«Pongan de nuevo Resistiré del Dúo Dinámico, aunque solo sea a modo de homenaje a esta gente que cada tres días se viste con la piel rojiblanca horizontal que Marvel y DC se están rifando para convertirla en el emblema de estos nuevos súperhombres«

Vuelvan, aunque sólo sea por un instante, a pisar su balcón, a conectar los altavoces y reproducir cualquiera de las millones de versiones – o la original, si lo prefieren – de Resistiré del Dúo Dinámico. En serio, hagan el esfuerzo, esta vez hasta les gustará.

Es por una buena causa, un homenaje a esta gente que cada tres días se viste con la piel rojiblanca horizontal que Marvel y DC se están rifando para convertirla en el emblema de estos nuevos súperhombres. Al principio sonaba bien algo como «Capitán Irremontable» para (re)bautizar a Diego, aunque surgen varios peros: Uno, que sería injusto para el resto de la banda; dos, que el propio Chamán no quiere protagonismo, y tres, aunque menos importante, que el vigués tiene muchísimas virtudes, pero ser capaz de llenar carpetas de adolescentes con su cara no parece ser una de ellas. Así que mejor «Los Irremontables» y nos quitamos de líos.

Lo especial de esta gente es que, a diferencia de otros, como los Cuatro Fantásticos, todos tienen el mismo poder, que es el de resistir y creer hasta el final. Que parece fácil, pero que después de dar una lección de fútbol y llevarte un solo punto en el partido anterior y empezar hoy viendo cómo a los dos minutos ya has tenido que defender tres veces en tu área, pues igual uno se da cuenta de que tampoco es coser y cantar. Claro, es que por eso se llama súperpoder, porque si no estos chicos serían simples futbolistas.

La resistencia siempre tiene su premio, más cuando entra en juego Domingos Duarte, uno de los chicos malos de la pandilla. Este sí llenaría carpetas y taquillas con su cara; afortunadamente eligió percutir la defensa rival y ponerla medida a la cabeza del hijo pródigo del Granada C.F: un Antonio Puertas que cada vez que oye hablar sobre Europa se tiene que pellizcar imaginando las risas que hubiera echado hace siete u ocho años si le hubieran dicho, después de salir del Antonio Bailón de Peligros tras enfrentar al Vandalia, que no sólo iba a marcar goles en Primera sino que posiblemente también tuviera que hacerlo en Old Trafford, el «Teatro de los Sueños». Y lo mejor es que si le toca hacerlo, lo hará, pero seguro que si le preguntaran, él diría que el teatro está muy bien, pero que si tiene que elegir sitios para soñar, él prefiere quedarse en casa, en Los Cármenes. Que Mánchester está muy bien, pero ahí hay mucho diablo y poco filipino. Antonio es historia viva de este equipo.

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Como historia es también el resto del equipo y, por ende, Roberto Soldado. El insaciable, el más listo de la clase, que se tiró a por todas para seguir aumentando su cuenta goleadora a pesar de que lo más lógico sería pensar que era fuera de juego claro. Mejor no podía ponerse la cosa, más sabiendo que cada vez que la Real se acercaba, Rui Silva volvía a colgar el cartel de «por aquí no».

El problema es que a veces, cuando te enfrentas con equipos como el de Alguacil, el cartel te lo arrancan de la puerta cuando menos te lo esperas sin preguntar para espetarte en la cara que si quieres el premio, vas a sufrir. Lo que no pensaron es que el Granada es como el junco del que habla la canción, ese que se dobla pero siempre sigue en pie. Y no será porque el otro dúo, el de los cachorros txuriurdines – Barrenetxea y Djouhara – no intentó tumbarlo y hasta partirlo por la mitad. Casi lo consigue Nais con el centro que empotró en la escuadra Oyarzabal. Seguro que pensaron que lo habían conseguido, pero no.

Si la fe mueve montañas, el donostiarra medio tuvo que flipar cuando vio uno de los picos del Pirineo en la playa de la Concha. Menos mal que al Mulhacén y al Veleta seguro que no les importa tener un nuevo vecino, porque si no a ver dónde poníamos el ‘regalo’ que se han traído ‘estos’. Parecía imposible seguir vivos en la pelea por la «Champions naranja», pero Machís puso a volar por el área un centro y alguien en el seno de los locales dijo: «Sí, todos los días van a ser domingo». Entonces, la Muralla de Cascais, que aún no domina mucho los plurales, acudió pensando que alguien lo había llamado para ganar el partido.

Y por si alguien pensaba que ya estaba hecho, Martínez Munuera añadió seis minutos, que acabaron siendo diez, con un central como mediocentro. Es cierto que viendo el calendario, la clasificación se antoja difícil, pero viendo a estas leyendas, es más difícil aún pensar que no lo resistirán.