Piña para celebrar el segundo gol en Vigo. Foto: Pepe Villoslada/GCF

La temporada del Granada de Diego Martínez hasta el parón ha sido inmejorable. Lo que ha pasado tanto dentro como fuera del campo ha hecho que los números hablen por sí solos. Así ha sido el comportamiento de los rojiblancos sobre el césped

Noveno en liga y semifinalista en Copa del Rey, ese es el bagaje del Granada CF de Diego Martínez en la temporada 19/20 hasta el parón por el coronavirus. Datos envidiables para un recién ascendido a LaLiga Santander. Para ello, el componente anímico y el compromiso de los jugadores ha sido fantástico y ha ayudado a llevar a cabo el plan del gallego en el rectángulo de juego. Pero, ¿cuál ha sido ese plan?

Un equipo mimético pero muy reconocible

Ya la temporada pasada, Diego Martínez advirtió que la clave para lograr los objetivos iba a estar en «darlo todo y ser capaces de competir todos los pequeños partidos que se dan dentro de los noventa minutos». Durante estos dos años hemos visto al equipo rojiblanco imponerse con balón, a la contra, aguantando atrás… Esto ha hecho a los nazaríes muy reconocibles a ojos de su afición, pero correoso y duro para los rivales que a menudo se han visto desactivados.

Rendimiento defensivo

El Granada es un equipo que ha destacado por crecer a raíz de mantener un bloque medio (por lo general) a la hora de defender. La presión, salvo que la ocasión sea clara para el delantero o el mediapunta, la suele iniciar cualquiera de los dos pivotes que saltan en la medular. Es vital para ello la concentración y la intensidad de la que ha hecho gala a lo largo de todo el curso el combinado nazarí. El plan es claro: dominar las transiciones. A partir de ahí, la capacidad de adaptación a cada rival y la solidez de la línea defensora ha hecho del Granada el muro infranqueable que lo ha llevado hasta la novena posición de Primera división.

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Rendimiento en ataque

En cuanto al ataque, al igual que a la hora de recuperar balón, donde más gana el Granada es en las transiciones y el balón parado – en esto último ahondaremos después -. Pese a ello, es estilo de los rojiblancos a la hora de sacar el balón en condiciones normales es más directo que elaborado. La caída de uno de los dos pivotes entre los centrales permite a los laterales abrirse bien y dejar el espacio interior a las mediaspuntas. Esencial para esto es la presencia de Antonio Puertas, que por su altura y capacidad técnica, es de los más preparados para moverse en esa tesitura. En el otro costado, tanto Vadillo como Machís estiran a lo ancho un poco más el campo. De esta forma, Yangel o Montoro cuando está sano, pueden aparecer en zonas de ataque.

A menudo, cuando Montoro falta, la inclusión de Vadillo suele ser clave para ejecutar el balón parado que tantas alegrías le ha dado al Granada en estas dos temporadas.