«(…)Sí, claro que recuerdo todo. Como espero recordar dentro de poco más de dos meses cuando pensábamos que era imposible hacer (más) historia»

La escena que les voy a describir a continuación no creo que la olvide nunca. De hecho a veces lo pienso y aquel recuerdo no me parece tan lejano. Imagínense, hace unos doce años, un chaval tras probar su nuevo videojuego cuyo argumento estaba basado en crear un equipo y ascenderlo a Primera división. No era lo que esperaba, pues las funciones del jugador se limitaban a hacer de gerente/entrenador. Pero en medio de tanta resignación, un rayo de esperanza se alzó, utópico, en mi mente. «Bueno papá, así podré conseguir que el Granada juegue en Primera». Nos reímos, ilusos, pensando en esa posibilidad como en eso; una utopía.

Si les digo la verdad, no sé muy bien si guardar algunas palabras por lo que pueda venir de aquí en adelante o soltarlo todo por si tienen que pasar otros cincuenta años hasta que pueda hacerlo de nuevo. Es extraño, porque anoche, durante los noventa y pocos minutos, casi cien contando descuentos, que duró el partido, en mi cabeza solo retumbaba una frase: «¿Te acuerdas cuando…?»

Frase incompleta, claro, porque hay muchos momentos con los que podría completarla. El primero, el que les acabo de relatar. A partir de ahí, podemos terminar nuestra pregunta de mil maneras: «…pensábamos que no veríamos al equipo en Segunda», «…creíamos que era imposible volver a Primera», «…casi llegamos a desistir, imaginando otro largo futuro lejos de la élite». Y sí, claro que me acuerdo. Como se acordarán ustedes de aquellos partidos sobre el albero, de tantas decepciones; Murcia, Guadalajara… También los más longevos de todo lo que pasó hace entre cuatro y cinco décadas.

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Me acuerdo de muchas cosas. Por acordarme, me acuerdo hasta de cierta persona que conoció la esencia del equipo de Diego Martínez hace cosa de seis meses, gracias a quien ayer casi le termina de sacar dos lagrimones de alegría: el mismísimo Roberto Soldado, al que inmortalizó en la imagen que han visto antes de empezar a leer esta pieza. Quizás por eso esta plantilla, qué digo plantilla, esta familia, sea tan especial. Dijo el chamán en su presentación que quería que la afición se sintiera identificada con el equipo. No cabría en sí mismo de orgullo propio y ajeno si te hubiera visto ayer, Ana.

Como ya les digo, aún quiero contenerme, confiado en que lo mejor está por venir. Y lo siento, Diego, por no vivir el día a día como nos enseñas, pero la culpa es en parte tuya por hacernos confiar de esta manera. Al final, no nos importa soñar, porque sabemos que si caemos en el camino lo haremos orgullosos. Porque lo nuestro con el Granada es como el amor verdadero, ese que sabemos que nunca nos va a hacer daño, aunque a veces pueda privarnos involuntariamente de lo que queremos, pero al que siempre vas a mirar con orgullo cómo sonríe, porque sabes que su felicidad será siempre la tuya.

Así que sí, claro que recuerdo todo. Como espero recordar dentro de poco más de dos meses cuando pensábamos que era imposible hacer (más) historia. Gracias, Diego, por hacer realidad y superar con creces todo lo que soñé hacer a través de la pantalla hace doce años.