Yangel golpea ante la oposición de Okazaki. Foto: Pepe Villoslada/GCF.

El Granada empató un partido que mereció perder fácilmente y que pudo ganar en la última jugada. Así fue el partido de los rojiblancos

Siempre es bueno – y, además, correcto – analizar todas las causas que acaban llevando al resultado final de un partido. En GranadaCFWeb intentaremos traer ese análisis después de cada partido dividiéndolo en tres fases: antes, durante y después del choque. Esto es lo que dio de sí el Granada-Huesca del domingo 6.

Comprender la situación y tomar decisiones rápidas y efectivas


El ciclo de partido ante el Huesca empieza el jueves cuando el árbitro pita el final. Ahí Diego empieza a jugar el partido de hoy con la piña de celebración y sus declaraciones. Él sabe que la dinámica y el juego no son buenos y tiene identificado, para empezar, un problema gordo de confianza e intenta hacer que se hable de lo bueno y no de lo malo.

Una alineación con sentido

Hay jugadores que llevan muchos minutos. Los centrales, Neva, Max, Machís… Eso está claro, pero no todos tienen recambio y menos con la idea que tenía Diego. Neva, por ejemplo, no tiene a nadie que lo sustituya. El único es Quini, y si después de lo que hemos visto en el LD los últimos días hoy no ha sido titular en ese flanco, es porque aún no está bien del todo.

Probablemente fuera partido para dar entrada a Nehuén pero es entendible usar a la pareja de centrales que más confianza te transmite. Machís hoy por hoy es insustituible y llegamos a lo interesante: Gonalons y Eteki.

Max podría haber descansado hoy, pero su sustituto hubiera sido Eteki. Por rol y porque Yangel está fundido. El problema es que Diego, que tonto no es, quería y necesitaba subir la línea de presión, y Eteki cuando juega en el interior y está bien, lo hace de maravilla. El año pasado, por ejemplo el partido del Betis, el del liderato, se gana con ese movimiento.

Con las fichas en el tablero, lo único que queda es que empiecen a moverse. ¿Cómo se mueven las fichas rojiblancas? Pues mal, esencialmente la ficha clave de Diego (Eteki), que debía ganar balones en la presión y ni siquiera se atrevió a ir a buscar arriba a su marca.

La explicación de todo esto, que se me olvidaba, es que la salida del Huesca bajo presión es mucho más que deficiente. Para muestra, los cinco robos de Suárez entre tres cuartos de cancha y el borde del área. Eso empieza a desestabilizar al equipo, y si en la primera medio seria que tienen te marcan (con una pasividad de Eteki tremenda), pues peor todavía.

Durante la primera parte nadie se entendió con nadie, sólo Suárez con el gol, los balances defensivos han sido horribles. Más de dos y más de tres veces se vio una línea de 4 atrás en la que todos estaban a la misma altura, independientemente de la posición del balón. Recuerdo especialmente una en la que Foulquier y Duarte marcaban los dos a Sandro y Ferreiro estaba completamente solo a veinte metros de ambos.

Las presiones eran descompensadas, algunos jugadores de la zona activa se quedaban y otros de la inactiva (especialmente el extremo) saltaban y los centrocampistas llegaban tarde. A todo eso súmale fallos de marca individuales, como el del gol de Mikel Rico y dos ocasiones peligrosas de Sandro.

En ataque se nota de manera clamorosa la falta de confianza. Pases de seguridad con el pie tembloroso, pocas intentonas de romper líneas con el pase en corto contra un equipo que recordemos estaba en inferioridad numérica en esa zona, bien por dentro con el dibujo de base que había sacado Michel, o bien en un costado cuando a Borja le pillaba la jugada metido en la zona interior. Todo esto, ocurriendo además en tu costado fuerte (Neva-Machís). Acongojados, con miedo a fallar y poca efectividad en la circulación. Se encuentra el Granada con un gol de fe de Suárez, con la colaboración de Puertas, que nos podría dar alas para la reanudación. Y se llega a la segunda mitad.

Sale Yangel, para dar presencia arriba y permitir a Milla incrustarse en el inicio del juego, algo lógico y que nos hacía mucha falta. Lo de Soldado, para dar presencia en los centros y darle recorrido a Luis; permitirle así entrar más en juego y con mejor perspectiva. Sale todo bastante rana porque Yangel obvia a Borja en la marca y llega el segundo, por lo que toca remar otra vez contra la corriente. Poco a poco el partido se rompe y se convierte en un ida y vuelta, y aquí es donde muchos podrían pensar «Diego está loco por buscar esto» (estaba el equipo en 4-2-4 aquí).

¿Por qué lo hizo Diego? Pues porque en fútbol rara vez dos más dos son cuatro. Hace los cambios pero nada cambia porque el equipo sigue sin confianza para buscar el pase vertical, así que hay dos opciones:

  • La primera es mantener el equilibrio del partido y esperar que se encienda la bombilla. Al 65% no te van a marcar, pero tu opción de gol cae al 10-20%.
  • La segunda, jugártela al ida y vuelta con una defensa endeble que te sube el riesgo de encajar mucho, pero también el de anotar. Sus delanteros no estaban finos ( Sandro x2, Doumbia, Ontiveros…). Tú al menos tienes a Machís y Luis enchufados y un veterano del gol como Soldado más la llegada de Herrera.
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A estas alturas merece la pena jugársela. Y Diego hizo un ejercicio de confianza en su defensa. No se equivocó en las decisiones. Entiendo equivocación como elegir una opción que acaba peor de lo que, en condiciones normales, hubiera acabado cualquier otra. Y no creo que hubiera acabado mejor si elige otra cosa, la verdad.

Lo que pasa es que esto no es la Play, no puedes controlar a tu gusto a los jugadores, y algunos no responden como tú esperabas. Con el Huesca consiguiendo circular la pelota en nuestro campo, se complica todo un poco, y cuando conseguimos embotellar, un despeje de ellos se convierte en un regalo de Kenedy y el 1-3. Pues nada, a intentar acabar lo más dignamente posible.

Había entrado Jorge, que estaba claro que iba a destacar en un partido como el de hoy, que pedía gente de área y mucho balón a la olla. Así llega el 2-3. El Huesca por arriba ni la estaba oliendo. Finalmente la pizarra, esa que iguala a mortales y semidioses normalmente, igualó a un mal Granada con un buen Huesca y Germán consiguió empatar. A la contra nos quedamos a punto del 4-3 en la última jugada.

¿A que no estaba tan zumbado Diego? Imaginad lo que habría sido esto si salimos enchufados aunque sea la segunda parte. Pero la imaginación y el «creí que» y «pensé que» no tienen cabida en el fútbol. Así que se acabó, sacamos un empate y ya.

Hay millones de factores que intervienen en esto, y como he dicho, esto no es el FIFA. Aquí tú pones unas piezas en el tablero y confías en que actúen como tú quieres. Tanto las que pones tú como las que pone el otro que tienes en el otro banquillo.

De nuevo, el partido no es bueno por causas totalmente ajenas al cansancio. Lo único que hubiera cambiado estar frescos es que hubiéramos tenido un mejor tramo final. Yo creo que lo que ha pasado es todo esto que he contado y que todo ha influido para el resultado. Resultado que es negativo por sensaciones y por el partido que era y positivo por cómo se ha puesto el encuentro (y porque sumar siempre es mejor que quedarte a cero).

¿Qué hay que arreglar y qué espero que pase después de hoy?

Es obvio que revisar un dato preocupante: los tres últimos colistas han conseguido perforar la meta nazarí en nueve ocasiones; y que el Granada es el segundo más goleado de LaLiga. Dato llamativo en un equipo que fue el menos goleado en Segunda y que casi consiguió un 50% de porterías a cero el año pasado como recién ascendido.

Habrá que trabajar CON la defensa (importante la preposición, pues no es lo mismo que trabajar la defensa a secas). Esto quiere decir trabajar el plano colectivo y táctico e incidir ello, pero también recuperar la mejor versión de Foulquier, Duarte, Germán…, y que vuelvan pronto Vallejo y Víctor y arreglar algo que no está ni mucho menos en ruinas.

Aunque el partido y el empate no son motivo para el jolgorio, por una parte es tranquilizador porque por primera vez en un mes, el Granada se ha visto capaz de remontar un partido. Esto va a restaurar la confianza del equipo con total seguridad, que si consigue hacer un buen partido con los menos habituales a priori (aunque pierda) en Grecia, volverá el domingo con ganas de pedir la pelota, de jugársela de nuevo y de comerse al que se ponga por delante.