El Granada suma un punto en un partido desmedrado por el cansancio acumulado en las piernas

Apenas 72 horas desde el pitido final del encuentro en Los Cármenes el pasado viernes, el Granada volvía a disputar otro partido clave en sus aspiraciones para llegar a puestos europeos. Los rojiblancos se plantaron en Butarque para jugar contra el Leganés con cuatro cambios respecto a la alineación utilizada por Diego Martínez en la jornada anterior. Como advirtió el gallego en la rueda de prensa previa al partido, iba a ser “el partido más complicado por la carga en las piernas”. Con el habitual 4-2-3-1, la único reseñable de la primera mitad fue el debut del malagueño Antoñín. El cuadro pepinero llegaba muy necesitado al choque, en penúltima posición y con la papeleta en contra de ser el segundo peor local de la Liga Santander. 

Con todo esto, se presagiaba un partido complejo para ambos conjuntos, además, a ello se le sumaba el sofocante calor en la localidad madrileña. 32 grados que harían mella en el transcurso del partido. 

La primera mitad fue inofensiva. No se percibió peligro alguno en las llegadas que gozaron los dos conjuntos. Sí bien llegó más veces el ‘Lega’, sobre todo llegando con fuerza por las bandas de Rodrigues y Ruibal. La más clara la tuvieron los nazaríes tras un contragolpe de manual que finalizó Machís con un disparo muy duro que Cuéllar repelió como buenamente pudo. Justo antes de finalizar el primer asalto, Aitor Ruibal puso el susto en el cuerpo a los grananadinistas con un centro raso que se paseó por el área sin que nadie lograse empujar la pelota al fondo de la red.

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La segunda parte fue algo más ‘viva’ que el primer asalto. Los guerreros de Diego aguantaban, con más oficio que piernas eso sí, el trance. El ‘Vasco’ Aguirre dio con la tecla con Roque Mesa y Assalé, que añadieron a los ‘pepineros’ más profundidad arriba. Si no, pregúntenselo al pobre Neva. Tras una combinación entre Ruibal y el costamarfileño, este le ganó la espalda al lateral nazarí internándose en el área; pecando Neva de cansancio, fue agarrándolo hasta que lo derribó.

Rui Silva sabía que era su momento. Guerrero agarró el balón y disparó fuerte a la izquierda. El luso salvó con una mano prodigiosa para mandar el esférico al larguero. Por allí pasaba Bustinza -al que por cierto, perdonaron la expulsión en reiteradas veces-, que ya se veía celebrando el 1-0. Por desgracia para el capitán del Leganés, Vallejo se anticipó como si de un veterano se tratase para tocar lo justo para despejar.

Poco más ocurrió en un encuentro sin pena ni gloria. Un partido plomizo al que el Granada no perdió la cara ni un segundo, como nos tienen acostumbrados Diego Martínez y sus hombres. Los rojiblancos suman un punto más al saco, y ya son 43. Eso sí, se alejan un poco más del sueño Europeo, pero no olviden de donde venimos…