El once presentado ayer por Diego Martínez ante el Nápoles. Foto: Pepe Villoslada/GCF
El Granada vuelve a hacer historia una vez más para encarrilar el pase a los octavos de final de la UEFA Europa League tras vencer al Nápoles por 2-0

No se engañen. Esto de los títulares en italiano es por puro postureo, aunque mola bastante intentarlo como lo hizo el bueno de Joaquín Sánchez en su etapa en la Fiorentina. Pero lo que no es broma es que el Granada ha vuelto a hacer historia. Sí, una vez más, y ya van… Hemos perdido la cuenta. Incluso creo que hay gente de mi entorno que me toma por loco porque en apenas tres años he dicho infinidad de veces que el equipo de nuestra ciudad iba a jugar el partido más importante de su historia.

El caso es que en el día de hoy rezumaba bajo el sol de Granada un olor diferente. Ese que se deja notar cuando algo importante está a punto de pasar. Visitaba el Nuevo Los Cármenes el Nápoles de un campeón del mundo, Gennaro Gattuso, aunque no le corre la misma suerte como jugador que como entrenador, y eso que Di Laurentiis, presidente de la entidad napolitana- fulminó a Carlo Ancelotti después de caer eliminados en octavos de final de la UEFA Champions League la pasada campaña frente al FC Barcelona. Cuestionado su puesto, Gattuso ya avisó en la previa que los de Diego Martínez «practican una mezcla entre fútbol español, inglés e italiano, siendo extremadamente verticales».

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Y fue pisar el verde y dar sensación de peligro cada vez que los nazaríes se acercaban a la meta de Meret, hasta que Yangel y el hombre de moda Kenedy sentenciaron el partido en apenas dos minutos. El transcurso del duelo ofreció un claro ejemplo de resistencia por parte del cuadro granadinista, que se encomendó al Bella Ciao para arañar un gran resultado que hace que la vuelta sea aún más difícil para los Gli Azzurri.

Lo de anoche fue un rugido de aviso a toda Europa lanzado desde el tapete del Nuevo Los Cármenes. Pase lo que pase en una semana en el Diego Armando Maradona, el Granada ya ha inoculado al Nápoles con la primera dosis de l’Eterna Lotta.