«Es normal pensar que «el fútbol nos debe una, aunque la realidad es que pasarle la factura del trauma al balompié no es más que una pérdida de tiempo, pues hace tiempo que este se declaró insolvente, quedando así exento de abonar cualquier tipo de importe. El fútbol no le debe nada a nadie, y si lo hace, rara vez lo paga»

Hace en este instante cuarenta y ocho horas desde que Iñaki Williams despejó sobre la línea el remate de Yangel Herrera. Probablemente sea tarde, y lo siento Diego por no estar pensando en el Levante, pero esto es algo que tengo que decir.

En primer lugar, quisiera dejar claro que el orgullo que recorre mi cuerpo desde que empezó no sólo el partido sino la temporada es inmenso, y que aún sabiendo el cruel desenlace, volvería a dejar el alma apoyando al equipo, porque si alguien se lo merece son ellos.

También soy consciente de que las hazañas que está llevando a cabo este grupo son absolutamente increíbles y dignas de un reconocimiento que a buen seguro tendrán. Pero seamos claros, lo que pasó el jueves a eso de las once menos diez de la noche fue una putada. Así, sin medias tintas. Hay quien no siente pena, sólo orgullo, igual que hay gente a la que el corazón se le partió en mil pedazos, como el que escribe. Ambos puntos de vista son respetables, faltaría más.

A pesar de todo, hay algo – además del sentimiento granadinista – que une a ambos grupos de seguidores rojiblancos, y es la frase «el fútbol nos debe una». Es normal, a todos nos gusta pensar eso, aunque la realidad es que pasarle la factura del trauma al balompié no es más que una pérdida de tiempo, pues hace tiempo que este se declaró insolvente, quedando así exento de abonar cualquier tipo de importe. El fútbol no le debe nada a nadie, y si lo hace, rara vez lo paga.

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El fútbol es ese político que después de meter sus pezuñas donde no le corresponde destroza los discos duros y se queda tan ancho (o el que invierte los fondos públicos en actividades de ocio y consumo de dudable ética con el mismo resultado que el otro). Puede que alguna vez pague sus tretas, pero lo más normal es verlo reírse mientras se lleva lo que te pertenece.

De todo lo que el fútbol te quita, no te devolverá ni el 10%, y sólo lo hará si pones el 200% de tu esfuerzo en que lo haga, requisito que el Granada, de seguir por este camino, tiene asegurado.

Este deporte es muy injusto. Nunca podremos entender por qué dos acciones puntuales acabaron con un esfuerzo titánico de ciento ochenta minutos, igual que muchos tardaremos en recomponer nuestro rojiblanco corazón. Pero, en la humilde opinión de quien aquí se relata, pasar la factura al fútbol es un error mayúsculo, porque sólo la pagará si él quiere. Otros rojiblancos, aunque estos verticales, llevan con el ticket en la mano desde 1974 y cuarenta y seis años y dos finales y media después, la deuda sigue insatisfecha…