Foto: LaLiga.

Es domingo en una Granada que espera, como el reo al verdugo que llevará a cabo su ejecución, el anuncio de las nuevas medidas, más restrictivas aún, contra la COVID-19. En una casa cualquiera, podemos imaginar esta conversación:

– Mamá, papá, que me voy, no me esperéis para comer.

– ¿A dónde vas ahora, niño? ¿Es que no te has enterao que hay ‘covi’? Verás como lo pilles…

– Ay, que no, mamá, que me ha llamado el primer equipo para ir a San Sebastián y sale ya el vuelo.

Bien podría haberse dado esta escena en casa de Ángel Jiménez, o de Pepe Sánchez, o de Sergio Barcia, por poner algún ejemplo. Si esta estampa se ha producido es, simple y llanamente por el despropósito vergonzante que ha permitido LaLiga, esa competición que preside Javier Tebas y que se hace llamar «la mejor liga del mundo», lo cual no podría estar más lejos de la realidad

Para quienes no sepan quién es Javier Tebas y qué ha pasado hoy, no se preocupen, que se lo explico. Javier Tebas Medrano es el presidente de LaLiga, además de un señor muy simpático, comprensivo, comprometido con la salud de todos los afiliados a su asociación, que respeta a los aficionados a su competición y que, por encima de todo, es una persona que jamás favorecería a ningún club por encima de otro para, de esa forma, lucrarse. La prueba de todo esto está en el partido que ha instado muy amablemente a disputar al Granada en Anoeta. El club nazarí, con un pequeño brote de un pequeño resfriado nuevo que ha venido este año, pidió aplazar el partido, en vista de que ni a aquellos que durante dos días han dado negativo en los test de Covid se les ha permitido jugar. Pues no, les han dicho desde LA MEJOR LIGA DEL MUNDO, hablando mal y pronto, algo así como «ahora dilo sin llorar, no me cuentes tu vida y llámate a un par de chavalitos».

El Granada, que de excusas hace mucho tiempo que no entiende, acató la orden y se presentó en Donosti con siete profesionales, el resto juveniles y jugadores del filial, y la mochila llena de ilusión y ganas. Lo cierto es que pocas cosas alegran ahora mismo a un granadino, pero una de ellas es su equipo, hasta cuando pierde. Un equipo que siempre ha tenido su Ángel (Montoro) para dirigirlo y que hoy ha encontrado a su Ángel (Jiménez) para protegerlo. Y para enamorar a toda la ciudad, por qué no decirlo. Qué exhibición ha dado el meta del Juvenil A nazarí, que anteayer acababa otra semana de instituto y hoy se ha puesto a darle voces a Roberto Soldado y Darwin Machís para organizarlos en más de un córner. Eso, y que ha sacado cuatro goles cantados, incluyendo un penalti. A Silva también le sacó una clarísima, quizás por eso se pusiera de morritos el canario pese a la victoria. Jugaron también Isma Ruiz, Sergio Barcia y Pepe, que repetía del jueves y que hizo el penalti del 2-0, pero les voy a ser sincero: hoy podría haber visto cómo apedreaba a un gatito indefenso y seguiría bancándolo igualmente, porque además también lo ha hecho genial.

Y es que al final, con alineación indebida y todo, el Granada es un equipo duro de roer, que se lo digan a Imanol Alguacil, que dice que «para nosotros tampoco ha sido fácil». Hombre, Imanol fácil, fácil, no sé, pero igual un pelín más de cara que tu rival sí que lo has tenido. No sé, llámame loco. Le ha faltado decir que si el calendario no sé qué o no sé cuánto, y no lo habrá dicho porque no se le cayera la cara de vergüenza, como se le habría caído a cualquiera al ver cómo su equipo ha necesitado de dos errores puntuales para ganarle a juveniles. Luego, eso sí, marcamos y pegamos buenos gritos, que se vea que somos el líder de la mejor liga del mundo. Unos cracks. Fieras, mastodontes, titanes. Bien podría el bueno de Imanol enseñarle un poquito de educación y valores a sus futbolistas para evitar ver la bochornosa imagen de un Portu superado por un debutante como Fobi, encararse con el pobre chaval, o de Silva, toda una estrella consagrada, llorando porque le han pitado un penalti que a día de hoy no te lo comete ni el el peor prebenjamín de España. Menos mal que Machís, conciliador, quiso que Remiro desviara el lanzamiento. Ya está, David, toma el chupe. Ea,ea,ea, ya pasó, tranquilito que te vas con la portería a cero. Sabe Dios que algún día pringarán ellos en algo así, y será entonces cuando descubran que, o vamos todos a una contra esta mafia que es LaLiga, o nada va a cambiar. Nunca.

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Con eso acabó un partido que, a juzgar por los comentarios en la emisión de Movistar+, se dio con las circunstancias al revés. Escucha uno la retransmisión y parece que quienes estaban jugando con setenta y cuatro chaveas recién salidos del colegio eran los locales, a los que casi se les abre un crowfunding por su gloriosa victoria. Luego estaban apenados porque nadie en el Granada quiso que hablara ningún jugador o técnico, ni en rueda de prensa. Bueno, al menos no les ha dado por insultar y menospreciar el trabajo de nadie en el club, como a Juanma Castaño el día del Locomotive.

Ya que están pillando todos, también podríamos decir que Del Cerro Grande se ha inventado un penalti que más que eso era plancha de Januzaj, pero lo dejaremos en que el pobre sólo buscaba que Ángel, perdón, Don Ángel, hiciera un paradón a la pena máxima de William José.

Acabo, señalando primero que lo acontecido hoy en San Sebastián es uno de los mayores ridículos y de las mayores vergüenzas que se ha cometido una organización en el mundo del deporte. Que la salud y la responsabilidad está por encima de los cuatro o cuatrocientos billetes que el dirigente de turno quiera pillar, y que no se puede jugar así con toda una institución con 90 años de antigüedad a la que, encima, se le abre un expediente y se le multará posiblemente por una alineación indebida que se vio obligada a cometer. Ya basta, ya está bien de todo este esperpento. Pasa que tengamos que ver el fútbol con el arroz porque el primo de Wu Lei quiera ver el partido. Pasa que los repartos televisivos sean sonrojantes, pasa que los arbitrajes sean claramente favorecedores a los grandes, pero lo de hoy es pasarse.

Y segundo y último, que el Granada CF, haciendo hincapié en los guerreros que hoy honraron el escudo representan la poca dignidad y orgullo que le queda a esta competición adulterada y podrida desde hace tanto tiempo. No hay palabra que describa la emoción que pese a la derrota ha sentido el aficionado rojiblanco en casa. Aún así, lo voy a intentar, y por si acaso le diera a mi gran amiga Rosa por leerme, diré que lo de este equipo es un bastinazo de los gordos.