Germán remata la pelota en el gol que supondría el empate en el 90'. Foto: Pepe Villoslada/GCF

Los rojiblancos anotaron dos goles en apenas dos minutos para salvar un empate ante el Huesca a pesar de los errores

Dice el poeta granadino Luis García Montero, en el prólogo del libro escrito por Fernando Valverde «No vuelvas a decir que es imposible», que el fútbol «es un deporte que depende del último minuto, de los resultados, de la clasificación actual. […] Que está compuesto además por una materia flexible de miedos, esperanzas, indignaciones, alegría y recuerdos; lo que lo convierte en una pasión privada de instinto callejero».

Este Granada se puede identificar perfectamente con este extracto del libro. A pesar de los desaciertos, y en algunos momentos falta de concentración por el cansancio físico y mental de los jugadores, todo cambió al final en esos últimos minutos de casta y orgullo que aprovecharon Jorge Molina y Germán para firmar el empate en dos jugadas a balón parado; pudiendo incluso remontar apelando la épica si el disparo de Molina en el contraataque final no se hubiera estrellado contra la madera.

El punto cosechado ayer es bueno por cómo se dio el partido. Los rojiblancos entraron al cuadrilátero del Bº del Zaidín con algunas imprecisiones atrás e incertidumbre arriba a la hora de generar jugadas de ataque. No es ningún secreto que la escuadra dirigida por Diego Martínez está en una mala dinámica de resultados, ni que el nivel mostrado por la zaga está cerca de ser igual de sólido que hace un mes. Lo demostraron ayer Duarte y Germán con Sandro, quien provocaba continuos dolores agudos de cabeza a los centrales, con movimientos que recuerdan a su época como malaguista. Un agotado Neva y un impreciso Foulquier tampoco tuvieron su día. Pero el problema no solo reside en la defensa. A Yangel se le ve agotado también. Salió al descanso en sustitución de Eteki, y en el 49′, perdía la marca de Borja García, que entró al área para rematar con todo el tiempo del mundo.

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Sin embargo, si hay algo que ha demostrado este equipo, y es que como dice la frase: «Hasta el rabo, todo es toro»; y una vez más el club de la ‘Eterna Lucha’ sacó a pasear su orgullo, y lo hizo de cabeza. El club de la Ciudad de la Alhambra detectó carencias en la escuadra altoaragonesa a la hora de defender las jugadas a balón parado. Un plan maquiavélico que surtió efecto para cortar de raíz la mala racha de tres partidos consecutivos en Liga perdiendo.

Que la reacción final no nuble lo que está a plena vista del espectador. Pero tampoco olviden lo que ha hecho este equipo en apenas tres temporadas: subir a Primera división, ser líderes hasta la jornada 10 la pasada campaña, quedarse a nueve minutos de una final copera, y actualmente clasificados para dieciseisavos de final de la UEFA Europa League por primera vez en 90 años; porque este es el club de la ‘Eterna Lucha’, y eso no se negocia.