‘Przepraszam’ (perdón, en polaco). Así celebró este que aquí escribe el gol en Pucela allá por 2014. Normal, teniendo en cuenta que todo el auditorio esperaba la entrada de los artistas entre acto y acto de un espectáculo de danzas tradicionales propias de Polonia. A día de hoy, sigo sin comprender por qué no celebraron ellos conmigo, en lugar de mirarme mal. Era el sueño de toda una ciudad, quedarse en Primera. Qué tiempos aquellos.

Años después llegó Jiang, alias «el chino», y dijo que en tres años estábamos en Europa. Y lo siguiente que pasó fue que el Granada bajó a Segunda división. No fue precisamente lo que se dice empezar con buen pie. A diecinueve – ya veinte – de julio de dos mil veinte, la promesa del mandatario asiático, está cumplida, así como los sueños más quiméricos de toda la parroquia nazarí.

Pocas veces el fútbol paga algo, muy pocas, pero si lo hace, lo hace con quien se lo merece. El Granada de Diego Martínez se lo ha merecido durante toda la temporada, tanto que posiblemente en la consecución de la mayor hazaña de su historia, el azar o la devolución de favores probablemente no haya tenido nada que ver. Quizás un cinco por ciento, del gol del Levante ante el Getafe.

Y es que para conseguir tamaño objetivo, la convicción es clave. A eso no le gana nadie en este mundo y parte de otro a los futbolistas rojiblancos, y menos a Roberto Soldado, que ha dejado caer los goles tras el confinamiento. Para que le diera más ‘coraje’ al Athletic, hoy lo hizo aprovechando el deja vù de Vesga que debió de pensar que era cinco de marzo y Soldado era Yuri. No le hizo falta al valenciano la violencia en el golpeo del lateral vasco, pero si la clase de los grandes delanteros de la historia de este deporte para hacer despegar las esperanzas de miles de granadinos.

A esas alturas, cualquiera que sienta un mínimo de aprecio por esta familia se encontraba ya buscando viajes, haciendo cuentas con los días laborables para escaparse a Krasnodar, Astana, Maribor o cualquier lugar de la geografía europea. Y muchos a sabiendas de lo difícilmente abordable en lo económico que realmente es dicha tarea, pero qué más da. Eso sí, incluso sin poder entrar al estadio, la banda Diego no iba a dejar que nadie se despistara.

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¿Que cuál fue la solución? Pues arrollar a golpe de golazo limpio. Haciendo honor al dato que dice que los del Zaidín son el octavo equipo europeo más eficaz, Puertas puso el pie primero e hizo magia después, dejando por los suelos a una defensa que algún día se vio con la camiseta de la selección española. Destrozada en segundos por la flecha del arquero Antonio y del niño prodigio Carlos, cuya relación con los oponentes es idéntica a la de Macaulay Culkin – por seguir con el símil del infante – y los ladrones en Solo en casa: no hay manera de darle caza al sevillano.

Le faltaba aceite a la apisonadora nazarí, que a pesar de seguir funcionando, no sonaba todo lo bien que podía, y puso los pies en el campo «Mr. Elegancia» Montoro para sumarse a la fiesta. El calvario del maestro de ceremonias del Granada llegó a su fin ante el Real Madrid, pero quedó más que superado con su anecdótico gol.

No suele pagar o regalar nada el fútbol, pero sí que ofrece segundas oportunidades. Anoche se cerró un círculo, los fantasmas abandonaron la ciudad como lo hizo Boabdil hace siglos, suspirando antes de marcharse; y eso que desde el primer día en Marbella estaban avisados. Anoche, lo que normalmente hubiera acabado en gol del Getafe y rojiblancos horizontales llorando de pena, acabó en gol del Levante y rojiblancos horizontales derramando litros de lágrimas de alegría.

Habrá quien piense que es una pena no haber podido invadir Batallas, otros estarán más contentos de tener que hacerlo en la intimidad, sin riesgo de acabar siendo viral en las redes debido a cualquier episodio provocado por el líquido espiritual que más le guste a cada uno. Sin embargo, si hay algo en lo que toda Granada coincide, es en que este plantel nos ha dejado sin palabras, y lo seguirá haciendo.

Ahora más que nunca, queremos dormir cinco minutitos más; no despertar de este sueño en el que vivimos y bailar bajo la lluvia del éxito. Porque quién nos iba a decir cuando una granadina, Rosa de España, se presentó delante las cámaras de Eurovisión para cantar que «Europe’s living a celebration», que dieciocho años después, el continente celebraría que la Alhambra se proyectaría en la pantalla de Nyon, como destino a tener en cuenta para tantos equipos.

Por eso, mamá, no me despiertes nunca.