la afición tendrá que dar, al igual que el equipo, algo más del 100%. Algo más de lo que dieron hoy en un partido que sobraba, pero había que jugarlo.