Roberto Soldado alienta a la grada tras su segundo gol. Foto: Ana Miñón Rada

Ayer en Los Cármenes se vivió un ambiente muy especial, donde primó la unión de todos los que vivieron la gesta rojiblanca

18:00 y ya había ambiente en los aledaños del feudo del Granada CF. Los aficionados esperaban ansiosos la llegada del bus de su equipo. Todos estuvieron animando sin parar hasta que los nazaríes llegaron a la calle Pintor Manuel Maldonado. Entre la esquina de dicha calle y la entrada al estadio no les separan más de trescientos metros. Pues allí estuvo la expedición rojiblanca más de diez minutos hasta poder entrar, sin poder avanzar ante la marea de aficionados que alentaban a los suyos ante la posibilidad de volver a hacer historia. El primer gol ya se había marcado en el recibimiento.

El Nuevo Los Cármenes presentó una entrada sobresaliente. Niños acompañados de sus padres, abuelos con la misma ilusión que su nieto por ver pelear al Granada unos cuartos de final de Copa… Un ambiente sano y peleón, que ha ido creciendo poco a poco. Nadie dejó de animar los noventa minutos, todos iban a una.

Cuánto nos ha quitado ese fatídico minuto 93…Minuto de tantas tristezas, de tantos goles en contra que supusieron empates y derrotas, pero… Y lo que nos devolvió ayer. Cuando el árbitro se marchó a la pantalla para ver la jugada repetida, había gente rezando, gente que no quería mirar, de todo. Finalmente, González González señaló el punto de penalti. Allí se fue Soldado, dispuesto a destronar al equipo de su tierra, a su ex equipo, con el que marcó 82 goles. Y así lo hizo. Convirtió el penalti con una tranquilidad impropia de lo que se estaba jugando toda una ciudad.

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La locura se desató en la grada. Los que fuimos como prensa, acostumbrados a comportarnos de manera comedida, también estallamos. Compañeros corriendo de un lado para otro, abrazándonos e incluso algunos llorando. Una locura imposible de describir, propia del pase a unas semifinales de Copa del equipo que nos une 51 años después. La grada era una fiesta, todos resoplaban por el sufrimiento de todo el partido, eso sí, nadie daba crédito a lo que estaba viendo y viviendo.

Una noche que terminó con el aplauso de todos los presentes en la sala de prensa a Diego Martínez. «Saboréenlo y disfruten, que lo que ha hecho este equipo es algo muy importante». Con esta frase se despidió Diego Martínez de su noche. Una noche en la que hizo feliz a mucha gente, que esta mañana se ha levantado con una sonrisa de oreja a oreja después de la machada lograda en el día de ayer. Esto es el Granada Club de Fútbol.